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HUANACAURE: el nombre oscuro del CERRO SAGRADO de los incas

HUANACAURE: el nombre oscuro del CERRO SAGRADO de los incas

El cerro Huanacauri tuvo un gran protagonismo en los tiempos míticos de la aparición de los cuatro hermanos Ayar, su fama se prolongó durante todo el tiempo que duró el incanato. Por sus faldas trepó Manco Cápac, Mama Ocllo, sus hermanos y sus ayllus o familias buscando la anhelada tierra fértil para fundar el Cusco.

En Huanacauri celebraron por primera vez la ceremonia de Huarachico o rito de iniciación de guerreros para los jóvenes de la nobleza incaica. Fue una huaca tan estimada como el Coricancha, sin embargo, el significado del nombre quedó olvidado. En este post te informamos cómo se genera el significado histórico del mítico cerro.

Índice

1. Huanacauri: reseña mítica

Después que los hermanos Ayar confinaran en su cueva de origen a Ayar Cachi (ver leyenda de los hermanos Ayar aquí), los hermanos restantes prosiguieron la marcha. Salieron de Quirirmanta que está al pie de un cerro (después nombrado como Huanacauri) y Ayar Manco lo trepó en compañía de sus hermanos.

En el instante que alcanzó la cumbre, surgió un arcoíris muy hermoso, y sobre él, otro más, de manera que el rey quedó en medio de los dos.

El extraño suceso meteorológico causó admiración y fue tomado como un buen presagio. Ayar Manco vaticinó bonanzas y triunfos, en las crónicas de De Sarmiento, P. (1572/1965: párr. 216013) y Pachacuti Yamqui, J. de. (1993) dicen:

“¡Tened aquello por señal que no será el mundo más destruido por agua! ¡Lleguemos allá, y desde allí escogeremos donde habemos de fundar nuestro pueblo!”.

En la narración mítica se percibe el origen de un símbolo religioso de los incas: el Arcoíris, en quechua conocido como Cuychi. Para los incas fue una entidad (no deidad) importante, tuvo un aposento particular en el templo Coricancha tal como referimos cuando abordemos el significado de este templo.

Conforme descendían, Ayar Manco observó a lo lejos que en medio del camino se encontraba una huaca, por lo que ordenó a Ayar Uchu retirarla. El hermano se adelantó y al llegar se sentó en la huaca preguntándole qué hacía allí. La huaca sobresaltada trató de mirar de quién se trataba, pero no pudo, el peso de Ayar Uchu lo impedía. De pronto Ayar Uchu quiso parase, pero no lo logró, las plantas de sus pies estaban pegadas en tierra y había comenzado a petrificarse.

Sus hermanos vieron a lo lejos el problema. Ayar Uchu aceptando su suerte les dijo que se quedaría allí por siempre, como un ídolo petrificado. Solicitó a Ayar Manco como una retribución en virtud a su buena voluntad que le rindan veneración en sus fiestas y honores cuando celebrasen la ceremonia de Huarachico o fiesta de armar caballeros. Exigió que fuera el primero en recibir las ofrendas y lo adorasen como un padre en aquel preciso lugar en que se quedaba.

En memoria y recuerdo del hermano, bautizaron el sitio como Ayar Uchu Huanacauri. La ceremonia del Huarachico tuvo vigencia permanente desde el tiempo de Ayar Manco hasta el arribo de los españoles. Los sacrificios y ofrendas, se dirigían primero al cerro Huanacauri cumpliendo de esta manera lo acordado con el hermano.

2. Significado de Huanacauri

El nombre del cerro con el que tropezó y que después trepó Ayar Manco es el famoso Huanacauri, nombre confuso y difícil de traducir, según Cerrón-Palomino, R. (2013), (2016), una fuente que lo aclara es Sarmiento de Gamboa cuando dice:

“Y partiendo de aquí [Quirirmanta], llegaron al cerro [Huanacauri], que está dos leguas, poco más o menos, del asiento del Cuzco, y subidos a la cumbre, vieron en ella el arco iris del cielo, al cual los naturales llaman guanacauri”. (1572/1965: párr. 216013, ibid.).

Respecto a “guanacauri” Rodolfo Cerrón plantea tres precisiones:

1) Huanacauri no es una palabra del idioma quechua ni aimara.

