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El VIRACOCHA de SARMIENTO DE GAMBOA: una IMAGEN llena de CONTRADICCIONES

El VIRACOCHA de SARMIENTO DE GAMBOA: una IMAGEN llena de CONTRADICCIONES

Pedro Sarmiento de Gamboa fue uno de los cronistas que dejó una descripción de Viracocha en el contexto de la gran reorganización virreinal impulsada por el virrey Toledo. Fue soldado, navegante y hombre vinculado al proyecto político de la Corona española, escribió su Historia Índica desde una perspectiva muy distinta a la de otros cronistas.
En su obra, los incas aparecen como tiranos, sus creencias religiosas como idolatrías y sus dioses bajo una interpretación cristiana vinculada al demonio. Esta mirada no es un detalle secundario: condiciona necesariamente la forma en que Sarmiento presenta las antiguas creencias del Tawantinsuyo.
Y aquí surge la pregunta que interesa a esta investigación:
¿Cómo describió Sarmiento de Gamboa a Viracocha?
¿Presentó al dios que los incas recordaban o construyó una imagen de Viracocha desde la perspectiva religiosa y política de su tiempo?
La respuesta se encuentra en su propia Historia Índica.

Índice

1. Viracocha descrito por Pedro Sarmiento de Gamboa en 1572

Pedro Sarmiento de Gamboa describe a Viracocha de una manera distinta a los cronistas que lo precedieron. En su Historia Índica, escrita en 1572, la imagen de esta antigua deidad aparece atravesada por una mirada religiosa profundamente cristiana.
Sarmiento no ofrece una única descripción de Viracocha. A lo largo de su relato presenta distintas imágenes del dios: primero lo identifica con el demonio; después conserva la memoria de Viracocha como Hacedor del universo; más adelante describe su aspecto físico con rasgos claramente occidentalizados; y finalmente narra episodios de su vida en los que aparecen elementos reconocibles dentro del imaginario cristiano.
Estas descripciones resultan especialmente reveladoras porque permiten observar cómo una misma deidad puede ser transformada por quien la interpreta.
¿Quién fue el Viracocha que Sarmiento de Gamboa dejó escrito en 1572?
Para responder a esta pregunta, conviene examinar por separado cada una de las imágenes que el cronista construyó sobre el antiguo Hacedor de los incas.

1.1.Viracocha: de Hacedor a demonio

Desde las primeras páginas de su crónica, Sarmiento coloca a Viracocha en el banquillo de los acusados. No lo vistió de apóstol, como Cieza. No lo transformó en sacerdote, como Betanzos. Fue más lejos: lo condenó.
Para Sarmiento, Viracocha no era una deidad incaica. Era el propio demonio:

“Y como el demonio [Viracocha], que siempre procura el daño del linaje humano […] les introdujo muchas ilusiones, mentiras y fraudes, haciéndoles entender que él los había criado al principio […]”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 206073).

El dios Hacedor y su creación, que los incas consideran sagrado, queda así reducido a una entidad demoníaca.

El dios Viracocha deja de ser, para Sarmiento, una forma legítima de comprender el universo incaico. Ahora es pecado. Ahora es error. Ahora es obra del enemigo de Dios. Viracocha queda sometido al tribunal de la fe cristiana.
Según Sarmiento, los incas conservaban de sus antepasados la tradición lejana de una antigua verdad. Sin embargo, aquella memoria habría llegado hasta ellos deformada y mezclada con invenciones indígenas y relatos demoníacos. Por ello afirma:

“Y como por ventura antes tenían alguna noticia… de la verdad de lo pasado […] y con otras cosas que ellos mudarían, compondrían y añadirían […]”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 206073).

Así, la religión incaica aparece como el vestigio distorsionado de una verdad primigenia, adulterada por el demonio —identificado por Sarmiento con Viracocha— y enriquecida con relatos añadidos con el transcurso del tiempo.
Por eso concluye que los incas elaboraron una “ensalada graciosa”: una mezcla de recuerdos, errores y fábulas, curiosa para el estudioso, pero incapaz de contener la verdad.

Viracocha ya no es presentado como un dios incaico. Es el demonio creador de una tradición mezclada. La religión de los incas queda subordinada así a una lectura providencial cristiana.

1.2. Viracocha: el Hacedor antes del Sol, la Luna y las estrellas

Sin embargo, la pluma que momentos antes condenaba al demonio Viracocha termina preservando parte de su grandeza.
Sarmiento introduce un giro inesperado. Por un instante, aflora en su relato una tradición mucho más cercana a la antigua memoria indígena:

“Dicen los naturales de esta tierra, que en el principio, o antes que el mundo fuese criado, hubo uno que llamaban Viracocha…”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 207017).

Aquí Viracocha ya no aparece como una ilusión demoníaca. Se presenta como el Hacedor del universo, una deidad primordial que existía antes del Sol, la Luna y las estrellas.
Y Sarmiento continúa:

“…el cual crió el mundo oscuro y sin sol ni luna ni estrellas; y por esta creación le llamaron Viracocha Pachayachachi, que quiere decir Criador de todas las cosas”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 207017).

El cambio de tono es notable. El cronista conserva la antigua memoria de un dios creador que emerge en el tiempo primordial, cuando el mundo todavía permanecía sumido en la oscuridad.
Este pasaje deja entrever algo fundamental: en la tradición que Sarmiento recoge, Viracocha precede al orden cósmico actual. Su existencia es anterior al nacimiento de los astros y su primera acción es la creación del mundo andino.
Por ello surge una reflexión inevitable: en su afán por desacreditar el mito de Viracocha, Sarmiento terminó conservando algunos de sus fragmentos más antiguos.
La memoria indígena, aun filtrada por la tinta virreinal, continúa hablando entre líneas.

1.3. Viracocha: blanco, vestido de blanco, con báculo y libro

Repentinamente, Sarmiento vuelve a describir a Viracocha. Pero ahora la imagen del Hacedor adquiere rasgos completamente distintos:

“Sea de una manera o de otra, que en fin todos concuerdan en que la creación de estas gentes la hizo el dicho Viracocha, el cual tienen noticia que fue un hombre de mediana estatura, blanco y vestido de una ropa blanca a manera de alba ceñida por el cuerpo y traía un báculo y un libro en las manos”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 209072).

La descripción resulta reveladora. Viracocha aparece como un hombre blanco, vestido con “una prenda blanca a manera de alba”, llevando un báculo y un libro en las manos.
La imagen del antiguo Hacedor ha adquirido así una apariencia claramente occidentalizada.

No estamos ante la misma figura primordial que Sarmiento acaba de presentar como creador del mundo oscuro, anterior al Sol, la Luna y las estrellas. Ahora Viracocha aparece revestido de elementos reconocibles dentro del universo religioso europeo.
La descripción occidentalizada de Viracocha parece convertirse así en un espejismo: una antigua deidad reinterpretada bajo categorías cristianas.
Pero Sarmiento todavía va más lejos. No solo transforma el aspecto de Viracocha. También transforma sus acciones.

1.4. Viracocha en Cacha: una escena cristianizada

Tras la creación del mundo, Viracocha abandona el lago Titicaca y se dirige hacia Cacha. Allí, los indígenas, extrañados por su aspecto y su manera de proceder, deciden darle muerte.
Sarmiento escribe:

“…murmuraron de él y propusieron de lo matar…”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 209080).

Entonces ocurre el prodigio. Viracocha se arrodilla, levanta las manos y el rostro hacia el cielo, e inmediatamente desciende fuego de lo alto, consumiendo el cerro, la tierra y las piedras.

La escena resulta sorprendente. El antiguo Hacedor aparece en una actitud profundamente familiar al imaginario cristiano: de rodillas, con las manos elevadas al cielo e invocando un poder superior.
El relato vuelve a adquirir así una fisonomía religiosa europea. Viracocha, creador del universo y figura primordial de la tradición incaica, aparece ahora como un personaje que recuerda al profeta bíblico o al santo perseguido.
Una vez más, el relato indígena es reinterpretado mediante nociones religiosas europeas. Sobre la imagen de Viracocha se superpone una escenografía espiritual que difícilmente puede separarse de la mirada cristiana del cronista.
Los matices se acumulan.
¿Es Viracocha un demonio? ¿Es el Hacedor? ¿Es un creador incaico? ¿O es un personaje cristianizado por la mirada de Sarmiento?
La respuesta parece encontrarse precisamente en la contradicción de sus propias descripciones.

1.5. Viracocha abandona el mundo caminando sobre el mar

Y llega el gran final del relato de Sarmiento.
Viracocha abandona el mundo caminando sobre el mar, acompañado de sus criados, sin hundirse, flotando sobre las aguas como “espuma” o como “grasa” sobre las aguas.

¡Qué extraordinaria transformación!
El Hacedor de los incas termina convertido en una figura que recuerda más a un personaje bíblico que a una antigua deidad incaica.
Sarmiento no se limita a transmitir una tradición. La interpreta desde las categorías religiosas de su propio tiempo. El Viracocha creador, el Hacedor primordial, queda envuelto en imágenes que para un lector cristiano resultan familiares.
Y así, la figura de Viracocha vuelve a cambiar ante nuestros ojos:
Primero fue demonio. Después, Hacedor del universo. Luego, un hombre blanco vestido de blanco, con báculo y libro. Más tarde, un personaje arrodillado que invoca el fuego mirando al cielo. Finalmente, abandona el mundo caminando sobre las aguas.
Son demasiadas imágenes para un solo dios.
Pero precisamente esa diversidad es la que hace excepcional el testimonio de Sarmiento.

2. Reflexiones finales

Sarmiento termina su relato con una frase que resume perfectamente la distancia entre sus creencias y la descripción de Viracocha que está narrando:

“Esta fábula ridícula tienen estos barbaros de su creación y afírmanla y créenla, como si realmente así la vieran ser y pasar”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 210050).

