Seleccionar página
Pachacuti Yamqui: ¿Cronista FALSO o VÍCTIMA de la historia?

Pachacuti Yamqui: ¿Cronista FALSO o VÍCTIMA de la historia?

Investigadores modernos han criticado con severidad a Pachacuti Yamqui, su crónica fue hallada junto con los papeles del extirpador de idolatrías, el padre don Francisco de Ávila, se especula que tuvo intervención en el relato, perdiendo el latido incaico del contenido. También se hallaron diversas anomalías en uno de sus dibujos, donde trazó aparentes símbolos cristianos (dos cruces) perdiendo veracidad. Asimismo, algunos relatos del cronista evidencian filiación cristiana que confunde a los estudiosos del tema.

Pensamos que las críticas no han sido lo suficientemente cautelosas y son injustas, razón por la que han derivado en interpretaciones y conclusiones en algunos casos confusas y en otros poco o nada certeras. Como resultado de todo lo anterior se ha desacreditado el contenido de la crónica con el desprestigio del cronista.

En el afán de conocer la verdad de Pachacuti Yamqui, en este post analizamos cómo se originan los criterios que terminan minando su credibilidad durante tanto tiempo.

Índice

1. Breve biografía de Pachacuti Yamqui

En las postrimerías del siglo XVI, un cronista indígena de origen collagua, escuchó desde muy pequeño relatos arcaicos de la gentilidad de esos tiempos vinculados al imperio incaico: nos referimos a Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua.

Fue un indígena de procedencia aimara, descendiente de don Diego Felipe Condorcanqui y doña María Guayrotari, nacido en el ayllu o comunidad formada por dos mitades: Santiago del Alto Guaygua y Bajo Guaygua Chanchi de Orcosuyo, sitio ubicado entre Canas y Canchis, de la antigua y desaparecida región incaica del Collasuyo.

No poseemos reseñas sobre su educación y menos de su vida, excepto lo expresado en su crónica. Desconocemos la fecha de su nacimiento y de su muerte. Sí sabemos que fue descendiente de una noble familia aimara y que sus antepasados fueron curacas principales de los pueblos mencionados.

Sabemos también que concurrieron al tambo de Cajamarca como testigos presenciales de los inicios de la conquista, donde se declararon conversos al cristianismo, con el tiempo modificaron su actitud religiosa hasta transformarse en extirpadores de idolatrías, enemigos de las prácticas idólatras, hostiles a los cultos y ritos nativos, rastreadores de hechiceros, destructores de ídolos y huacas o lugares sagrados indígenas. Su vehemencia llegó incluso a castigar a los indígenas de esas provincias por ejercer idolatrías al sol y demás sortilegios reñidos con la nueva religión impuesta por los españoles.

2. Datos de la crónica de Pachacuti Yamqui

Pachacuti Yamqui, motu proprio, reconoce, acepta y vive según los preceptos de la iglesia católica. No obstante, siendo niño escuchó y asimiló las historias del tiempo de los incas, para luego escribir una crónica titulada Relación de Antigüedades deste Reyno del Piru. La obra narra la historia de los incas, incluye un dibujo donde bosqueja diversos símbolos encajándolos al interior de un retablo que simula ser el templo Coricancha (ver dibujo abajo).

Destaca entre los símbolos la imagen de Viracocha (ver post de Viracocha aquí) porque lo presenta como el principal dios de los incas, afirmación contradictoria con lo señalado en la historia del antiguo Perú: siempre se transmitió que la principal divinidad fue el Inti o Sol.

Si examinamos el dibujo con detenimiento, percibimos que Viracocha fue un dios muy importante para Pachacuti Yamqui, porque lo representa plásticamente como un inmenso óvalo y lo ubica ocupando un lugar preponderante en el folio de su elaboración. La imagen se encuentra escoltada a la derecha por el Inti o Sol y a la izquierda por la Killa o Luna, y a su alrededor lo circundan diversas estrellas; una disposición en el cosmos evocadora de la jerarquía y trascendencia del misterioso dios incaico. (si deseas conocer el significado del dibujo haz clic aquí).