2) Para los indígenas de esa época, Huanacauri equivalía a decir Arcoíris, y

3) Huanacauri sería una palabra de filiación puquina, compuesta por wana que significa hermoso, flamante, nuevo y kawri que quiere decir arcoíris. Juntando ambas, el nombre del cerro quiere decir hermoso arcoíris.

El planteamiento de Cerrón no es jalado de los pelos, cuenta con el respaldo de la narración mítica anterior y la del cronista collagua Pachacuti Yamqui: suceso cuando Ayar Manco trepa la cumbre del cerro y en la cima aparece un arcoíris y encima otro más, quedando Ayar Manco en medio de ambos. El suceso fue descifrado como un vaticinio favorable que auspiciaba un futuro próspero a las familias y el Arcoíris fue incorporado como escudo incaico.

3. Conclusión

Huanacauri es una huaca originada en el relato mítico de la aparición de dos arcoíris rodeando a Manco Cápac.

En sus lomas queda convertido en una estatua de piedra a Ayar Uchu, bautizado con nombre de Ayar Uchu Huanacauri que quiere decir: Hermoso Arcoíris de Ayar Uchu.

También es el lugar por donde el sol amanece y donde los incas celebraban sus ritos de iniciación de guerreros en honor de Ayar Uchu (ver significado aquí).

4. Referencias

Cerrón, Palomino, R. (2013) Las lenguas de los incas: el puquina el aimara y el quechua. Peter Lang, Frankfurt am Main, Alemania.

Cerrón, Palomino, R. (2016). El lenguaje como hermenéutica en la comprensión del pasado: a propósito del puquina en la génesis del imperio incaico. Diálogo Andino N° 49, páginas 11-27. Obtenido de: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php ?script =sci_arttext&pid=S0719-26812016000100004&lng=es&nrm =iso.

De Sarmiento, P. de. (1572/1965). Historia de los incas. (Segunda parte de la Historia general llamada Indica). Obtenido de: https://es.Scribd.com/document/50568767/SARMIENTO-DE-GAMBOA-Pedro-1572-1965-Historia-de-los-incas-Segunda-parte-de-la-Historia-Ge neral-Llamada-Indica.

Pachacuti Yamqui, J. de. (1993). Relación de Antigüedades deste Reyno del Piru. Estudio Etnohistórico y Lingüístico de Pierre Duviols y César Itier. (Edición facsimilar y transcripción paleográfica del códice de Madrid ed.).

Sáenz, O. (2021): La historia de Viracocha. 1ra Edición, Lima, Perú.

TIAHUANACO: Un nombre con mucho MISTERIO

TIAHUANACO: Un nombre con mucho MISTERIO

¿Qué significa realmente Tiahuanaco? El nombre esconde una historia mucho más compleja de lo que sugiere su escritura actual. Durante siglos, cronistas, viajeros, investigadores y lingüistas han intentado explicar su origen y significado, relacionándola con distintas voces y tradiciones lingüísticas.

Pero ¿El nombre Tiahuanaco conserva realmente su significado original? ¿Es una palabra de origen quechua, aimara o procede de un idioma mucho más antiguo? ¿Qué pudo significar para el pueblo que habitó este territorio antes de la expansión incaica?

En este artículo examinamos las distintas interpretaciones del nombre “Tiahuanaco” y las circunstancias que pudieron alterar su significado original. Porque, en ocasiones, un antiguo nombre puede conservar en sus sílabas la historia de un mundo que ya desapareció.

Índice

1. Antecedentes

Se desarrolló en la altiplanicie del antiguo Perú y tuvo su principal centro en el territorio que hoy corresponde a Bolivia. La sede principal está ubicada a quince kilómetros al sureste del lago Titicaca, a una altura cercana a los 4.000 m.s.n.m. Es una cultura muy longeva, según el arqueólogo boliviano Ponce, C. (1976: 27-38) aparece aproximadamente en 1580 a.C. y se prolonga hasta 1187 d.C. Sorprende su lento y pausado crecimiento cuando lo compara con el rápido e intenso progreso de los incas.

Las primeras noticias fueron recogidas por Pedro Cieza de León, P. (2005: cap. CIV-CV, pp. 262-265), durante su recorrido por el antiguo Collasuyo, describe el clima, la geografía, la fauna y las condiciones de los pueblos que visitó. Refiere a Tiahuanaco como un pueblo de reducida extensión, pero dotado de grandes edificaciones y monumentales construcciones abandonadas y en estado de ruina. La magnitud de estos vestigios despierta su interés y lo lleva a considerar que se encuentra ante una cultura mucho más antigua que la de los incas.