Para Sarmiento, aquella tradición era una fábula ridícula. Sin embargo, su intento de desacreditar a Viracocha produjo un resultado inesperado: lo hizo sobrevivir en sus propias páginas.
Al relatar sus atributos, sus acciones y sus hazañas, Sarmiento conservó fragmentos de una tradición que pretendía someter a la condena de su propia fe. Su censura terminó convirtiéndose, sin proponérselo, en archivo.
La imagen es perfectamente compatible con la representación de un predicador cristiano, apóstol o personaje sagrado para un lector del siglo XVI. Sarmiento cristianizó la imagen de Viracocha, pero al hacerlo también preservó parte de ella. Su pluma lo traicionó: escribió demasiado.
Llamó al dios incaico demonio, fábula y superstición; sin embargo, en cada intento por desacreditarlo dejó nuevas huellas de su memoria.
Porque un dios no desaparece por decreto ni por la voluntad de un cronista.
Viracocha sobrevivió a la condena cristiana y a la tinta virreinal. Permanece oculto entre las líneas de aquellas mismas páginas que intentaron desfigurarlo.
Y así, el antiguo Hacedor continúa caminando: sobre el mar de la tradición y sobre las páginas de la historia.
Nos vemos en el post de Cristóbal de Molina el Cuzqueño.

3. Referencias

De Sarmiento, P. de. (1572/1965). Historia de los incas. (Segunda parte de la Historia general llamada Indica). Obtenido de: https://es. Scribd. com/document/50568767/SARMIENTO-DE-GAMBOA-Pedro-1572-1965-Historia-de-los-incas-Segunda-parte-de-la-Historia-Ge neral-Llamada-Indica

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

El VIRACOCHA de CIEZA DE LEÓN: Una DESCRIPCIÓN que DESCONCIERTA

El VIRACOCHA de CIEZA DE LEÓN: Una DESCRIPCIÓN que DESCONCIERTA

Entre los cronistas que recogieron las antiguas tradiciones sobre esta enigmática deidad, el dios Viracocha de Cieza de León resulta particularmente desconcertante y fascinante a la vez.
La descripción de Viracocha que ofrece aparece como un personaje de extraordinarios poderes, capaz de transformar el paisaje, crear hombres y animales, sanar enfermos y devolver la vista a los ciegos. Pero también. es una deidad que habla de amor, mansedumbre, bondad y caridad.
¿Será el antiguo dios incaico? o ¿Será una imagen transformada por la creencia religiosa del cronista?
Para comprenderlo, ingresemos al relato de Cieza y observemos qué dijo, qué describió y, sobre todo, qué pudo haber visto cuando se encontró con la tradición del dios.

Índice

1. El Viracocha de Cieza de León: su descripción en 1553

1.1. ¿Qué describió Cieza cuando habló de Viracocha?

Cieza de León, P. (2005: Parte II, cap. V, p. 305), presenta a un personaje que aparece después de la salida del Sol y que viene desde el sur.
Según el relato, apareció un hombre blanco y de gran estatura, cuya presencia irradiaba autoridad y profunda veneración. Además, se le atribuía un poder extraordinario: podía transformar los cerros en llanuras, levantar montañas donde antes había planicies y hacer brotar manantiales de las rocas vivas.
Debido a tales prodigios, los indígenas lo llamaban el Hacedor de todas las cosas creadas, el Principio de todo cuanto existe y el Padre del Sol. Pero su grandeza no terminaba allí, además, le atribuían la creación de los hombres y de los animales, considerando que por su mano había llegado a la humanidad un inmenso beneficio.
Lo describe como un «hombre blanco y de gran estatura», expresión contraria a la tradición indígena, aun así, pensamos que es un comentario personal de Cieza.
Pero el relato continúa y es entonces cuando los detalles del dios comienzan a adquirir características más sorprendentes.
El cronista afirma:

«[…] volvió otro hombre semejante al que está dicho […] por dondequiera que llegaba y hubiese enfermos los sanaba y a los ciegos con solamente palabra les daba vista […] era de todos muy amado…» (Cieza de León, 2005: Parte II, cap. V, p. 306).

¿No resulta familiar esta descripción?
Sanar enfermos.
Devolver la vista a los ciegos mediante la sola palabra.
Ser amado por todos.
La narración evoca más a Cristo recorriendo Palestina que una deidad propia de la religión incaica, por esta razón, el relato adquiere un lenguaje cristianizado. Viracocha es reinterpretado a través de la religión católica, comprensible para la mentalidad europea del siglo XVI.

1.2. ¿Un Viracocha cristianizado?

Pero la homilía cristiana parece continuar cuando añade:

«[…] dio orden a los hombres cómo viviesen y que les hablaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y los unos a los otros no se hiciesen daño ni injuria; antes, amándose, en todos hubiese caridad.» (Cieza de León, 2005: Parte II, cap. V, p. 305).

La descripción resulta sorprendente.
El Viracocha de Cieza de León aparece como un personaje blanco, amoroso, manso, sanador y predicador de la caridad.
¿No recuerda más a Cristo o a un apóstol cristiano que a un relato mítico incaico?

La deidad enseña el amor, la bondad, la mansedumbre y la caridad; valores expresados mediante un lenguaje extraordinariamente cercano al discurso evangélico del siglo XVI.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿A quién describe el cronista?
¿Al dios creador de los Incas?
¿O a una imagen reinterpretada a través de valores cristianos?
No estamos ante una descripción indígena directa. Estamos ante una narración intensamente filtrada por el lenguaje religioso del cronista.
No es la deidad auténtica que pudo haber existido en la tradición indígena, sino un Viracocha traducido, reinterpretado y revestido con atributos propios del cristianismo.
Así opera la transformación de lo sagrado incaico: el dios perdura, pero comienza a hablar con palabras ajenas.

1.3. ¿Un Viracocha arrodillado?

Pero la descripción de Viracocha continúa adquiriendo un marcado tono cristiano, mientras los rasgos incaicos se desvanecen.
Cuando llega a la provincia de Cacha y recoge la tradición sobre la llegada de la deidad, narra que los indígenas intentaron apedrearlo y que, de improviso:
«[…] le vieron hincado de rodillas, alzadas las manos al cielo, como que invocaba el favor divino para librarse del aprieto en que se veía.» (Cieza de León, 2005: Parte II, cap. V, p. 306).
La escena resulta sorprendente.
Una deidad andina arrodillada, con las manos elevadas al cielo, implorando auxilio divino.

¿Estamos ante una antigua tradición religiosa incaica?
¿O ante una imagen moldeada por la sensibilidad cristiana del cronista?
La escena recuerda más a un santo, a un profeta o a un apóstol en oración que a la representación habitual de una poderosa deidad creadora.
Y la pregunta vuelve a surgir:
¿A quién contemplamos realmente?
¿Al Viracocha incaico?
¿O al dios reinterpretado por la mirada virreinal?
Porque la deidad incaica descrita por Cieza habla, actúa y se comporta como una figura del universo cristiano.

1.4. Viracocha: ¿Un apóstol en Cacha?

Pero el pasaje más revelador aparece cuando describe la célebre estatua de Viracocha erigida en Cacha.
El cronista afirma:

«Algunos dijeron que podía ser esta hechura a figura de algún apóstol que llegó a esta tierra.» (Cieza de León, 2005: Parte I, cap. XCVIII, p. 251).

¡Un apóstol!
¿En Cacha?
¿En el principal templo del dios Viracocha?
¿En el lugar donde, según la tradición, descendió el fuego del cielo y todo quedó reducido a cenizas?
¿En el templo del Hacedor del Mundo Alto y del Mundo Bajo?
La afirmación resulta sorprendente, a pesar de lo detallado Cieza responde que eso es una burla: él mismo examinó la escultura y no encontró aquello que Juan de Betanzos y Sarmiento de Gamboa decían ver.

Porque ya no estamos únicamente ante una descripción con matices cristianos. Ahora la propia imagen de Viracocha es interpretada por otros cronistas con expresiones del universo religioso europeo.
La estatua deja de ser comprendida desde la tradición incaica y se interpretada a través de la figura de un apóstol cristiano.
Y aquí surge una pregunta inevitable:
¿Estamos ante una simple comparación o frente a un proceso de reinterpretación religiosa?
Describir a Viracocha como un apóstol implica introducir la historia cristiana en el corazón del mito incaico, por esta causa, el antiguo dios Hacedor es narrado con un lenguaje ajeno:
El nombre permanece.
Pero su imagen se transforma.
La memoria religiosa incaica es traducida y reinterpretada desde la perspectiva de la fe cristiana durante el periodo virreinal.
El dios que apareció en el lago Titicaca y desapareció en las aguas del Pacífico, no fue un apóstol ni un misionero de los Andes.
Cieza lo observó, lo describió, pero lo expresó mediante valores que le eran ajenos, así parte de la antigua descripción del dios quedó en silencio.

2. Reflexiones finales

Cieza construye una deidad de apariencia apostólica o evangélica.
No dice literalmente que sea Jesucristo, pero su escritura lo sugiere. Lo presenta mediante rasgos que lo aproximan al modelo cristiano de Cristo, del apóstol o del misionero.
En Cacha presenta a un hombre santo, perseguido injustamente, que implora ayuda divina y recibe una manifestación sobrenatural.
De esta manera, nos entrega probablemente uno de los casos más claros de transformación de Viracocha al pasar por la mirada de un cronista cristiano.
El resultado es un personaje híbrido: es un dios indígena en su origen narrativo, pero cristiano en buena parte del lenguaje con que lo presenta.
En él encontramos algo distinto: una entidad que habla de amor, mansedumbre y caridad; que sana enfermos y ciegos; que se arrodilla con las manos elevadas al cielo; que obra milagros y finalmente desaparece por el mar.
Todo ello hace que Cieza sea uno de los candidatos más evidentes para representar al «Viracocha apóstol».
En este caso quizá, la pregunta más interesante no sea quién fue realmente Viracocha, sino:
¿Qué vio el cronista cuando lo miró?
Tal vez allí se encuentre una de las claves para comprender cómo la espiritualidad incaica fue interpretada, transformada y, con el paso del tiempo, parcialmente silenciada.
La respuesta no está solamente en lo que Cieza escribió, sino también en aquello que su relato dejó entrever y en aquello que pudo quedar oculto detrás de sus palabras.
Nos vemos en el post de Titu Cusi Yupanqui.