Su crónica no fue editada, estuvo archivada en España por más de dos siglos y medio (desde 1613), aunque desconocemos las razones de tal displicencia. Fue encontrada, traducida al inglés y editada por primera vez por Clements R. Markham, en Londres, allá por el año 1873. Pocos años después, Marcos Jiménez de la Espada la publicó en 1879, en Madrid. La crónica fue incluida en un libro titulado Tres relaciones de antigüedades peruanas, cuyo contenido incluye en conjunto tres crónicas, la última de las cuales incumbe a Pachacuti Yamqui.

El libro incorpora una carta introductoria escrita por Jiménez de la Espada, M. (1879: XLIV). El erudito español refiere que la crónica fue hallada en un tomo cuya relación contenía los manuscritos de Francisco de Ávila. Dicho volumen fue parte de la colección de la biblioteca personal del padre Florez, de quien se desconoce cómo llegó a poseerla. Hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

3. La relación de Pachacuti con Francisco de Ávila

Una pista de esta relación aparece cuando Marcos Jiménez reseña la crónica de Pachacuti Yamqui, señala como una posible fecha de su escritura el año 1613, tal como lo explica en la siguiente cita:

“La circunstancia de encontrarse junto con otros MSS. [manuscritos] del Dr. Francisco de Ávila, y anotado además por el sabio visitador, sobre abonar su interés, nos presta alguna luz acerca de la fecha en que debió escribirse, y que yo pongo no lejos de los años de 1613, en que el P. de Ávila terminaba de su puño un extracto de la serie genealógica de los incas según los comentarios de Garcilaso de la Vega y comenzaba la primera de las visitas que le encargó el arzobispo de Los Reyes […]”. Jiménez de la Espada, M. (1879: XLIV).

El cronista ha sido muy cuestionado por los intelectuales modernos, la pesadilla de Pachacuti Yamqui comenzó allá por 1927 por los comentarios tendenciosos escritos por Roberto Lehmann.

Lehmann, R. (1927), en su monografía titulada Coricancha. El templo del sol en el Cuzco y las imágenes de su altar mayor, atribuye de manera tenaz al extirpador don Francisco de Ávila intrusiones en los manuscritos de Pachacuti, puesto que la crónica fue descubierta junto con los escritos del extirpador formando un códice: el 3169 de la Biblioteca Nacional de Madrid.

 

Como consecuencia de tal hallazgo, Lehmann señala una expresa manipulación de la crónica y del dibujo, pero no explica cómo se originaron las alteraciones introducidas ni si los cambios la desnaturalizaron. Tampoco revela cuál fue el fin que se obtuvo con ello; todo el embrollo es una cuestión sin ninguna respuesta para Lehmann, limitándose a acusar sin fundamentar las razones que lo inclinaban a pensar así.

Sin embargo, la opinión maltrató la credibilidad de la crónica y, por ende, perjudicó la imagen del cronista collagua.

A nuestro entender, hubo cierta confusión en la comprensión de Lehmann. La cita aludida anteriormente nos ayuda a aclarar el tema cuando dice:

“La circunstancia de encontrarse junto con otros MSS. [manuscritos] del Dr. Francisco de Ávila, y anotado además por el sabio visitador, sobre abonar su interés […]”.

La cita en cuestión revela tres asuntos:

1) Indica que la crónica de Pachacuti estaba incluida junto con los manuscritos de Ávila.

2) Dice que la crónica de Pachacuti contenía anotaciones de Ávila y

3) Manifiesta un real interés de Ávila por participar en lo escrito por Pachacuti.

El tercer asunto revela por qué Lehmann atribuye alteraciones a la crónica de Pachacuti, sin embargo, Jiménez de la Espada aclara el enredo cuando narra cierto hábito del padre Ávila de traducir escritos originales quechuas de tradiciones indígenas sin nombrar a sus autores, tal como ocurrió con el manuscrito de Huarochirí.

A tal respecto Jiménez dice:

“[…] pues de su contenido viene á resultar que Francisco de Ávila no lo escribía todo de su cosecha, sino que traducía, adicionándolo é ilustrándolo con propias observaciones, un texto original recogido de personas que habían vivido en los errores y ritos de la gentilidad peruana […]”. (1879: XLIV, XXXV).