Con el paso del tiempo, una parte importante de este patrimonio desapareció. Ravines, R. (2004: 196) señala que numerosos restos arqueológicos fueron destruidos cuando los colonos se apropiaron de las enormes piedras que formaban sus monumentos, utilizándolas para otras construcciones. Esta práctica ocasionó la pérdida de vestigios que hoy podrían haber ayudado a comprender mejor dicha civilización. A pesar de estas pérdidas, todavía se conservan importantes testimonios de su grandeza. Entre ellos destacan el Kalasasaya, Kantatayata, Pumapunku, la Puerta del Sol, la pirámide de Akapana y diversas estatuas monolíticas.

Y es precisamente ante estos vestigios, que sorprendieron a Cieza de León hace casi cinco siglos, donde comienza nuestro interés por una pregunta fundamental: ¿Qué significado tuvo realmente Tiahuanaco y de dónde procede su nombre?

2. Significado del nombre Tiahuanaco

Ravines, R. (2004: 195-196) señala que esta cultura es tan misteriosa como su propio nombre, pues aparece registrada de distintas maneras: Tiahuanaco, Tiahuanacu o Tiwanaku.

Una de las interpretaciones sostiene que el nombre proviene del quechua y significaría «santuario o asiento de guanacos». Sin embargo, esta traducción ha sido considerada poco apropiada y ha sido desestimada por los historiadores.

Otra propuesta señala que el nombre original habría sido Tiya Huanuk, expresión que significaría «luz moribunda». Esta interpretación estaría relacionada con el culto a un ídolo denominado Ka-Ata-Killa, cuyo nombre significaría «luna menguante». Agustín de Zárate (1555) menciona que el cacique de Tiguamano o Guanaco realizaba ofrendas humanas en honor de dicho ídolo.

Según Cerrón Palomino (2016: 20-21), desde la época virreinal hasta nuestros días se han propuesto diversas explicaciones sobre el origen del nombre Tiahuanaco. Sin embargo, muchas fueron formuladas sin criterios lingüísticos o filológicos sólidos, por lo que no ofrecen una explicación convincente.

Entre ellas se encuentra la curiosa interpretación recogida por el jesuita Bernabé Cobo. Según relata, cuando el Inca se encontraba en Tiahuanaco llegó desde el Cuzco un mensajero que había recorrido el trayecto con extraordinaria rapidez. Al verlo, el Inca le habría dicho:

«Tiay, guanacu», es decir, «Siéntate y descansa, guanaco».

Cobo explica que el mensajero recibió el nombre de guanaco por la rapidez de su viaje, comparándolo con este veloz auquénido andino. Desde entonces, según el cronista, el lugar habría conservado ese nombre, aunque con algunas modificaciones en su pronunciación.

Una anécdota transmitida por un cronista no necesariamente explica el verdadero origen de un topónimo. Para aproximarnos a él debemos preguntarnos qué lengua hablaba la población que dio origen al nombre y qué significaban originalmente sus palabras.

Tiahuanaco ha sido interpretado tradicionalmente desde el quechua. Sin embargo, esta explicación presenta dificultades tanto semánticas como cronológicas. Si el nombre corresponde a un lugar cuya antigüedad es muy anterior a la expansión del quechua y probablemente también del aimara, resulta necesario buscar una lengua más antigua del altiplano.

Cerrón Palomino propone identificar la primera parte del nombre, <tia>, con <thiya>, voz registrada por el jesuita Ludovico Bertonio con los sentidos de «lugar o parte muy lejos», «el fin» o «término del mundo». Bertonio incluso registra la expresión <thiya marca>, «pueblo que está en los confines del mundo». Aunque la voz aparece documentada en aimara, Cerrón considera posible que su origen sea más antiguo y corresponda al puquina.

Queda entonces por explicar <huanaco>. Cerrón descarta su relación con el quechua <huanacuk>, «el que se corrige o enmienda», debido a la antigüedad y localización del topónimo. Propone, en cambio, buscar sus componentes en el puquina y dividirlo en <huana> + <co>.