2. Referencias

Cieza de León, P. (1985). El señorío de los Incas. España: Manuel Ballesteros Gaibrois.

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú: el señorío de los Incas. Caracas, Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho. Obtenido de: http://www.biblioteca.org.ar/libros/211665.pdf.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

Sánchez, L. A. (1973). La Literatura Peruana – Derrotero para una Historia Cultural (4ta. ed., Vol. 1). Lima, Perú: P. L. Villanueva.

¿QUIÉN era el VIRACOCHA de BETANZOS? Su DESCRIPCIÓN INTRIGA

¿QUIÉN era el VIRACOCHA de BETANZOS? Su DESCRIPCIÓN INTRIGA

Los relatos de Juan de Betanzos sobre el dios Viracocha son tempranos. Es uno de los primeros cronistas que escribió sobre el dios Hacedor incaico. El Viracocha de Betanzos aparece ante nosotros como una figura enigmática, cuya descripción combina elementos de la tradición indígena con conceptos propios de la mentalidad cristiana del siglo XVI. Su crónica, concluida en 1551 y titulada Suma y narración de los Incas, fue solicitada por el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco.
Después de la conquista y tras la muerte de Francisco Pizarro, se casó con Cuxirimay Ocllo, nieta de Pachacútec y pariente de Atahuallpa. Su condición era la de una ñusta incaica o princesa real. Ya bautizada con el nombre de Angelina Yupanqui, decidió residir en el Cuzco junto a Betanzos.

El matrimonio le permitió perfeccionarse en el idioma quechua y gracias a ella pudo recoger mitos y leyendas incaicos y acercarse a la memoria de la nobleza incaica todavía cercana del mundo incaico y acceder a la voz de las panacas o dinastías reales.
Según Sánchez, L. A. (1973: T. 1, 258-261), quizá fue natural de Galicia, España, y llegó al Perú en compañía de Hernando Pizarro. Sus antecedentes indican que fue soldado.

Índice

1. Descripción del Viracocha de Betanzos en 1551

1.1. El nombre de Viracocha

Narra Betanzos que, en tiempos remotos, el territorio donde más tarde surgiría la cultura de Tiahuanaco permanecía sumido en la noche.
De pronto, desde una laguna situada en la provincia del Collasuyo, surgió un Señor. Y no apareció solo: salió acompañado de un número de gentes cuyo número, con el paso del tiempo, ya nadie recordaba.
Cuenta Betanzos que a aquel Señor lo conocían con el nombre de Con Tici Viracocha Pachayachachic, expresión que él traduce como «Dios Hacedor del Mundo».
Aquí aparece un primer problema.
El cronista introduce en su relato la palabra dios, un término perteneciente al lenguaje religioso cristiano y ajeno al vocabulario original quechua. Es posible que esta traducción respondiera a la necesidad de explicar una divinidad incaica mediante conceptos comprensibles para un lector europeo del siglo XVI.
Pero la cuestión se vuelve todavía más interesante cuando Betanzos pregunta por la apariencia de aquel personaje.

1.2. ¿Cómo era el Viracocha de Betanzos?

Con toda solemnidad, el cronista (1999: cap. 2) pregunta a los indígenas qué imagen tenía aquel Con Tici Viracocha. La respuesta nos deja una imagen sorprendente de la deidad:
Era un hombre alto de cuerpo.
Tenía una vestidura blanca que le llegaba hasta los pies y ceñida al cuerpo.
Tenía el cabello corto y una corona en la cabeza como de sacerdote.
Andaba con la cabeza descubierta.
En las manos cargaba un breviario que los sacerdotes llevan en las manos.
¿Un breviario?
¿Un dios incaico… con un libro litúrgico europeo?
¡Absurdo! ¡Absurdo sagrado!

¿Describe Betanzos a un dios incaico o a un sacerdote, o a un apóstol o a alguna figura familiar para la mentalidad cristiana de su tiempo?
La pregunta resulta inevitable:
¿Viracocha, creador del mundo, porta un libro que no existía en su tiempo, ni en su cosmos ni en el pensamiento incaico?
Aquí es donde la imagen del Viracocha de Betanzos adquiere especial interés.
Más que ofrecernos una descripción directa del dios incaico, el cronista parece reinterpretarlo desde la perspectiva religiosa e intelectual de su época. La figura de Viracocha aparece revestida de elementos familiares para un europeo del siglo XVI.
El Viracocha que emerge de su relato se aleja de aquella imagen del dios que, según otras tradiciones, había realizado su creación en las orillas del lago Titicaca: allí creó el Sol, la Luna y las estrellas y también las etnias andinas.

1.3. La escultura de Viracocha en Cacha

Pero, en otro pasaje, Betanzos añade un dato revelador:

«Y preguntéles cómo se llamaba aquella persona en cuyo lugar aquella piedra era puesta, y dijéronme que se llama Con Tici Viracocha Pachayachachic, que quiere decir en su lengua: Dios Hacedor del Mundo». (Betanzos, 1999, cap. 2).

Sin embargo, Betanzos no explica qué representa exactamente «aquella piedra». Tampoco señala que se trataba de la estatua de Viracocha erigida en Cacha, uno de los principales lugares rituales asociados a la tradición sobre la caminata del dios Hacedor después de abandonar el lago Titicaca.

El cronista tampoco profundiza en el sentido religioso de la imagen dentro de la espiritualidad incaica. Su interés parece concentrarse en consignar el nombre de la deidad y traducirlo como «Dios Hacedor del Mundo».
El contexto religioso y ceremonial del templo y de la estatua queda, en cambio, relegado a un segundo plano.
Como ocurre en otros pasajes de las crónicas virreinales, el testimonio de Betanzos se expresa mediante referencias y conceptos cristianos, mientras buena parte del significado original queda apenas insinuado o, simplemente, silenciado.

1.4. ¿Qué ocurrió con el relato de Betanzos?

Betanzos no parece limitarse a describir al dios incaico. Lo interpreta desde las categorías religiosas e intelectuales de su tiempo.
Al presentar a Viracocha con rasgos familiares para un europeo del siglo XVI, la deidad pierde parte de su identidad original y adquiere otra apariencia, más comprensible dentro del imaginario cristiano.
Más que mostrarnos a la deidad original, el Viracocha de Betanzos nos entrega una imagen filtrada por el pensamiento de su época.
Una imagen que conserva parte del mito, pero que también refleja la visión de la administración virreinal y de la religión católica con las que se intentaba comprender el mundo incaico.
Y, al final, el cronista se distancia de cualquier responsabilidad sobre lo que ha narrado:

«Esta es la razón que yo desto tuve, según que los indios me dijeron».

Es una frase breve, pero significativa. Betanzos nos recuerda que su relato procede de lo que le dijeron sus informantes. Pero también nos obliga a preguntarnos cuánto de aquella antigua tradición consiguió conservarse y cuánto fue transformado al pasar por la mirada del cronista.

2. Reflexiones finales

Betanzos presenta a Viracocha como un ser creador y ordenador que se manifiesta bajo una forma humana.
Su descripción física —un hombre alto, vestido de blanco, con el cabello corto, coronado y con un libro en las manos— procede de la tradición indígena que el cronista recoge, especialmente en el poblado de Cacha. Sin embargo, aparece matizada por elementos cristianos, como el «breviario», que pertenece al lenguaje interpretativo de la época y plantea serias dudas sobre su correspondencia con el significado original de la figura de Viracocha.
Pero existe una pista todavía más extraordinaria.
El propio Betanzos deja constancia de que sus informantes le habían comunicado «otras muchas cosas» sobre Viracocha. Sin embargo, decidió no escribirlas para evitar la prolijidad y las «idolatrías».
Esto significa que lo que conocemos del Viracocha de Betanzos no representa necesariamente todo lo que sus informantes le contaron.
Hay, por tanto, una pregunta que permanece abierta:
¿Qué parte del Viracocha que conocieron los antiguos incas quedó fuera de la crónica de Betanzos?
Quizá en aquello que decidió callar se encuentre una parte del misterio que todavía rodea a esta antigua divinidad.
Nos vemos en el siguiente post, donde conoceremos la descripción de Viracocha según Pedro Cieza de León.

2. Referencias

Betanzos, J. D. (1880). Suma y narración de los Incas. Madrid, España.

Betanzos, J. D. (1999). Suma y narración de los Incas. Cuzco, Perú: Fondo Editorial de la Universidad San Antonio de Abad.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

Sánchez, L. A. (1973). La Literatura Peruana – Derrotero para una Historia Cultural (4ta. ed., Vol. 1). Lima, Perú: P. L. Villanueva.

¿Cuál es la AUTÉNTICA IDENTIDAD del dios Viracocha?

¿Cuál es la AUTÉNTICA IDENTIDAD del dios Viracocha?

A Viracocha lo nombran en las crónicas como el dios Hacedor del universo incaico, pero lo describen como un hombre blanco y barbudo que anda vestido con una túnica alargada que le llega hasta los pies y porta un báculo.

Otros lo identifican como el dios de los báculos y lo confunden con una figura tallada en la Portada del Sol de Tiahuanaco; también dicen que representa la Estela de Raymondi de la cultura Chavín, incluso señalan un origen en la antigua civilización de Caral, sin embargo, dicha información no permite descubrir quién es y cómo se originó en el pensamiento de los incas la concepción de un dios como Viracocha.

En este post analizamos algunos criterios que tratan de entender el origen de este dios misterioso.