La cita delata al padre Ávila. Su condición de prelado le permitía solicitar u ordenar escribir a los indígenas feligreses acerca de sus antiguas tradiciones. Terminados los escritos, eran cedidos al extirpador, entonces los traducía, editaba y presentaba como propios olvidándose de nombrar al autor.

Una de sus víctimas fue el cronista Pachacuti Yamqui. Al parecer, Ávila se adjudicó sus textos pensando traducirlos y editarlos, razón por la que los escritos de Pachacuti Yamqui se hallaban en su poder. Jiménez de la Espada descubrió la felonía en los manuscritos de Huarochirí de Ávila y lo delató: Ávila, al ser natural del Cuzco, conocía el quechua y podía traducirlos fácilmente.

Por otro lado, Lehmann no leyó completo o ignoró el contenido introductorio de Jiménez de la Espada.

Siendo distinta la realidad de los hechos y por las razones expuestas, levantamos los cargos en contra de Pachacuti Yamqui por la infamia sufrida durante tanto tiempo.

4. Las críticas de Lehman a la crónica de Pachacuti Yamqui

Pero lo anterior no fue el único problema asumido post mortem de Pachacuti. Algunos académicos modernos al analizar el dibujo señalan la inclusión de un par de símbolos vinculados con la religión católica, porque aparentemente muestra dos cruces cristianas: una en el pináculo del retablo (ver dibujo) conformada por cinco estrellas, y la otra, por la unión intencional de cuatro estrellas (en el medio) formando una cruz con el nombre de Chakana en general. Además, cuando los estudiosos examinaron las imágenes, hallaron ciertas incoherencias en algunos escritos y símbolos que perjudicaban la crónica.

Nos preguntamos: ¿Tendrán razón los investigadores o será otra patraña más?

No todo está en contra de Pachacuti Yamqui. También hubo un error de larga data originado en la monografía de Lehmann que se ha mantenido de modo incesante en el tiempo y ha sido arrastrado por los investigadores modernos. El error se presenta por una opinión superficial expresada en dicha monografía cuando indica que el dibujo de Pachacuti estaba colocado en la pared principal o testero del templo Coricancha. Hemos leído varias veces la crónica de Pachacuti y no dice lo que dicen que dice. Hasta donde hemos podido indagar, la crónica no expresa tal versión. Una vez más, todo la confusión se origina en la monografía de Lehmann, R. (1927) cuando expresa lo siguiente:

“Entre los documentos más importantes sobre el templo del sol y especialmente su altar mayor, hay uno que fue publicado ha cincuenta años, pero no reconocido en su importancia fundamental: la Relación del yamqui don Joan de Santacruz Pachacuti, con datos breves sobre el edificio del templo y con un dibujo de su altar mayor”. (56). (el subrayado es nuestro).

La cita señala que el dibujo de Pachacuti está representado en el altar mayor del templo Coricancha. Por las crónicas entendemos que en dicho altar los incas colocaron la imagen del Sol, criterio avalado en la narración de diversos cronistas. Sin embargo, Lehmann asume la presencia de otras imágenes en el altar al expresar lo siguiente:

“La relación del yamqui don Joan de Santacruz Pachacuti, va a revelar entonces que en aquella pared había todavía muchas otras imágenes y representaciones […]” Ibid. (1957:56).

Estamos pues ante una interpretación errónea de Lehmann.

Pero:

¿Cómo obtiene la información de que el dibujo de Pachacuti representa el altar mayor del templo Coricancha?

En la monografía hallamos la respuesta. Lehmann leyó una carta de Jiménez de la Espada y halló dos comentarios declarados en el Congrés International des Américanistes celebrado en Bruselas en 1879, donde Jiménez dejó escrito lo que sigue:

“[en un] «dibujo a pluma», «figura un testero [pared] del gran templo del Cuzco, donde están representados los astros y meteoros [sic] adorados por los súbditos de los incas»” (58).

Finalmente, concluye Lehmann:

“Todos los autores posteriores [a Jiménez] que se han ocupado de la lámina de Pachacuti no se han dado cuenta de que representa el «testero» del templo del Sol […]” (58).