El elemento <huana> encuentra paralelos en antiguas fuentes vinculadas al puquina. Oré registra <vana>, «nuevo», mientras que el callahuaya presenta <wani>, «flamante, nuevo», y <wana>, relacionado con «adorno». Estos registros permiten vincular <huana> con la idea de algo nuevo o renovado.

Más problemática resulta la terminación <co>. Cerrón propone relacionarla con <coa>, voz de filiación puquina registrada por Oré con el significado de «ídolo» y vinculada a la idea de divinidad o santuario.

A partir de estos elementos, Cerrón Palomino reconstruye la forma thiya wana-quwa, cuya interpretación sería: «La divinidad nueva del confín».

Con el paso del tiempo, la pronunciación habría sufrido modificaciones hasta dar lugar a la forma conocida como Tiahuanaco.

La propuesta de Cerrón Palomino no constituye una certeza definitiva, sino una reconstrucción lingüística que busca explicar un topónimo posiblemente anterior al quechua y al aimara.

Pero si esta interpretación fuese correcta, Tiahuanaco no sería únicamente el nombre de un lugar. Su propia estructura podría conservar la memoria de una antigua divinidad del altiplano.

Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿A qué divinidad se refiere ese antiguo nombre?

3. Fundamento mítico del nombre

En Tiahuanaco ocurrieron acontecimientos míticos profundamente relacionados con el dios Viracocha. Según los cronistas, la divinidad apareció en las inmediaciones del lago Titicaca después de un período de oscuridad y dio inicio a la creación del mundo.

Fue allí donde se estableció el orden del Mundo Alto (Hanan Pacha) y del Mundo Bajo (Hurin Pacha); aparecieron el Sol, la Luna y las estrellas, y Viracocha creó a los seres humanos, representándolos en piedra según sus respectivos géneros. Por ello, Tiahuanaco se presenta como uno de los principales escenarios míticos de Viracocha y como un lugar fundamental en el origen de la tradición incaica.

Dentro de esta concepción, los incas habrían reconocido dos confines en el mundo: uno hacia el occidente, en el lugar donde el Sol desaparece sobre el océano Pacífico, y otro hacia el oriente, en las inmediaciones del lago Titicaca, donde Viracocha habría aparecido.

Es precisamente aquí donde la interpretación «la divinidad nueva del confín» adquiere un sentido particularmente sugerente. Si <thiya> alude a un lugar lejano o confín y <huana> se relaciona con lo nuevo o flamante, el nombre podría estar haciendo referencia a una divinidad asociada con el confín del altiplano.

Pero existe una posibilidad todavía más interesante. Lo nuevo o flamante podría relacionarse con el Sol naciente, que cada día aparece por el horizonte oriental, precisamente en el extremo del mundo conocido. De este modo, el nombre Tiahuanaco podría estar vinculado no solamente con una divinidad, sino con la manifestación renovada de esa divinidad en el lugar donde nace la luz.

Si esta interpretación es correcta, «La divinidad nueva del confín» dejaría de ser una simple explicación etimológica para adquirir una profunda correspondencia con el mito de Viracocha y con la concepción incaica de los confines del mundo.

4. Reflexiones finales

Durante siglos, el significado del nombre Tiahuanaco ha permanecido envuelto en interpretaciones que, en muchos casos, intentaron explicarlo desde el idioma quechua o mediante relatos transmitidos por los cronistas. Sin embargo, al examinar su antigüedad y su ubicación en el altiplano, esas explicaciones presentan dificultades que obligan a mirar más atrás, hacia las lenguas que existieron antes de la expansión del quechua y del aimara.

La propuesta de Cerrón Palomino ofrece una vía diferente. Al relacionar <thiya> con la idea de confín o lugar lejano, y <huana> con nuevo o flamante, para finalmente vincular <coa> con divinidad, reconstruye una expresión que podría haber dado origen al nombre:

thiya wana-quwa

Su posible significado sería: «LA DIVINIDAD NUEVA DEL CONFÍN»

Pero lo sorprendente aparece cuando esta interpretación lingüística se confronta con la tradición mítica asociada a Tiahuanaco.

El mítico lago Titicaca y sus inmediaciones aparecen en las antiguas tradiciones como el lugar fundamental de la aparición de Viracocha, el Hacedor. Allí comienza el ordenamiento del mundo, aparecen los astros y se establece la separación entre el Mundo Alto y el Mundo Bajo. No se trata, por tanto, de un lugar cualquiera dentro de la geografía sagrada de los Incas.