Índice

1. Manipulación del mito de Viracocha

Algunos de sus más conspicuos investigadores dicen que su historia fue manipulada por una conspiración de los cronistas con la intervención de miembros de la feligresía cristiana para sincretizar una cultura sobre otra. El objetivo no era otro que catequizar indígenas usando los dioses, figuras y razones andinas.

¿Será indudable este concierto de voluntades? ¿Podemos creer que se pueda orquestar un plan tan azaroso?

2. ¿Viracocha fue un fantasma?

También aseguran que nunca existió un dios Hacedor incaico, incluso dicen que  fue un fantasma aparecido a un príncipe incaico antes de estallar la guerra contra los chancas, tal como lo admite el Inca Garcilaso de la Vega en los Comentarios Reales de los Incas (ver aquí).

¿Será cierto lo que cuenta el cronista Inca?

3. ¿Viracocha fue el dios principal de los incas?

Por otra parte, están quienes consideran que fue el dios principal del panteón de dioses incaicos, por ser el creador de todas las cosas existentes del mundo andino.

De ser así:

¿Por qué razón no gozó de una fiesta principal como sí la tuvo el Sol o Inti, cuya festividad se denominó el Inti Raymi, es decir, la fiesta del sol?

Es incongruente que, siendo el principal dios de los incas no disponga de una fiesta para venerarlo y rememorarlo.

Es otra gran incógnita en la historia del misterioso dios.

Entonces, si Viracocha es el Hacedor de todo lo creado, según como narran las crónicas, también creó el sol y la luna, por consiguiente, dispone de una jerarquía superior a ambos pues él es su creador. No obstante, las crónicas aseguran que el Inti o Sol fue el principal dios de los incas.

Ante esta dicotomía:

¿Cómo puede la entidad creada superponerse a su creador? ¿Cuál fue el momento histórico en que el dios Viracocha pierde hegemonía ante un sol avasallador?

Al parecer, estamos ante muchas incongruencias que nos hacen dudar del testimonio recogido por los cronistas.

¿Debemos creer en todo lo narrado por los cronistas?

4. ¿Qué significa Viracocha?

Cuando analizamos la voz quechua Viracocha, hallamos en su composición dos voces: una es wira que significa grasa o sebo y la otra es cocha cuyo significado es mar o manantial. Quiere decir “mar o manantial de sebo”, tal como lo describe Garcilaso de la Vega.

Nos preguntamos entonces:

¿Por qué el dios principal de los incas y creador de todo significa mar de sebo? ¿Estamos ante un error de traducción? ¡No! Porque la traducción es correcta.

¿Cómo interpretar el sentir incaico ante tal nombre?

En tanto más escarbamos la narración de los cronistas, menos datos esclarecedores del pasado obtenemos y más dudas admitimos. Posiblemente por esta razón, algunos investigadores modernos han concluido en la posibilidad de estar ante una creación realizada por los cronistas.

5. Cuniraya Viracocha es también el dios incaico?

Para seguir dudando más aún, en la sierra central del Perú, más exactamente en la provincia de Huarochirí, relatan un añejo mito con la intervención de Viracocha. Narra sus aventuras cuando se enamora y embaraza con una fruta a una bella doncella india llamada Cavillaca que asume ser una huaca, sin embargo, el nombre del dios es de Cuniraya Viracocha y se presenta como un mendigo enamoradizo.

Si Viracocha es un dios cusqueño, entonces:

¿Cuál es su relación con las lejanas serranías de Lima? ¿Por qué se llama Cuniraya Viracocha? ¿Cuándo se originó tal mito? ¿Será que existen dos versiones distintas de la tradición?

6. ¿Tuvo culto el dios Viracocha?

Otras versiones dicen que fue un dios muy antiguo que, con el paso del tiempo, fue suplantado por el Inti o Sol quedando su culto y verdadero significado en el olvido. Sin embargo, en tiempos de Viracocha Inca le construyeron un templo en Cacha, muy cerca del Cusco, lo que hoy día es Rakchi (ver aquí). También, en el reinado del inca Pachacútec, ordenó esculpir en piedra una imagen del dios que fue colocada en dicho templo. Templo y escultura son dos pruebas arqueológicas del culto a dicho dios.

Aún más, en el Cusco, Pachacútec Inca ordenó la construcción de un templo en su nombre y según Cristóbal de Molina el Cuzqueño, hubo una imagen de Viracocha en el templo Coricancha.

Escultura, templo e imagen prueban el culto al misterioso dios.

7. Viracocha y Pachacámac ¿Son lo mismo?

Según narra Garcilaso de la Vega, el significado de la palabra dios en quechua no es Viracocha. Para este caso, la dicción dios estaría vinculada a la voz quechua Pachacámac, porque dicho nombre significa el hacedor del mundo. De esta manera, Garcilaso introduce a un dios de origen costeño y le otorga rango de dios hacedor. 

¿Tendrá razón Garcilaso?

Por lo pronto, las crónicas expresan que los incas rendían culto a Pachacámac. Incluso en su templo de Lurín, al sur de Lima, Túpac Inca Yupanqui ordenó la construcción de un santuario al Sol, pero no a Viracocha.

8. ¿Viracocha fue un gran óvalo?

Para seguir intoxicándonos más, Joan de Santacruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua fue un cronista collagua, en cuya crónica incluye un dibujo de Viracocha y lo semeja a un gran óvalo. Es el único cronista que traza la imagen del dios como un diagrama geométrico.

La cuestión es:

¿Por qué no explicó el proceso formativo que derivó en el óvalo?

Pachacuti Yamqui dejó muchas más dudas que sus antecesores, porque ningún cronista describió a Viracocha como una figura oval.

¿Será que los incas adoraban un óvalo?

9. Viracocha y la investigación moderna

Historiadores e investigadores modernos han escrito sobre el dios tratando de descubrir su esencia, sin lograr esclarecerla. La información obtenida en las añejas crónicas coloniales es incierta, tanto como confuso y complejo es el dios.

Nos preguntamos:

¿Son serios los temas allí tratados? ¿Poseen evidencias arqueológicas, míticas, etnológicas para creer en ellas?

A sabiendas de que la esencia del dios sigue siendo un misterio, nos permite inferir que las dudas seguirán.

10. ¿Viracocha en tiempos de Internet

Con la maravilla de Internet, observamos que existe mucha literatura acerca de este tema, incluso se han editado vídeos del origen del dios.

Igual nos preguntamos:

¿Son fidedignos los contenidos insertos en Internet o son simplemente comentarios personalizados de cada uno de los autores?

De ser así, estaríamos aceptando como fuente cierta, temas cuyo contenido fue elaborado sin tomar como fundamento las fuentes andinas, es decir, la narración de los cronistas.

11. Viracocha y la catequización indígena

Investigadores modernos también comentan que, la imagen del dios fue desnaturalizada por obra de los escritos de los cronistas, quienes crearon un dios muy cercano a la imagen del Dios judío cristiano.

¿Será cierto lo revelado en esos escritos? ¿Será cierto que hubo todo un embrollo entre cronistas a fin de catequizar indígenas con la figura de un dios incaico? ¿Se puso de acuerdo la feligresía cristiana con algunos cronistas para alterar el mito del dios?

De ser así, estamos ante la imagen distorsionada del dios de los incas y por esa razón, la dificultad de entenderlo.

12. Viracocha ¿Fue un indígena célebre o un cura?

Otros presentan al dios Viracocha como un héroe que existió en la realidad, es decir, fue un ser humano que luego, por sus hazañas, fue divinizado.

Según la crónica de Juan Diez de Betanzos, Viracocha tuvo dos hijos, sin embargo, en la de Sarmiento de Gamboa se dice tres. Ambos lo describen como un cura que lleva en una mano un libro.

Si fue un cura: ¿Cómo engendró hijos? ¿Tuvo mujer el dios? ¿Cómo se llamó?

Y de no ser así: ¿De dónde salieron sus hijos?

¿Habrá sido Viracocha un indígena o un cura divinizado por sus hazañas?

13. Viracocha y la educación actual

Teniendo en cuenta la cantidad de incógnitas que rodean la figura del dios:

¿Cómo queda todo lo enseñado en los colegios y universidades?

La educación recibida señala que el dios de los incas fue el Inti o Sol.

En tal caso:

¿Es posible la comunión de dos dioses a los cuales los incas rindieron culto? ¿Será que nos han contado una historia falsa o será que aún no hemos descubierto quién fue y qué representó el dios para los incas?

Es indudable que, por muchos motivos, la divinidad se ha convertido en un enigma sin resolver del panteón de dioses incaicos.

14. ¿Tuvieron culto monoteísta los incas?

Sabemos que en el mundo incaico el orden fue establecido en base al género, forjándose así la unidad del sol y la luna.

Es indudable y reconocido por muchos investigadores que en el mundo incaico no existe la unidad. Para crearla, es necesario unir dos elementos antagónicos pero complementarios, aspecto que encaja perfectamente con el sol y la luna, aunque tal norma no es posible aplicarla con Viracocha porque es un dios único.

Entonces:

Presumimos que, en algún momento de la historia incaica, rindieron culto a un solo dios y, por tal razón, hubo una religión monoteísta.

¿Será cierto tal criterio?

15. ¿Será el Dios de los báculos de Tiahuanaco?

En las ruinas de la Portada del Sol de la antigua cultura tiahuanaco y en el frontis de dicha estructura, esculpieron una divinidad antigua conocida como el dios de los báculos.

Tal figura es continuamente relacionada y nombrada como el dios Viracocha sin tener los fundamentos pertinentes, porque ninguna crónica expresa que Viracocha fuera esculpido en dicha portada.

Nos preguntamos:

¿Será cierto que la divinidad de la Portada del Sol es Viracocha? O si, por el contrario ¿Será un dios ignoto y a la fecha no sabemos a quién representa?

16. Conclusión

Podemos decir que estamos ante un problema complicado que, en tanto no lo resolvamos, no permitirá descubrir la real identidad del dios creador; es más: las incongruencias narradas nos hacen pensar en dar la razón a Garcilaso cuando expresa que Viracocha fue un fantasma.