De modo que la causa que originó la opinión de Lehmann fue un antiguo comentario de Jiménez de la Espada asumido como cierto por R. Lehmann y persistido como tal por los académicos modernos basados en los comentarios de Lehmann.

Nuestra opinión es contraria a Jiménez y Lehmann por varios motivos:

1) La crónica de Pachacuti Yamqui no expresa la opinión revelada por Jiménez de la Espada; en todo caso, es una opinión personal de lo que Jiménez creyó, sin ningún sustento en la crónica.

2) Cuando Pachacuti Yamqui narra el contexto en que incluye su dibujo, fue en el gobierno de Mayta Cápac. Ante la cercanía de la fiesta del Cápac Raymi o Fiesta del Señor, el soberano reedificó el templo Inticancha y ordenó renovar la plancha u óvalo de Viracocha fijándola en el mismo sitio donde estuvo.

Luego el cronista dice:

“[…] y en toda la redonda o rrededor de la plancha dicen que puso [desta manera] que allá detrás los pondré para que los vea lo que «aquellos» gentiles”.

La frase [desta manera] ha sido tachada y no se incluyó en el texto, excepto por la nota (3) al pie de página que dice: “Tachado: desta manera”. Al parecer, Pachacuti pensó incluir en ese espacio el dibujo, pero luego se rectificó para colocarlo más adelante. No menciona alguna pared ni menciona dibujo alguno en el altar mayor del templo.

En el supuesto de que el dibujo pertenezca a la época de Mayta Cápac y que así permaneciera hasta la llegada de los españoles, estaríamos aceptando que Mayta Cápac (4.° soberano) conocía que el mundo era redondo, tal como lo dibuja Pachacuti.

Tomando en cuenta otro aspecto: en la parte baja del dibujo, Pachacuti trazó un rectángulo y lo cuadriculó en pequeños cuadrados, símbolo de la qollqa o almacén, que no existían aún en la época de Mayta Cápac, sino que fueron creadas por el inca Pachacútec (9.° inca), de manera que ambos absurdos echan por tierra cualquier presunción de que hubiera alguna plancha con las imágenes del dibujo en el altar mayor del templo y que perteneciera a la época de Mayta Cápac.

3) Un argumento adicional es la descripción del templo Coricancha. Garcilaso de la Vega describe la existencia de seis aposentos: del sol, de la luna, de las estrellas, de Illapa y de Cuychi o el arcoíris; y el último, del sumo sacerdote. Todos los aposentos, excepto el del sacerdote, están representados en el dibujo de Pachacuti, pero con imágenes, como dándonos a entender que su dibujo es una síntesis de lo que albergaba el templo.

En nuestra opinión, no tiene ningún sustento la declaración de Jiménez de la Espada, que presumimos fue una expresión muy personal, sin ningún fundamento histórico ni mítico que avale tal opinión, error que Lehmann asumió por cierto y se propagó como innegable en épocas modernas.

5. El óvalo de Viracocha

Entrando en otro tema: cuando observamos el dibujo de Pachacuti Yamqui, salta a la vista el gran óvalo que representa al dios Viracocha; no obstante, y en contra de lo que muestra el dibujo, los cronistas hicieron la descripción del dios a partir del relato de sus fuentes, dando como resultado la imagen de una deidad creadora, hacedora, ordenadora y bienhechora del mundo incaico; otros lo detallan como un ser humano con cabello corto, barbas crecidas y vistiendo una túnica larga hasta los pies.

Entonces, nos preguntamos:

¿Qué tiene que ver todo eso con el óvalo? Ningún cronista lo describe así, salvo Pachacuti Yamqui. ¿Por qué lo dibuja así? ¿Cuál es el significado del óvalo?  

Además, el óvalo está acompañado por una veintena de imágenes y diversos escritos. Algunas de ellas son fácilmente comprensibles como el Sol o Inti y la Luna o Killa; pero de otras obtenemos una identidad confusa, como los ojos de ymaymana y las constelaciones que lo rodean, tal como puede apreciarse en la ilustración anexada líneas arriba.