Además, dentro de la concepción de los confines del mundo, el occidente era el lugar donde el Sol desaparecía y el oriente, situado hacia el Titicaca, era el lugar donde volvía a aparecer. De esta manera, la expresión «la divinidad nueva del confín» adquiere una dimensión que va mucho más allá de una simple descripción geográfica.

Lo nuevo, lo flamante, es aquello que vuelve a manifestarse. Y el Sol vuelve cada día a aparecer por el confín oriental.

¿Podría entonces el antiguo nombre de Tiahuanaco conservar la memoria de una divinidad vinculada con el nacimiento renovado de la luz?

No podemos presentar esta interpretación como una certeza absoluta. La distancia temporal, la desaparición del puquina como lengua viva y la escasez de registros directos impiden una demostración definitiva. Pero tampoco podemos ignorar la extraordinaria coincidencia entre la estructura lingüística propuesta, la geografía sagrada del altiplano y el mito de Viracocha.

Quizá Tiahuanaco nunca fue simplemente el nombre de una ciudad.

Quizá su nombre conservó, durante siglos, una idea religiosa mucho más antigua: la presencia de una divinidad que aparece en el confín del mundo y que, como el Sol, vuelve a manifestarse después de la oscuridad.

Y si esto fuera así, detrás de la palabra Tiahuanaco no hallaríamos únicamente el nombre de una antigua civilización. Encontraríamos la memoria de una divinidad.

Y esa posibilidad abre una última pregunta: ¿Fue Tiahuanaco realmente el lugar donde nació la tradición de Viracocha?

5. Referencias

Cerrón, Palomino, R. (2016). El lenguaje como hermenéutica en la comprensión del pasado: a propósito del puquina en la génesis del imperio incaico. Diálogo Andino N° 49, páginas 11-27. Obtenido de: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-26812016000100004&lng=es&nrm=iso.

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú el señorío de los incas. Caracas, Venezuela: Fund. Biblioteca Ayacucho. Obtenido de: http://www.biblioteca.org.ar/libros/211665.pdf.

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

Ponce, C. (1976). Tiwanaku: Espacio, tiempo y cultura (3ra. ed.). La Paz, Bolivia: Ediciones Pumapunku.

Ravines, R. (2004). Enciclopedia de la HISTORIA GENERAL DEL PERÚ. T. 2 Las culturas preincas. (2da. ed.). Lima, Perú.

El NOMBRE que le ARRANCARON el CORAZÓN

El NOMBRE que le ARRANCARON el CORAZÓN

Como sucedió con otros nombres quechuas que designan a los pueblos del Perú, el de Chongoyape sufrió una mutación en su estructura literal y dicción, perdiéndose su verdadero significado en el tiempo y la historia.

En este post indagamos las causas del origen del nombre tratando de descubrir sus raíces quechuas, para definir la verdadera estructura literal y proponer un posible significado. La ubicación del pueblo sugiere vínculos ligados con la cultura mochica.

Empecemos:

Índice

1. Ubicación de Chongoyape

Si nos hallamos en Chiclayo (costa norte del Perú) y deseamos visitar Chongoyape, podemos transportarnos mediante una vía de penetración a la sierra que atraviesa diversos poblados y añejas cooperativas como: Pomalca, Tumán, Pátapo, Pampa Grande, La Puntilla, Tablazos etcétera.

Antes de llegar al pueblo, hacia la mano izquierda se halla el reservorio mal llamado Tinajones, según Sáenz, W. (1988) debió ser bautizado con el nombre del pueblo chongoyapano. La pared de la represa es enorme, colinda con la carretera, la conocimos allá por los años 1965, hoy día, el muro de contención pasa inadvertido, como que se confunde con el paisaje y la vegetación adherida a sus paredes, se exhibe como una pequeña meseta involucrada con el entorno natural entre cerros y lomas.

Antes de ingresar al pueblo debemos transitar por un riachuelo de ramalillos dispersos un tanto ancho bautizado con el nombre de Juana Ríos.

Chongoyape está a 60 kilómetros de Lambayeque, entrando a la sierra, es la antesala para llegar a Chota y Cajamarca, tiene un clima templado, se ubica a una altitud de 248 m.s.n.m.