En algunos de nuestros posts tratamos de resolver las dudas y conjeturas que presenta el dios creador de los incas. Viracocha es un dios principal del panteón de dioses incaicos cuyo quehacer explica el origen de las expresiones culturales del imperio incaico.

Nosotros consideramos que el mito de Viracocha es una herramienta histórica no utilizada hasta ahora. El mito cambia la percepción que tenemos del dios porque su esencia se halla oculta en su mito. El estudio integral del quehacer del dios otorga validez al pensamiento de los incas, además, confiere valor histórico y cultural al relato mítico.

El mito de Viracocha, es el relato de una historia en apariencia fabulosa pero enlazada con la realidad. Nos enseña quién fue y qué representa Viracocha en el incanato; el mito disipa casi todas las dudas descritas anteriormente.

Cada tema expuesto acerca del dios Viracocha es susceptible de crítica; porque se debe emplear el mito como herramienta segura para reconstruir el pensamiento incaico; adelantamos que, en la recuperación e interpretación del mito de Viracocha se percibe que la enseñanza del panteón de dioses incaicos impartida en escuelas y universidades ha sido incierta.

Si lees nuestro libro El mito de Viracocha (ver aquí), lograrás descubrir la auténtica identidad de Viracocha, resolver enigmas y misterios nunca explicados por nuestros antepasados que solo pudieron dejarnos un mito en el que expresaron el pensar y sentir incaico de esos tiempos.

17. Referencias

Busto, J. A. (1981). Perú incaico. 3ra. ed. Librería Studium, Ed. Lima, Perú.

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

Rostworowski, M. (2014). Estructuras Andinas del Poder – Ideología Religiosa y Política. Lima, Perú: Instituto de Estudios Peruanos.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. Lima, Perú.

18. Nota del autor

Si deseas una explicación sustentada que aclara cada uno de los temas referidos en este post, la podrás encontrar en nuestro libro: El mito de Viracocha, visita nuestra sesión del menú: Libros.

PAQARINA: El lugar donde nace un linaje

PAQARINA: El lugar donde nace un linaje

Un concepto del pensar incaico trascendente para determinar la aparición de las etnias en el territorio andino, es el de paqarina. Es una voz quechua que precisa el lugar por donde surgieron las comunidades indígenas en el territorio andino. La palabra pasó desapercibida, incluso, casi olvidada en su esencia. El pensamiento indígena la vincula con un lugar o un accidente geográfico o con un animal o una cueva o algún elemento del mundo natural de los incas, en donde se produjo el origen de las etnias primigenias. También, acoge el lugar donde retorna el indígena cuando fallece. Por lo tanto, la noción de paqarina se asocia al origen del antepasado primigenio y es el lugar de descanso del indígena a su muerte. Vida y muerte ambas se encuentran en la paqarina.

En este post describimos el extenso concepto de la paqarina y exponemos los criterios de cronistas, historiadores e investigadores que la vinculan de manera insospechada como una explicación del más allá incaico, es decir, lo que sobreviene al indígena después de la muerte.

Índice

1. La paqarina según Garcilaso de la Vega

La paqarina es mencionada por casi todos los cronistas. Según Garcilaso de la Vega, I. (1985: 34, 76), los indígenas se sienten honrados por haberse originado de una fuente, un río, un lago o del mar; también, de algún animal, como un oso, el puma, el tigre; incluye aves como el cóndor o el halcón; algún pez; incluso de algún accidente geográfico como una sierra, un monte, risco o caverna.

Cuenta que los collas presumían proceder de diversas paqarinas: algunos relatan que sus primeros padres salieron de las aguas del Titicaca, por lo que estimaban al lago como una madre sagrada objeto de adoración y sacrificios.

Otros decían provenir de un gran manantial por donde salió su primer antecesor.

En otros pueblos decían que sus antecesores habían salido por las cuevas y resquicios de unos grandes riscos. Otra gente, contaban haber salido de un río al cual veneraban, era tan grande la estima, que castigaban al que cazaba sus peces, los valoraban como si fueran sus hermanos.

Todos los entes y elementos de la naturaleza nombrados son las paqarinas o lugares donde se originan las distintas etnias que poblaron el antiguo Perú.

Según el pensamiento incaico, las paqarinas son consideradas como huacas o lugares sagrados y, en su tiempo, les ofrendaban sacrificios en recuerdo del origen de sus antepasados. Son parte del mundo religioso andino.

2. Definición de la paqarina

Según el Diccionario de la Academia Mayor de la Lengua Quechua D.A.M.L.Q. (2005) la voz paqaric significa:

“que aparece, se origina, crea o nace de algo o de alguien”.

El vocabulario de Diego Gonçález Holguín registra paccarichik como el que da principio a alguna cosa y paccarichik machu chauchu, o hurutmi, como el principio del linaje.

Ludovico Bertonio anota en aimara la palabra pacaritha como nacer y pacarini como el lugar donde uno nació.

Queda claro que ambos lexicógrafos coinciden que el concepto señala el principio de un linaje o el lugar de nacimiento.

3. El mito de Viracocha y la paqarina

En el libro El mito de Viracocha de Sáenz, O. (2021a) (ver aquí) narran que la paqarina se genera en Paqaric Tampu o el tambo del amanecer, esto es, el lugar por donde apareció Manco Cápac y sus hermanos, sin embargo, la noción es antiquísima y tiene un origen mítico. Se genera cuando Viracocha surge del Titicaca, por eso, el lago es la paqarina y génesis del origen del dios y de las futuras paqarinas del Mundo Bajo o terrenal.

La paqarina cumple con una norma del Kybalión: el principio de correspondencia, es decir, si el dios se origina por una paqarina, idéntico origen tendrá su creación.

Cuando Viracocha aparece en el lago Titicaca, se traslada a la isla del Sol, y allí crea el sol, la luna y las estrellas, de manera que, los astros del Mundo Alto o celestial tienen por paqarina el lago mítico. Siguiendo la norma, el mito indica que Viracocha diseñó en piedra al género incaico y por último esculpe a Manco Cápac y Mama Ocllo con sus hermanos. Los ocho hermanos son convocados por el Sol y arrogados como hijos. Terminado el suceso, Viracocha ordena a las cuatro parejas sumirse en tierra, así la Pachamama, es la portadora de la etnia incaica hasta su aparición en Paqaric Tampu o el Tambo del Amanecer y salen por una cueva del cerro Tampu T´tocco, que es la paqarina de los incas.

Idéntica fórmula se aplica para la etnia indígena, en efecto, cuando Viracocha ordena sumir en tierra a la segunda creación de gente, éstas aparecieron por: cuevas, ríos, fuentes, lagunas, cerros, árboles, etc., todas son paqarinas, conforman así el Mundo Bajo o territorio andino como una gran paqarina. A futuro, la paqarina será el lugar de origen de los indígenas y de las provincias desarrolladas en aquellos tiempos.

4. La paqarina según Cieza de León

Pero la voz paqarina no solo designa el sitio de origen de la gente: también es el lugar donde retornan los difuntos al final de su vida terrenal. De modo que tiene doble significado: como lugar de origen y como fin de la vida indígena. Cuenta Cieza de León, P. (2005: Cap. XCVII, 250) que al fallecer un indígena iba con rumbo a un gran lago que había sido su origen. Cuando Cieza señala un lago, se refiere a una paqarina.

En efecto, cuando el indígena fallece retorna a su paqarina, pero no podemos sino preguntarnos ¿Para qué vuelve a su paqarina?

En el pensamiento incaico existe un estado de vida oscuro, oculto, secreto: antes de nacer y después de morir, cuya explicación la hallamos en el mito de Viracocha y está relacionado con la muerte. No existen datos escritos por los cronistas que expliquen el acaecer de la muerte, ni su significado, ni su sentimiento; ningún cronista explica qué sucede con el indígena después de fallecer, ni cómo se comportaba en el más allá.

5. Viracocha y su vínculo con la muerte

El libro El mito de Viracocha de Oscar Sáenz (ver aquí), explica el pensar incaico ante el devenir de la muerte. El indígena asocia la muerte con la oscuridad y lo patenta en la caminata de Viracocha y sus dos hijos en el océano Pacífico hasta desaparecer, leyenda que encarna en el ocaso del Sol y su ingreso en la oscuridad. La muerte del Sol se origina cuando ingresa en un estado oscuro, secreto, a la espera de retornar a una nueva vida. Entonces, tras el ocaso del Sol siempre retornará después de transitar por una fase oscura. Por el principio de correspondencia, lo mismo sucederá con el indígena, es decir, entrará en un estado oscuro, como los tres Viracochas, para después retornar.

Tuvo razón Garcilaso de la Vega, I. (1985: 58) al decir que los indígenas eran muy celosos de sus cuerpos, sus uñas, sus cabellos, etc. Los protegían colocándolos en alguna rendija de la casa, en efecto, el indígena sabía que después de morir volvería a vivir, pero, para que ocurra, era necesario tener completo todo el cuerpo: conservar su piel, sus huesos, sus cabellos, sus uñas, etcétera. Explicación que sustenta la momificación de los cuerpos. Sin embargo, el cronista inca confunde el relato con la resurrección de las ánimas, idea cristiana, no se trata de resucitar, sino de retornar, como lo explica la cita:

Muchas vezes (por ver lo que dezían) pregunté a diversos indios y en diversos tiempos para qué hazían todo aquello, y todos me respondían unas mismas palabras, diziendo: “Sábete que todos los que hemos nascido hemos de bolver a vivir en el mundo […] y las ánimas se han de levantar de las sepulturas con todo lo que fue de sus cuerpos”. Garcilaso de la Vega, I. (1985: 58).

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6. Evidencia que sustenta el trance de la muerte

Para sustentar nuestro parecer acerca del pensar incaico ante el drama de la muerte, escogimos algunos comentarios expresados por cronistas e investigadores modernos.