A pesar de los deslices creados en su contra y de ciertos absurdos hallados en su crónica, el óvalo de Viracocha y el dibujo de Pachacuti Yamqui dejaron de ser un enigma incaico sin resolver, su significado ya no es un misterio. En nuestro libro Viracocha el sol de soles (ver aquí) desciframos el enigma del óvalo y de cada una de las imágenes que lo escoltan para después interpretarlo.

El lector hallará en el libro una explicación muy sustentada del dibujo y una interpretación que tiene como fundamento las crónicas, los estudios etnográficos, hallazgos arqueológicos y estudios modernos como herramientas históricas. El libro revela una historia distinta a la que hemos aprendido.

6. Conclusiones

1) La crónica de Pachacuti Yamqui es un documento original que proviene de los recuerdos memorizados por tradición familiar del cronista.

2) No existe evidencia que sus escritos hayan sido corregidos por el padre Francisco de Ávila.

3) El dibujo de Pachacuti Yamqui no representa los símbolos que había en una pared del aposento del Sol del templo Inticancha, por lo tanto, no debemos  difundir dicha opinión como cierta.

4) Respecto al significado de los símbolos de las dos cruces, del óvalo de Viracocha y demás figuras del dibujo del cronista, por ser un tema tan extenso, los remitimos al libro Viracocha el sol de soles de la referencia (o ver aquí). El lector encontrará la explicación de cada uno de los símbolos que, a nuestro entender, representan una genuina expresión incaica no reconocida hasta ahora.

5) Levantamos todas las críticas en contra de la crónica de Joan de Santacruz Pachacuti Yamqui por carecer de fundamento.

7. Referencias

Jiménez de la Espada, M. (1879). Tres relaciones de antigüedades peruanas. (1879 ed.). Ministerio de Fomento. España.

Lehmann, R. (1927). Coricancha – El templo del sol en el Cuzco y las imágenes de su altar mayor. Argentina.

Pachacuti Yamqui, S. J. (1993). Relación de antigüedades deste Reyno del Pirú. (Con edición facsimilar del códice de Madrid. Edición de César Itier, estudio y comentario histórico de Pierre Duviols, estudio, comentario lingüistico y edición de César Itier ed.). Madrid, España: Instituto Francés de Estudios Andinos – Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas.

Sáenz, O. (2021). Viracocha el sol de soles. 1ra. Edición. Lima, Perú.

GARCILASO: ¿Por qué ESFUMÓ al dios VIRACOCHA?

GARCILASO: ¿Por qué ESFUMÓ al dios VIRACOCHA?

El relato de Garcilaso no acepta al dios Viracocha como deidad inca ni coincide con la narración de otros cronistas. El inca escritor lo justifica culpando a indígenas y españoles por desconocer la lengua quechua cuando se refieren al dios Viracocha. Pero, la realidad es distinta, tiene motivos ocultos que lo inducen a no reconocer la identidad y naturaleza de Viracocha como dios incaico.

Los Comentarios Reales revelan una historia distinta de Viracocha, con destreza literaria Garcilaso no admite al dios Viracocha y ridiculiza su deidad cuando lo califica como “una fantasma” (sic) e introduce a Pachacámac como dios incaico. En este post analizamos por qué Garcilaso no acepta al dios Viracocha como deidad de los incas.

Índice

1. Garcilaso no admite al dios Viracocha

Atrae nuestra atención que Garcilaso de la Vega, I. (1985: 48-199) no acepte temas vinculados con Viracocha. Por ejemplo, cuando comenta la frase Tici Viracocha dicha por los indígenas a los españoles, indica lo siguiente:

“Los indios no saben de suyo o no usan dar la relación destas cosas con la propria significación y declaración de los vocablos, viendo que los cristianos españoles las abominan todas por ser cosas del demonio, y los españoles tampoco advierten en pedir la noticia dellas con llaneza, antes las confirman por cosas diabólicas como las imaginan. Y también lo causa el no saber de fundamento la lengua general de los Incas para ver y entender la deducción y composición y propria significación de las semejantes dicciones. Y por esto en sus historias dan otro nombre a Dios, que es Tici Viracocha, que yo no sé qué signifique ni ellos tampoco”.

