Y para describir a Viracocha aparece un cronista tardío: Bernabé Cobo. Jesuita, erudito y paciente recolector de las tradiciones del antiguo Perú, se interesó por todo: los incas, sus dioses, su lengua, la geografía andina, los astros, los ritos y las antiguas creencias.
Nacido en Lopera, Andalucía, en 1580, llegó muy joven a América atraído por las promesas del Nuevo Mundo. Después de participar en expediciones que buscaban El Dorado, terminó en el Perú, donde dedicaría buena parte de su vida a reunir información sobre el mundo incaico.
Tuvo acceso a una extraordinaria diversidad de fuentes:
Según Sáenz (2021: 63), conoció a tres nietos de Atahualpa —Diego Hilaquita, Francisco Hilaquita y Juan Ninancoro— y entrevistó a otros descendientes de los linajes incas. También consultó Informaciones de los conquistadores, cédulas reales, cartas de virreyes y gobernadores y documentos eclesiásticos.
Accedió a las investigaciones realizadas por orden del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete; a la historia incaica encargada por fray Jerónimo de Loayza a Polo Ondegardo en 1559; y a los documentos reunidos durante la investigación de los incas ordenada por el virrey Francisco de Toledo cuya labor realizó Pedro Sarmiento de Gamboa.
Consultó la crónica de Cristóbal de Molina el Cuzqueño sobre los ritos y ceremonias de los incas; la obra de José de Acosta sobre el gobierno y las idolatrías indígenas y los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega.
No se limitó a leer documentos.
En 1610, en el Cuzco, presenció la fiesta de beatificación de San Ignacio de Loyola. Durante la celebración, los descendientes de los incas desfilaron representados por familiares de once antiguos reyes. Allí conoció a don Alonso Topa Ataw, nieto de Huayna Cápac, a quien entrevistó.
Como investigador reunió documentos, testimonios indígenas, obras de otros cronistas y observaciones personales.
Y, sin embargo, surge una paradoja.
A pesar de todo este cúmulo de información ¿Logró describir con claridad quién era Viracocha?
Su obra reúne distintas tradiciones, nombres y atributos de Viracocha que, lejos de ofrecernos una imagen única, parecen hacer todavía más difícil reconocer al personaje.
Y eso es precisamente lo que veremos a continuación.
Índice
1. Descripción de Viracocha según Bernabé Cobo en 1653
¿Qué hizo Bernabé Cobo con el dios Viracocha? ¿Lo describió… o también lo reinterpretó?
La respuesta surge de las propias palabras del jesuita. No presenta a Viracocha de manera neutral. Antes de enumerar sus atributos, descalifica las tradiciones que los transmiten. Y esa forma de proceder resulta fundamental para comprender la imagen que finalmente nos ofrece.
Su descripción permite distinguir tres aspectos que revelan cómo Cobo se enfrentó a la figura de Viracocha: primero, el juicio con el que desacredita la tradición indígena; segundo, los distintos rostros y atributos que ya aparecían en cronistas anteriores; y tercero, la interpretación de Viracocha desde la perspectiva lingüística y religiosa propia de la tradición cristiana.
Tres aspectos que, más que aclarar quién era Viracocha, permiten observar cómo el padre jesuita del siglo XVII intentó comprenderlo.
1.1. La crítica de Cobo antecede a la descripción de Viracocha
Viracocha según Cobo escribe:
«[…] y fingen deste Criador mil disparates, como que no tenía coyuntura en todo su cuerpo, que era ligerísimo, que rompía las tierras con la punta de una vara y luego quedaban cultivadas y dispuestas para sembrarse y que, con sola su palabra, hacía nacer el maíz y las demás legumbres; y otra infinidad de consejas y ficciones deste género». Cobo, B. (1956: Libro VIII, cap. II, p. 150).
Hay algo que llama inmediatamente la atención: Cobo no comienza describiendo a Viracocha; empieza desacreditándolo.
La crítica antecede a la descripción. Para él, aquellas tradiciones no constituyen una expresión religiosa que deba ser comprendida, sino «disparates», «consejas» y «ficciones». De este modo, el lector recibe de inicio una imagen de Viracocha filtrada por la valoración del jesuita.
Afirma que Viracocha podía romper la tierra con la punta de una vara y dejarla cultivada y dispuesta para sembrarse, y que podía hacer nacer el maíz y las demás legumbres con su sola palabra: un dios Viracocha humanizado.
Estos atributos resultan especialmente llamativos. Cobo presenta una imagen en la que Viracocha aparece directamente vinculado con la agricultura y la generación de los alimentos.
¿Se trata de una tradición indígena que Cobo recogió y que no había llegado hasta los cronistas anteriores? ¿O intervino también su propia manera de ordenar e interpretar aquello que escuchaba?
Sea cual fuere la respuesta, ningún cronista lo describe así, estos atributos parecen constituir una elaboración propia de Cobo.
Pero hay un detalle todavía más interesante. No todos los atributos que menciona son nuevos. Algunas características ya habían sido recogidas por cronistas anteriores, como la semblanza del dios Viracocha:
“En medio de las tinieblas espesas de su ignorancia, no dejó la luz de la razón de obrar algo en estos indios; porque, alumbrados della, vinieron a alcanzar y creer que había un Dios Criador universal de todas las cosas y Soberano Señor, y gobernador dellas; aunque fue tan corta y oscura esta noticia, que ni aun vocablo propio con que nombrarlo tuvieron; porque todos los que le daban eran metafóricos, como luego diré […]”. Cobo, B. (Cap. IV).