Prestemos atención a lo siguiente:

6.1. Según narra Pachacuti Yamqui, S. J. (1993), en cierta ocasión cuando terminaba de celebrarse la fiesta del Cápac Raymi o Fiesta Real o del Señor, mientras iba atardeciendo y conforme entraba la noche (ocaso del Sol), los indígenas se retiraban diciendo:

“¡O que presto se acabavá la fiesta y agora nos queda sólo la muerte pues que la muerte lo a de llegar como agora los anochesse, sueño ymajen de muerte!” (209).

Obsérvese que la muerte está asociada con la oscuridad, es el lado oscuro de Viracocha. Es el sol oscuro o Tawapaka reinando.

6.2. Cuando don Francisco López de Gómara (citado en Garcilaso de la Vega, I. 1985: 58) describe a los españoles profanando las tumbas indígenas y dispersando sus huesos a la búsqueda de oro, relata que les suplicaban para que no procedieran de esa manera, porque los restos de su familia debían estar juntos para al instante del retorno. F. de Gómara, al igual que Garcilaso y Cieza, menciona la creencia indígena en la resurrección de las almas concepción cristiana impropia del pensar incaico.

6.3. Otro suceso ocurrido en Cajamarca relata la captura y prisión de Atahuallpa. Previo a su ejecución aconteció una apostasía: a pesar de que el inca rendía culto solar, en vísperas de su muerte renuncia a sus creencias religiosas y prefiere ser bautizado, aceptando el catolicismo como religión. No tenía otra finalidad que librarse de la hoguera. En realidad, Atahuallpa sabía que el fuego destruiría su cuerpo, la reducción a cenizas, según su religión, no le permitiría retornar jamás. Pedro Pizarro (citado en Valcárcel, L. 1964: T. 2, 207) escuchó poco antes de la ejecución de Atahuallpa cómo instruía a su gente diciendo que, si no lo quemaban, aunque muriera, volvería. Pizarro confunde también retornar con resucitar.

6.4. Otra razón que justifica el pensamiento indígena ante la muerte es la ofensa cometida por el general Chalcuchimac a la momia de Túpac Inca Yupanqui. Cuando la quemó, destruyó el cuerpo e impidió que la creencia de retornar hiciera valer su designio y su efecto. Como paradoja, el general de Atahuallpa fue quemado vivo por Manco Inca Yupanqui, vengando así, el hecho funesto ocurrido a su antepasado.

6.5. Girard, R. (1976) relata un hábito funerario panamericano practicado por los indígenas en sus rituales de entierro. Dice que solían colocar el cadáver con los pies hacia el oeste y la cabeza en dirección al este. El simbolismo de tal costumbre es evidente: los pies al oeste señalan el camino del difunto hacia el mar del océano Pacífico, que es el ocaso del sol, es la entrada del sol en la oscuridad que simboliza su muerte. A su vez, la cabeza hacia el este señala el lugar donde amanece el sol, luego simboliza el retorno del sol y del indígena a la vida.

6.6. Valcárcel, L. (1964) narra un pasaje del padre Gregorio García relatado en su libro titulado Predicación del Evangelio en el Nuevo Mundo, viviendo los apóstoles. El suceso aconteció durante el reinado del Inca Pachacútec, después de concluido el combate y salir victorioso en la batalla contra los collas, ordenó a su milicia juntar los cadáveres de los caídos en combate. Los incas tuvieron mucho respeto en depositar los cuerpos de sus difuntos con esta frase:

“Acabado este mundo, nos habemos de levantar todas las gentes con vida nueva y con esta misma carne como ahora somos”. (T. 3, 536).

Es el pensamiento incaico ante la muerte: vida nueva con los mismos cuerpos.

6.7. Un fragmento del sermón del domingo de resurrección emitido por el Dr. Dávila describe un relato ilustrativo cuando en su admonición toca el tema de las creencias indígenas después de la muerte.

Prestémosle atención:

“[…] y vosotros los indios, que soléis decir entre vuestros engaños esto. En muriendo uno, todavía por cinco días se está su alma en la casa que murió, y así le dais a comer, echando en el fuego maíz molido, fingiendo que aquello come, y llorándole a la noche, y al fin del quinto día, cuando se va a poner el sol, vuestro mal sacerdote, o engañador, os engaña, y hace creer mirando donde se pone el sol, diciendo: mira, cata allí, donde va la ánima de tu padre, o de tu marido, ¿no la ves? Cátala allí. Siendo todo mentira, y hablando en vano lo que no es y soléis traer sobre el fuego la ropa del difunto, todo esto es burla y hablar al aire”. Valcárcel, L. (1964: T. 2, 205).

La cita anterior ilustra la creencia indígena después de acaecida la muerte. Cuando Dávila relata que el sacerdote indígena solicita mirar la puesta del sol, es porque alude el camino recorrido por el difunto a su encuentro con la oscuridad, es el lugar por donde transitan y después desaparecen los tres Viracochas del mito, es el mar del océano Pacífico, extensión de agua que el difunto también tendrá que recorrer; es, en definitiva, el camino del sol al fin del día para ingresar en la oscuridad que es su muerte. La cita también revela hábitos funerarios antiguos, como que: el velatorio dura cinco días, la costumbre de alimentar a los muertos, la ropa nueva del difunto y la puesta del sol referida.

6.8. El Padre Calancha (citado en Valcárcel, L. 1964: T. 2, 207) relata una tradición rescatada de los pueblos serranos visitados, donde constató la creencia indígena de que las ánimas de los muertos iban rumbo a una tierra denominada upamarca o poblado mudo. Para llegar, debían cruzar un río por sobre un puente estrecho construido con cabellos. La marcha se cumplía con la guía y ayuda de unos perros negros. El simbolismo con el mito de Viracocha es evidente: el suceso de los tres Viracochas andando sobre las aguas del océano Pacífico y perdiéndose en el mar, de ahí la analogía con el puente de cabellos; el uso de perros negros se conjuga con el ingreso a la oscuridad.

6.9. Un hecho insólito ocurrió en el cuarto viaje de Cristóbal Colón, según refiere Sánchez, L.A. (1981: T. 1, 150-151). Tras un año de privaciones y forzados por las inclemencias, las tormentas y otras vicisitudes, tuvo lugar la sublevación de los navegantes. La falta de provisiones y la negativa indígena de otorgarlas zarandeó los ánimos de Colón y concibió una treta: sabedor del temor indígena a los eclipses ―muerte del sol o de la luna― los amenazó con enrojecer la luna y ocultarla si no cumplían con sus exigencias. Es evidente que Colón sabía que el 29 de febrero de 1504 ocurriría un eclipse lunar. Cumplida la profecía, los indígenas temieron por sus vidas y también a los poderes de Colón, y facilitaron las provisiones necesarias. Nuevamente, se asocia la oscuridad con la muerte, temor indígena conocido por los españoles desde la época de Cristóbal Colón.

6.10. Hocquenghem, A. (1989: 127-128) relata una tradición de la sierra andina: se concreta en que las almas de los indígenas fallecidos debían cruzar una extensión de agua que se encuentra en la trayectoria del ocaso del sol. El relato concuerda con el mito de Viracocha: la extensión de agua que deben transitar refiere la caminata de los Viracochas en el océano Pacífico, es el ingreso en la oscuridad, es la muerte del sol. Simboliza también su paqarina.

6.11. De Arona, J. (1974) refiere en su diccionario de peruanismos la frase sol de los muertos. Es interesante su descripción:

“Llaman sol de los muertos, a una luz repentina y como azafranada o anaranjada que arroja el sol cuando ya parecía haberse puesto. Es de corta duración; es una especie de crepúsculo; es el último bostezo del día soñoliento cayendo en brazos de la noche”. (T. 2, 358).

La definición de Juan de Arona es un provincialismo vinculado al cuarto sol o Tawapaka, el sol oscuro que representa la muerte. De ahí, la denominación sol de los muertos.

6.12. El escritor peruano Arguedas, J.M. (1987: 147), en su novela titulada Todas las sangres, rescata y describe un cántico o harawi fúnebre, entonado cuando los mineros indígenas dan sepultura a unos restos humanos hallados en un socavón minero. En las serranías peruanas es notorio que la muerte se asocia con una sombra negra. La traducción presentada es del texto original, sin corrección alguna por nuestra parte. No obstante, puesto que la traducción original en dos líneas no es la más adecuada a este contexto, la hemos acomodado por estrofas:

Quién eres, sombra, negra sombra, muerta.

Yo no sé, no sé nada de ti, ¡au! triste sombra

sin nombre, ciega, sin cabeza, sin manos;

sólo dos huesos fríos; ¡llorad!

No te conoce sino la muerte

¡A a a a! ¡U u u u!

6.13. Por último, cuando el inca Titu Cusi Yupanqui narra las peripecias sufridas por su padre Manco Inca Yupanqui ante la administración y clero español, menciona que el inca presintió cercana su muerte y convocó a sus más allegados familiares y colaboradores para decirles lo siguiente:

“Ya me parece se ba haciendo tiempo de partirme a la tierra de los Andes […]”. Cussi Yupanqui, T. (1992: 50).

Así, el inca menciona como paqarina a la cordillera de los Andes, lugar por donde retornará después de su muerte. Se trata de una opinión opuesta a la de Garcilaso, pues en sus Comentarios Reales expresa que, cuando los incas fallecían iban al cielo para reunirse con su padre, el Sol. Juicio muy cercano al cristianismo y lejano del contexto y pensar incaico.

7. Conclusión

La noción de paqarina se vincula con el origen y destino final del hombre incaico.

Después de su muerte el indígena ingresará a un estado oscuro para después retornar; por el principio de correspondencia, cuando muera, le sucederá lo mismo que al sol, es decir, retornará a una nueva vida.