Observamos datos que fundamentan que Garcilaso no acepte al dios Viracocha, los sintetizamos así:

1) Los indígenas desconocen el auténtico significado de las voces quechuas.

2) La actitud española es reprobar las explicaciones indígenas por proceder del demonio.

3) Los españoles desconocen el fundamento del idioma quechua.

4) Los españoles consignan en sus crónicas Tici Viracocha con significado de Dios, frase incomprensible para Garcilaso y los españoles.

¿Será una farsa Viracocha? ¿Justifica culpar a indígenas y españoles por desconocer el quechua? ¿Son ciertos los argumentos de Garcilaso?

El cronista desautoriza a los indígenas por no comprender el idioma quechua y a los españoles por su pobre traducción. Pero, desconoce el significado de Tici Viracocha ¿Sera que Garcilaso no reconoce al dios Viracocha?.

2. La fuente de Garcilaso: Cieza de León

En Cieza de León, P. (2005: Parte 2, Cap. V, 305-308) hallamos la respuesta a la opinión de Garcilaso, sus comentarios son en base a Cieza, que es un cronista probo, pero con omisiones en sus relatos, él dice:

“REÍDOME de lo que tengo escrito de estos indios, yo cuento en mi escritura lo que ellos a mí contaron por la suya y antes quito muchas cosas que añadir una tan sola”. Ibid. (2005: Parte 2, Cap. VIII, 315).

Cieza omite sucesos incaicos, no capta la esencia de la cultura incaica, por eso, suprime lo que no entiende y mutila sucesos de Viracocha. Además, tiene vicios de redacción, escribe mal las palabras quechuas, redacta vocablos impropios del habla nativo, por esta razón, no aprendió el idioma como algunos de sus colegas.

Sáenz, O. (2021a) expresa que Cieza descartó abundantes datos por considerarlo ficción o no entenderlos y es la explicación de omitir sucesos vinculados a Viracocha, que aparecen en los relatos de sus colegas. Cieza es la principal fuente para la crítica de Garcilaso en este relato. Por eso Garcilaso no acepta al dios Viracocha.

El inca escritor se educó en el seno de una familia real cusqueña, sin embargo, Garcilaso ignora el significado de Tici Viracocha. Nombre que obtiene de la crónica de Cieza cuando dice:

“[…] Generalmente le nombraban en la mayor parte Ticiviracocha […]” Ibid. (2005: Parte 2, Cap. V, 305).

En otro pasaje dice Cieza:

[…] y aunque por fama que tiene de lo pasado cuentan esto que escribo de Ticiviracocha […]” Ibid. (2005: Parte 2, Cap. V, 306).

Es evidente que Garcilaso desconoce los apelativos del dios Viracocha, piensa que el significado fue alterado por la lengua usada en otras provincias.

3. Pachacámac ¿Fue un dios de los incas?

Según Garcilaso de la Vega, I. (1985:47, 51), los incas adoraban a dos dioses: el Sol y Pachacámac. Decretaron difundir al imperio el culto a Pachacámac como supremo dios, y al Sol por las bondades que otorga.

¿Quién es Pachacámac? ¿Qué significa su nombre? Garcilaso lo traduce así:

[…] es nombre compuesto de Pacha que es mundo universo, y de Cámac, participio de presente del verbo cama, que es animar, el cual verbo se deduce el nombre cama, que es ánima. Pachacámac quiere dezir el que da ánima al mundo universo y en todo su propria y entera significación quiere dezir el que haze con el universo lo que el ánima con el cuerpo. Ibid. (1985: 47).

Es una traducción cristianizada, los incas no tuvieron noción del alma. Sin embargo, Garcilaso cita a Cieza de León, P. (2005: Parte 1, Cap. LXXII) quien traduce de manera distinta:

“El nombre deste demonio [Pachacámac] quería dezir hazedor del mundo porque Cama quiere dezir hazedor y Pacha mundo”.

Según Garcilaso es una traducción errónea, porque Cámac no significa hacer, rura es hacer, por eso, origina una interpretación inexacta que aprovecha para criticarla.