La cita es una paráfrasis de lo que manifiesta Garcilaso de la Vega. Imita la estructura del Inca escritor con otras palabras.
Y aquí comienza el verdadero problema.
1.2. Cobo y las distintas caras de Viracocha
Habían transcurrido 121 años desde la conquista, entre 1532 y 1653. Para entonces, las tradiciones habían circulado durante generaciones, habían sido recogidas por distintos informantes y habían pasado por el filtro de numerosos cronistas.
Cobo se encontró, por tanto, ante un conjunto de manuscritos que no ofrecían una descripción uniforme ni coherente de Viracocha.
Intentó ordenar aquel laberinto de tradiciones, pero terminó revelando su propio desconcierto. Cada cronista ofrecía un dios Viracocha diferente: distintos orígenes, distintas funciones, distintos nombres y distintos atributos.
Mayor debió ser su perplejidad ante la figura de un dios que parecía cambiar de rostro según la fuente consultada.
No resulta difícil imaginar el desconcierto intelectual que semejante diversidad debió de provocarle.
Menudo dolor de cabeza.
Pero Cobo lo resuelve echando la culpa a los incas tal como remata su narración:
“El fundamento de tantos disparates como vinieron a creer todas estas naciones del Perú acerca de su origen fue causado por la ambición de los incas […]”. Ibíd. (Cap. III, párr. 153520).
1.3. Viracocha interpretado desde la teología cristiana
Pero Cobo no se limita a reunir las distintas tradiciones. También intenta explicar quién era Viracocha desde su propia creencia.
Admite que los incas alcanzaron la noción de una deidad suprema, creadora y soberana, identificada en Viracocha. Sin embargo, considera que ese conocimiento era confuso porque, según su interpretación, la lengua quechua carecía de una voz concreta para designar a Dios.
A partir de esta premisa, entiende que los diversos nombres atribuidos a Viracocha no expresarían una elaboración teológica compleja, sino distintas metáforas parciales acerca de la divinidad. De este modo, la comprensión incaica de Viracocha queda subordinada a los parámetros conceptuales y lingüísticos de la tradición cristiana europea.
Aquí aparece una tercera característica fundamental: Cobo no solo describe a Viracocha; intenta traducirlo a un sistema de pensamiento que no es el suyo.
El resultado es una figura sin contornos definidos. Un Viracocha que aparece entre nombres, atributos y tradiciones diversas, pero cuya verdadera naturaleza continúa escapándose entre las páginas de la crónica.
Y quizá esa sea la paradoja de Cobo.
Después de reunir una cantidad extraordinaria de información sobre el mundo incaico, no consiguió hacer más nítida la descripción de Viracocha.
Finalmente, no dejó una descripción de Viracocha; dejó el testimonio del choque entre una mentalidad europea del siglo XVII y una concepción religiosa incaica que se resistía a ser comprendida mediante conceptos cristianos ajenos a su propio mundo.
2. Reflexiones finales
Cobo no solamente describe a Viracocha: también lo juzga. Cuando afirma que «fingen deste Criador mil disparates» y habla de «otra infinidad de consejas y ficciones deste género», deja de ser un simple transmisor de una tradición y adopta una posición crítica frente a ella.
Como el cronista más tardío de esta serie, no encuentra una única versión de Viracocha, sino una pluralidad de tradiciones acumuladas durante más de un siglo.
En anteriores posts de esta serie hemos encontrado descripciones muy diferentes de Viracocha. Con Bernabé Cobo llegamos a un punto significativo: desacredita las tradiciones que recibe, mientras intenta reconstruir la figura del «Criador». Lo interpreta desde su propia visión religiosa y cultural.
Paradójicamente, registró atributos de Viracocha que no hallamos en otros cronistas y reunió tradiciones que, de otro modo, quizá se habrían perdido. Pero aquello que conservó no llegó intacto.
Habían transcurrido más de ciento veinte años desde la conquista. Las antiguas tradiciones ya habían atravesado generaciones de transmisión, transformaciones y reinterpretaciones. Además, buena parte de la información procedía de personas vinculadas a la antigua élite incaica, cuya memoria había estado expuesta durante décadas al proceso de evangelización. Es posible, por ello, que algunos relatos hubieran incorporado nuevas interpretaciones o adaptado determinados contenidos a las creencias religiosas de la época.
Así, el Viracocha que encontramos es el resultado de un doble proceso: por un lado, la supervivencia de antiguas tradiciones incaicas; por otro, la mirada de un jesuita del siglo XVII que las recibe, las organiza y decide cuáles considerar creencias, cuáles errores y cuáles, sencillamente, «ficciones».
El padre jesuita nos dejó noticias sobre Viracocha, reunió sus atributos y preservó fragmentos de una memoria antigua. Lo que no logró fue comprender ni describir qué significaba realmente Viracocha dentro de la concepción religiosa incaica.
Pero si hasta ahora las descripciones de Viracocha nos han parecido complejas y contradictorias, lo que encontraremos en la serranía de Huarochirí llevará el problema aún más lejos. Porque en un antiguo manuscrito quechua, los Ritos y Tradiciones de Huarochirí, el dios vuelve a cambiar de rostro y reaparece bajo una nueva cara y un nuevo nombre: Cuniraya Viracocha.
Nos vemos en el último post: Viracocha y el Manuscrito de Huarochirí.
3. Referencias
Cobo, B. (1964 [1653]). Historia del Nuevo Mundo. Obtenido de: https://es.scribd.com/doc/50568547.
Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.