En la interpretación del mito de Viracocha se manifiesta la concepción incaica de la muerte, de modo que los incas tuvieron respuesta a la pregunta esencial acerca de la trascendencia de su vida, o lo que es igual: sabían hacia dónde iban.

Nuestros antepasados creían que nunca iban a morir, que les sucedería lo mismo que al sol: nacer, crecer, decaer, morir, para luego retornar a su paqarina.

8. Referencias

Arguedas, J. M. (1987). Todas las Sangres. (3ra. ed.) Horizonte.

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú el señorío de los incas. Caracas, Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho. Obtenido de: http://www.biblioteca.org.ar/libros/211665.p df.

Cusi, Y. T. (1992). Instrucción al licenciado Lope García de Castro (1ra. ed.). Lima, Perú: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

D.A.M.L.Q. (2005). Diccionario Quechua-Español-Quechua. Academia Mayor de la Lengua Quechua. (2da. ed.) Cusco Perú. Obtenido de: http://lengamer.org/admin/language_ folders/quechuadecusco/user_uploaded_files/links/File/AMLQuechua-Dic.pdf.

De Arona, J. (1974). Diccionario de Peruanismos. (Vol. 1 y 2). Promoción Editorial inca S.A. (PEISA).

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los Incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

Girard, R. (1976). Historia de las Civilizaciones Antiguas de América – Desde sus Orígenes. (Vols. 1, 2 y3) Madrid, España: Ediciones Istmo.

González Holguin, D. (1608). Vocavulario de la lengva general de todo el Perv llamada lengva qquichua o del Inca. Obtenido de: http://www.letras.ufmg.br/padrao_cms/documentos/pr ofs/romulo/VocabvlarioQqichuaDeHolguin1607.pdf.

Hocquenghem, A. (1989). Iconografía Mochica. (3ra. ed.). Lima, Perú: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Pachacuti Yamqui, S. J. (1993). Relación de antigüedades deste Reyno del Pirú. (Con edición facsimilar del códice de Madrid. Edición de César Itier, estudio y comentario histórico de Pierre Duviols, estudio, comentario lingüistico y edición de César Itier ed.). Madrid, España: Instituto Francés de Estudios Andinos – Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas.

Sáenz, O. (2021a). El mito de Viracocha. (1ra. ed.). Lima, Perú.

Sáenz, O. (2021b). Viracocha el sol de soles. (1ra. ed.). Lima, Perú.

Sánchez, L. A. (1981). Historia General de América. (11.ª. ed.). (Vols. 1, 2 y 3). Perú: Editorial Universo.

Valcárcel, L. (1964). Historia del Antiguo Perú. (Vols. 1, 2 y 3). Lima, Perú: Juan Mejía Baca.

GARCILASO: ¿Por qué ESFUMÓ al dios VIRACOCHA?

GARCILASO: ¿Por qué ESFUMÓ al dios VIRACOCHA?

El relato de Garcilaso no reconoce a Viracocha como una deidad propia de los incas y, en varios aspectos, se aparta de las versiones transmitidas por otros cronistas. El Inca escritor atribuye esta confusión al desconocimiento de la lengua quechua por parte de indígenas y españoles cuando se refieren al nombre y a la naturaleza de Viracocha. Sin embargo, detrás de su explicación parece existir una razón más profunda: determinados motivos llevan a Garcilaso a negar o desdibujar deliberadamente la identidad y naturaleza de Viracocha como dios incaico.

Los Comentarios Reales presentan así una historia de Viracocha diferente de la que encontramos en otros testimonios. Con notable destreza literaria, Garcilaso no solo omite reconocerlo como una deidad incaica, sino que descalifica su carácter divino al referirlo como “una fantasma” (sic), mientras introduce a Pachacámac como una divinidad vinculada al mundo religioso de los incas.

¿Por qué Garcilaso construye una versión tan diferente? ¿Qué razones lo llevan a apartarse de los demás cronistas y a negar a una deidad que otros testimonios sí reconocen? En este post analizamos los motivos que podrían explicar por qué Garcilaso no acepta a Viracocha como dios de los incas.

Índice

1. Garcilaso no admite al dios Viracocha

Llama especialmente nuestra atención que Garcilaso de la Vega, I. (1985: 48-199) se muestre reticente a aceptar determinados aspectos relacionados con Viracocha. Un ejemplo significativo aparece cuando analiza la expresión Tici Viracocha, atribuida a los indígenas en sus referencias a los españoles. Al respecto, señala:

“Los indios no saben de suyo o no usan dar la relación destas cosas con la propria significación y declaración de los vocablos, viendo que los cristianos españoles las abominan todas por ser cosas del demonio, y los españoles tampoco advierten en pedir la noticia dellas con llaneza, antes las confirman por cosas diabólicas como las imaginan. Y también lo causa el no saber de fundamento la lengua general de los Incas para ver y entender la deducción y composición y propria significación de las semejantes dicciones. Y por esto en sus historias dan otro nombre a Dios, que es Tici Viracocha, que yo no sé qué signifique ni ellos tampoco”.

De esta afirmación podemos extraer varios elementos que ayudan a comprender la posición de Garcilaso frente a Viracocha:

Los indígenas no transmiten con precisión el significado original de las voces quechuas.
Los españoles interpretan las explicaciones indígenas desde una perspectiva religiosa que las asocia con el demonio.
Los españoles tampoco conocen suficientemente la lengua general de los incas como para comprender la composición y el significado de determinadas expresiones.
Las crónicas españolas identifican a Tici Viracocha como dios incaico, interpretación que Garcilaso cuestiona al declarar expresamente que no sabe qué significa la expresión, ni tampoco los propios indígenas.

Aquí surge una contradicción que merece nuestra atención. Garcilaso cuestiona a los indígenas por no proporcionar el verdadero significado de las voces quechuas y reprocha a los españoles su deficiente comprensión de la lengua. Sin embargo, él mismo reconoce desconocer qué significa Tici Viracocha. ¿Cómo puede Garcilaso cuestionar la interpretación de indígenas y españoles sobre Tici Viracocha si él mismo declara desconocer su significado?

Entonces, ¿debemos aceptar sin más su explicación? ¿Es realmente el desconocimiento del quechua la razón por la que Viracocha aparece identificado como dios en las crónicas? ¿O existe detrás de la interpretación de Garcilaso una razón más profunda?

La cuestión resulta todavía más inquietante: si Garcilaso desconoce el significado de Tici Viracocha, ¿por qué se muestra tan seguro al cuestionar su identificación como divinidad?

Tal vez el problema no se encuentre únicamente en una supuesta confusión lingüística. Quizá Garcilaso tenga razones que lo llevan a no reconocer a Viracocha como dios de los incas.

Es precisamente esta contradicción la que analizaremos: ¿Garcilaso realmente desconocía el significado de Viracocha o existían otros motivos para negar su identidad y naturaleza como dios incaico?

2. La fuente de Garcilaso: Cieza de León

En Cieza de León, P. (2005: Parte 2, Cap. V, 305-308) hallamos la respuesta a la opinión de Garcilaso contra los españoles, sus comentarios son en base a Cieza, que es un cronista probo, pero con omisiones en sus relatos, él dice:

“REÍDOME de lo que tengo escrito de estos indios, yo cuento en mi escritura lo que ellos a mí contaron por la suya y antes quito muchas cosas que añadir una tan sola”. Ibid. (2005: Parte 2, Cap. VIII, 315).

Cieza omite sucesos incaicos, no capta la esencia de la cultura incaica, por eso, suprime lo que no entiende y mutila sucesos de Viracocha. Además, tiene vicios de redacción, escribe mal las palabras quechuas, redacta vocablos impropios del habla nativo, por esta razón, no aprendió el idioma como algunos de sus colegas.

Sáenz, O. (2021a) expresa que Cieza descartó abundantes datos por considerarlo ficción o no entenderlos y es la explicación de omitir sucesos vinculados a Viracocha, que aparecen en los relatos de sus colegas. Cieza es la principal fuente para la crítica de Garcilaso en este relato. Y tal vez, por ello Garcilaso no acepta al dios Viracocha.

El inca escritor se educó en el seno de una familia real cusqueña, sin embargo, ignora el significado de Tici Viracocha. Nombre que obtiene de la crónica de Cieza cuando dice:

“[…] Generalmente le nombraban en la mayor parte Ticiviracocha […]” Ibid. (2005: Parte 2, Cap. V, 305).

En otro pasaje dice Cieza:

[…] y aunque por fama que tiene de lo pasado cuentan esto que escribo de Ticiviracocha […]” Ibid. (2005: Parte 2, Cap. V, 306).

Es evidente que Garcilaso desconoce los apelativos del dios Viracocha, piensa que el significado fue alterado por la lengua usada en otras provincias.

3. Pachacámac ¿Fue un dios de los incas?

Según Garcilaso de la Vega (1985: 47, 51), los incas adoraban principalmente a dos dioses: el Sol y Pachacámac. Incluso sostiene que se dispuso difundir por el imperio el culto a Pachacámac como supremo dios, mientras que el Sol era venerado por las bondades que otorgaba a los hombres.

Pero ¿quién era Pachacámac y qué significa realmente su nombre?

Garcilaso ofrece la siguiente interpretación:

“[…] es nombre compuesto de Pacha que es mundo universo, y de Cámac, participio de presente del verbo cama, que es animar, el cual verbo se deduce el nombre cama, que es ánima. Pachacámac quiere dezir el que da ánima al mundo universo y en todo su propria y entera significación quiere dezir el que haze con el universo lo que el ánima con el cuerpo”. Ibid. (1985: 47).

La traducción de Garcilaso está claramente cristianizada: introduce la noción de “ánima”, un concepto ajeno a la concepción religiosa incaica: la traducción de Garcilaso introduce una categoría conceptual cristiana al interpretar cámac como “ánima” y establecer una analogía entre el alma y el cuerpo. Sin embargo, esta interpretación no corresponde a una concepción propia de la religión incaica.