A pesar de ser natal del Cuzco y educado por sus parientes, acepta como dios a Pachacámac en vez de Viracocha. Posición que es contraria a las crónicas de Juan Diez de Betanzos, Sarmiento de Gamboa, Cristóbal de Molina, quienes mencionan a Viracocha y el Sol como deidades del incanato. En Sáenz, O. (2021a) refutan a Garcilaso y admiten a Viracocha como dios del Bajo Cuzco y, el Sol (creación de Viracocha), como dios del Alto Cuzco.

Garcilaso no admite al dios Viracocha, mancha el relato indígena y critica al cronista español, erróneamente, acepta a Pachacamac como dios incaico sin poseer los fundamentos que lo avalen.

4. Garcilaso dice que el dios Viracocha es un fantasma

En los Comentarios Reales Garcilaso no admite a Viracocha como dios de los incas; su opinión discrepante crea confusión. En otro pasaje, Garcilaso califica a Viracocha como un fantasma Ibid. (1985: 51) aparecido a un príncipe inca, y hasta lo presenta como hijo del sol, humillando su deidad como también el estatus de dios creador. Culpa de la confusión a los españoles que otorgan muchos dioses a los incas, por no saber dividir los tiempos y las idolatrías de una primera edad (bárbara) respecto a una segunda (incaica). Garcilaso divide en dos edades el origen de los incas en la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo (ver enlace aquí).

El inca escritor conoce lo narrado con respecto a Viracocha por Pedro Cieza de León quien lo nombra como el Hacedor, pero, por motivos ocultos ignora y omite el mito. Para él, Viracocha nunca fue un dios principal ni el dios de mayor veneración de los incas.

Al respecto, expresa lo siguiente:

“Este es el dios fantástico Viracocha que algunos historiadores dizen que los indios tuvieron por dios principal y de mayor veneración que el sol, siendo falsa relación y adulación que los indios hacen, por lisonjearlos, diciendo que les dieron el nombre de su más principal dios. Lo cierto es que no tuvieron dios más principal que el sol (sino fue Pachacamac, dios no conocido), antes, por dar deidad a los españoles, dezían a los principios que eran hijos del sol, como lo dixeron de la fantasma Viraqocha”. Garcilaso de la Vega, I. (1985: 199).

La cita ilustra que Garcilaso no acepta al dios Viracocha como deidad inca. Por este motivo, omite a la deidad y origina que sus aportes al mito de Viracocha, sean breves, escasos y dudosos.

5. Garcilaso de la Vega ¿Posee información del dios Viracocha?

Radicando en España, Garcilaso recibe noticias de un amigo de infancia: Diego de Alcobaza, quien le proporciona datos de la cultura Tiahuanaco. La carta resalta un lugar de nombre Chucuito, donde halló muchas ruinas arcaicas y monumentos admirables. Indagando sus orígenes, le relataron que el lugar fue consagrado al Hacedor. Las noticias de Alcobaza ―que constan en los Comentarios Reales― confirman que Garcilaso está informado del dios Viracocha, sin embargo, insiste en no aceptarlo como dios incaico.

Es difícil juzgar el pensamiento de Garcilaso: unas veces mancilla las crónicas de sus colegas, a pesar de mencionarlos y citarlos en sus relatos, por ejemplo, nombra a: Blas Valera, Fray Bartolomé de las Casas, Pedro Cieza de León, Francisco López de Gómara, Agustín de Zárate etc. Demuestra así, poseer conocimiento de los contenidos de algunos cronistas. Curiosamente, no menciona a los cronistas tempranos como: Sarmiento de Gamboa, Juan Diez de Betanzos, Cristóbal de Molina, en cuyas crónicas relatan sucesos relevantes de Viracocha. De manera deliberada Garcilaso se inclina por cronistas que poco o nada aportan al conocimiento de Viracocha. Podemos presumir que Garcilaso no tolera al dios Viracocha por ignorar las fuentes tempranas que refieren al dios.

Es contraria la actitud descrita cuando escribe acerca del Sol, lo acepta como dios incaico.

¿Quizá Garcilaso siente simpatía por el sol?