2. Los apus del pueblo de Chongoyape

Cuenta el historiador Walter Sáenz Lizarzaburu, ―rememorando a Antonio Raimondi― que, el pueblo se encuentra engarzado en medio de un semicírculo de cerros que absorben y reflejan la luz solar, causando que se eleve la temperatura y provocando un calor insoportable.

El pueblo cuenta con apus protectores: uno es el cerro Rakarumi, otro el cerro Mulato que destaca por su arte rupestre y el cerro Chaparrí, de estos últimos nace una antigua leyenda que en otro post comentaremos.

Chongoyape está emplazado en las faldas del cerro Rakarumi, voz compuesta por dos palabras quechuas: raka cuyo significado es rajado y rumi que es piedra, quiere decir: piedra rajada. Hace honor a su conformación pétrea: es un montículo enorme de piedras resquebrajadas.

3. Significado del nombre Chongoyape

Chongoyape es el nombre del pueblo donde nacieron nuestros padres. Siempre nos interesó saber ¿por qué el nombre comienza con la palabra chongo? Voz cuyo significado es antro o lugar de mala reputación, tal acepción nos causaba malestar.

Investigando el libro de Walter Sáenz L. titulado Racarrumi hallamos que, el nombre fue afectado con una mala traducción e interpretación por los españoles. Investigando sus fuentes, Sáenz halló en el libro Topónimos quechuas del Perú de Max Espinoza Galarza que el nombre fue Sonqollapij, deformado después como Chongoyape. Sonqo significa corazón y llapij quiere decir lo que estruja. Entonces, Sonqollapij significaría:

“El o lo que roba el corazón; que hace perder los estribos. Alude a la hermosura de sus mujeres. Es barbarismo decir Chongoyapi. Debe corregirse” (sic).

La explicación, sin embargo, no nos satisfizo. Los pueblos indígenas no nombraban lugares al azar ni por galantería poética: los topónimos respondían a la geografía, a hechos históricos, o a acontecimientos mítico-rituales que marcaban el territorio y lo individualizaban. Un nombre es una cicatriz del pasado, no un cumplido.

La duda persistió hasta que la memoria visual habló. Recordamos ciertas imágenes de huacos mochicas: ceramios donde los artistas representaron una escena brutal y sagrada a la vez. Un chamán o sacerdote enmascarado abre el pecho de un prisionero y extrae su corazón, aún palpitante. No es metáfora. Es rito. Es poder. Es ofrenda.

Chongoyape queda cerca del lugar donde descubrieron las tumbas del Señor de Sipan y también del complejo arqueológico Batan Grande (o Sican) capital política y religiosa de la cultura mochica, lugar donde realizaban ritos y ceremonias religiosas. En dicho territorio se ubican templos y pirámides, también hallaron enterrados más de cincuenta hornos para fabricar cerámica.

Con el dibujo supusimos que, en el pueblo de chongoyapano sacrificaban humanos arrebatando el corazón de los prisioneros, tal puede ser el verdadero significado del pueblo natal de nuestros padres.

4. Información adicional

 

Si requieres información adicional acerca de Chongoyape la hallarás con Walter Sáenz Lizarzaburu hijo ilustre del pueblo, escribió dos libros en vida y le quedaron otros en el tintero: uno, titulado Racarrumi que narra la historia del pueblo chongoyapano y el otro, La fundación de Chiclayo, donde expone la hipótesis de que la ciudad nunca fue fundada, se asentó por la conglomeración de comerciantes de diversas zonas aledañas. Aquel que quiera rebatir tal hipótesis tendrá que presentar el acta de fundación. A la fecha no ha aparecido el documento persistiendo la hipótesis en el tiempo.

5. Conclusión

La transformación de Sonqollapij a Chongoyape no debe extrañarnos, la gran mayoría de antropónimos y topónimos del Perú ha sufrido una fuerte erosión que modifica su esencia sintáctica y deforma las reglas correctas de pronunciación y escritura. Esta realidad, lejos de asustarnos, nos alienta a investigar la historia del Perú antiguo a partir del verdadero significado de las palabras quechuas. Es un trabajo arduo pero necesario si queremos comprender el pensamiento andino a partir del idioma madre y otros idiomas nativos.

6. Referencia

Sáenz, W. (1988). Racarrumi. 2da. Edición. Lima, Perú.