Más interesante aún resulta comparar la traducción de Garcilaso con la que ofrece Pedro Cieza de León (2005: Parte 1, cap. LXXII), a quien el propio Garcilaso cita:

“El nombre deste demonio [Pachacámac] quería dezir hazedor del mundo porque Cama quiere dezir hazedor y Pacha mundo”.

Para Garcilaso, esta interpretación de Cieza es errónea. Sostiene que cámac no significa “hacer” y que el verbo correspondiente a “hacer” sería rura. De esta manera, cuestiona la traducción de Cieza y considera que de ella se deriva una interpretación inexacta del nombre Pachacámac.

Aquí surge una cuestión particularmente significativa. Garcilaso, natural del Cuzco y educado por sus parientes indígenas, cuestiona la interpretación de un cronista español por no comprender adecuadamente la lengua quechua. Sin embargo, al mismo tiempo, acepta a Pachacámac (dios costeño) como una de las principales divinidades de los incas y lo presenta incluso como su dios supremo.

Esta posición contrasta con los testimonios de cronistas como Juan de Betanzos, Pedro Sarmiento de Gamboa y Cristóbal de Molina, cuyas narraciones relacionan a Viracocha y al Sol con las principales divinidades del incanato. Desde otra perspectiva, Sáenz (2021a) cuestiona la interpretación de Garcilaso y plantea el reconocimiento de Viracocha como deidad principal del Bajo Cuzco, mientras que el Sol —creación de Viracocha— correspondería al ámbito sagrado del Alto Cuzco.

La contradicción resulta difícil de ignorar: Garcilaso no admite a Viracocha como dios incaico, desvirtúa el relato indígena y critica, erróneamente, la interpretación de Cieza. Sin embargo, acepta a Pachacámac como dios de los incas sin aportar fundamentos suficientes que sustenten esa posición.

¿Por qué, entonces, Garcilaso no reconoce a Viracocha como dios incaico? ¿Por qué desacredita las referencias a Viracocha y, en cambio, concede a Pachacámac un lugar central en la religión de los incas?

La cuestión no parece reducirse a un simple problema de traducción. Garcilaso no solo ofrece una interpretación diferente de las fuentes indígenas: construye un relato en el que Viracocha pierde su condición de divinidad incaica, mientras Pachacámac ocupa el lugar que otros cronistas atribuyen a Viracocha.

Por ello, más que aceptar sin cuestionamiento la versión de Garcilaso, debemos preguntarnos qué razones pudieron llevarlo a apartarse de una tradición que vinculaba a Viracocha con la divinidad suprema de los incas. ¿Se trata realmente de un problema lingüístico o existen otros motivos detrás de su interpretación?

4. Garcilaso dice que el dios Viracocha es un fantasma

En otro pasaje, Garcilaso califica a Viracocha como un fantasma Ibid. (1985: 51) aparecido a un príncipe inca, y hasta lo presenta como hijo del sol, humillando su deidad como también el estatus de dios creador. Culpa de la confusión a los españoles que otorgan muchos dioses a los incas, por no saber dividir los tiempos y las idolatrías de una primera edad (bárbara) respecto a una segunda (incaica). Garcilaso divide en dos edades el origen de los incas en la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo (ver enlace aquí).

El inca escritor conoce lo narrado con respecto a Viracocha por Pedro Cieza de León quien lo nombra como el Hacedor, pero, por motivos ocultos ignora y omite el mito. Para él, Viracocha nunca fue un dios principal ni el dios de mayor veneración de los incas.

Al respecto, expresa lo siguiente:

“Este es el dios fantástico Viracocha que algunos historiadores dizen que los indios tuvieron por dios principal y de mayor veneración que el sol, siendo falsa relación y adulación que los indios hacen, por lisonjearlos, diciendo que les dieron el nombre de su más principal dios. Lo cierto es que no tuvieron dios más principal que el sol (sino fue Pachacamac, dios no conocido), antes, por dar deidad a los españoles, dezían a los principios que eran hijos del sol, como lo dixeron de la fantasma Viraqocha”. Garcilaso de la Vega, I. (1985: 199).

La cita ilustra que Garcilaso no acepta al dios Viracocha como deidad inca. Por este motivo, omite a la deidad y origina que sus aportes al mito de Viracocha, sean breves, escasos y dudosos.

5. Garcilaso de la Vega ¿Posee información del dios Viracocha?

Radicando en España, Garcilaso recibe noticias de un amigo de infancia: Diego de Alcobaza, quien le proporciona datos de la cultura Tiahuanaco. La carta resalta un lugar de nombre Chucuito, donde halló muchas ruinas arcaicas y monumentos admirables. Indagando sus orígenes, le relataron que el lugar fue consagrado al Hacedor. Las noticias de Alcobaza ―que constan en los Comentarios Reales― confirman que Garcilaso está informado del dios Viracocha, sin embargo, insiste en no considerarlo como dios del panteón incaico.

Es difícil juzgar el pensamiento de Garcilaso: unas veces mancilla las crónicas de sus colegas, a pesar de mencionarlos y citarlos en sus relatos, por ejemplo, nombra a: Blas Valera, Pedro Cieza de León, Francisco López de Gómara, Agustín de Zárate etc. Demuestra así, poseer conocimiento de los contenidos de algunos cronistas. Curiosamente, no menciona a los cronistas tempranos como: Sarmiento de Gamboa, Juan Diez de Betanzos, Cristóbal de Molina, en cuyas crónicas relatan sucesos relevantes de Viracocha. De manera deliberada Garcilaso se inclina por cronistas que poco o nada aportan al conocimiento de Viracocha. Podemos presumir que Garcilaso no tolera al dios Viracocha por ignorar las fuentes tempranas que refieren al dios.

Es contraria su actitud cuando escribe acerca del Sol, lo considera como dios incaico.

¿Quizá Garcilaso siente simpatía por el sol?

Su estilo narrativo, es convincente, invita a pensar que puede tener razón en sus dichos: su soltura al escribir confunde al lector; su pluma excelsa le permite crear, recrear y suprimir escenarios. Se comporta como un literato, no parece un historiador.

En general, Garcilaso omite sucesos relacionados con el dios Viracocha, que estimula a alentar una conducta adusta hacia él.

6. Los odios de Garcilaso de la Vega

María Rostworowski, explica el extraño proceder de Garcilaso en esta cita:

“Toda esta acumulación de rencores y odios, aumentados por la quema de la momia de Túpac Yupanqui, y por el ensañamiento de los generales de Atahuallpa en Huáscar y sus deudos, afectaron profundamente a Garcilaso y lo impulsaron a trastocar los sucesos”. Rostworowski, M. (1988: 58).

¿Cuál es la razón del odio acumulado en Garcilaso? ¿Cuál es la naturaleza de su relación con Viracocha?

Para deducir la actitud de Garcilaso debemos remitirnos a su madre: Chimpu Ocllo, dama de alcurnia, hija de Huallpa Túpac y de la palla o princesa Cusi Chimpu, nieta de Túpac Inca Yupanqui y sobrina del inca Huayna Cápac.

Una posible respuesta es la dinastía familiar o panaca. La familia de Garcilaso pertenece al Cuzco Alto, estirpe cuyo dios principal es el Inti o Sol. Por el contrario, las panacas del Cuzco Bajo adoraban a Viracocha, posiblemente por esa razón, Garcilaso no acepta al dios Viracocha: su familia materna rinde culto solar. La fuente en que basó su crónica fue materna, por lo tanto, sus relatos son del Cuzco Alto.

Otra razón del odio de Garcilaso es saber que el peor castigo para un indígena es la destrucción del cuerpo, hecho ocurrido a Túpac Inca Yupanqui, pariente de Garcilaso. Según la creencia indígena, la destrucción del cuerpo origina la muerte eterna, la no presencia, el no volver a renacer, es decir, la desaparición total.

¿Será posible que Garcilaso tome partido en este conflicto religioso de panacas? Garcilaso se crio entre el cristianismo cuya religión es monoteísta y su estirpe incaica que rinde culto al Inti o Sol.

7. Conclusión

1) Garcilaso es católico, pero en su crónica tiene mucha afinidad y simpatía cuando menciona al Sol. El Sol fue el dios de su madre, dios que siempre acepta y trata muy bien en sus relatos; además, el Sol tuvo en su tiempo mayor supremacía que Viracocha. Observando algunos cuadros de Garcilaso, notamos que porta un collar del cual pende un enorme sol. Podemos deducir que Garcilaso tiene mucha afinidad con la idolatría solar de su madre. Contrario a lo anterior no reconoce al dios Viracocha

2) Causa perplejidad cuando Garcilaso omite y desliza errores cuando refiere al dios Viracocha. En los Comentarios Reales de los Incas se aprecia un sentimiento grato hacia al Sol y embarazoso hacia Viracocha.

3) Un error garrafal de Garcilaso es incluir a Pachacámac como un dios principal de los incas, en este caso pierde la narración histórica y sobresale como un cultivador de la narración épica.

4) El cronista arrastra un cúmulo de problemas que lo hacen vivir en un constante conflicto con sus escritos: no era español ni tampoco indígena, sino mestizo. Garcilaso vivía en un país donde el mestizo ocupaba una de las más bajas jerarquías de la escala social. Pero, ello no explica por qué Garcilaso convierte en fantasma al dios Viracocha.

5) En síntesis: advertimos en la crónica de Garcilaso la aceptación hacia la deidad del Sol, dios de sus antepasados; muy por el contrario, lanza sus dicterios contra los cronistas íberos y también contra los indígenas, tratando de quitarles credibilidad cuando se refieren a Viracocha.

8. Referencias

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú el señorío de los incas. Caracas, Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho. Obtenido de http:// www. biblioteca.org .ar/libros/211665.pdf

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

Rostworowski, M. (1988). Historia del Tawantinsuyo (3ra. ed.). Lima, Perú: Instituto de Estudios Peruanos.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. 1ra Edición. Lima, Perú.