Su estilo narrativo, es convincente, invita a pensar que puede tener razón en sus dichos: su soltura al escribir confunde al lector; su pluma excelsa le permite crear, recrear y suprimir escenarios.

En general, Garcilaso omite sucesos relacionados con el dios Viracocha, que estimula a alentar una conducta adusta hacia él.

6. Los odios de Garcilaso de la Vega

María Rostworowski, explica el extraño proceder de Garcilaso en esta cita:

“Toda esta acumulación de rencores y odios, aumentados por la quema de la momia de Túpac Yupanqui, y por el ensañamiento de los generales de Atahuallpa en Huáscar y sus deudos, afectaron profundamente a Garcilaso y lo impulsaron a trastocar los sucesos”. Rostworowski, M. (1988: 58).

¿Cuál es la razón del odio acumulado en Garcilaso? ¿Cuál es la naturaleza de su relación con Viracocha?

Para deducir la actitud de Garcilaso debemos remitirnos a su madre: Chimpu Ocllo, dama de alcurnia, hija de Huallpa Túpac y de la palla o princesa Cusi Chimpu, nieta de Túpac Inca Yupanqui y sobrina del inca Huayna Cápac.

Una posible respuesta es la dinastía familiar o panaca. La familia de Garcilaso pertenece al Alto Cuzco, estirpe cuyo dios principal es el Inti o Sol. Por el contrario, las panacas del Bajo Cuzco adoraban a Viracocha, por esa razón, Garcilaso no acepta al dios Viracocha: su familia materna rinde culto solar. La fuente en que basó su crónica fue materna, por lo tanto, sus relatos son del Alto Cuzco.

Otra razón del odio de Garcilaso es saber que el peor castigo para un indígena es la destrucción del cuerpo, hecho ocurrido a Túpac Inca Yupanqui, pariente de Garcilaso. Según la creencia indígena, la destrucción del cuerpo origina la muerte eterna, la no presencia, el no volver a renacer, es decir, la desaparición total.

¿Será posible que Garcilaso tome partido en este conflicto religioso de panacas? Garcilaso se crio entre el cristianismo cuya religión es monoteísta y su origen indígena que rinde culto al Inti o Sol.

7. Conclusión

1) Garcilaso es católico, pero en su crónica tiene mucha afinidad y simpatía cuando menciona al Sol. El Sol fue el dios de su madre, dios que siempre acepta y trata muy bien en sus relatos; además, el Sol tuvo en su tiempo mayor supremacía que Viracocha. Observando algunos cuadros de Garcilaso, notamos que porta un collar del cual pende un enorme sol. Podemos deducir que Garcilaso tiene mucha afinidad con la idolatría solar de su madre. Contrario a lo anterior no reconoce al dios Viracocha

2) Causa perplejidad cuando Garcilaso omite, desliza errores cuando refiere al dios Viracocha. En los Comentarios Reales de los Incas se aprecia un sentimiento grato hacia al Sol y embarazoso hacia Viracocha.

3) Un error garrafal de Garcilaso es incluir a Pachacámac como un dios principal de los incas, en este caso pierde la narración histórica y sobresale como un cultivador de la narración épica.

4) El cronista arrastra un cúmulo de problemas que lo hacen vivir en un constante conflicto con sus escritos: no era español ni tampoco indígena, sino mestizo. Garcilaso vivía en un país donde el mestizo ocupaba una de las más bajas jerarquías de la escala social. Pero, ello no explica por qué Garcilaso omite al dios Viracocha.

5) En síntesis: advertimos en la crónica de Garcilaso la aceptación hacia la deidad del Sol, dios de sus antepasados; muy por el contrario, lanza sus dicterios contra los cronistas íberos y también contra los indígenas, tratando de quitarles credibilidad cuando se refieren a Viracocha.

8. Referencias

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú el señorío de los incas. Caracas, Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho. Obtenido de http:// www. biblioteca.org .ar/libros/211665.pdf

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

Rostworowski, M. (1988). Historia del Tawantinsuyo (3ra. ed.). Lima, Perú: Instituto de Estudios Peruanos.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. 1ra Edición. Lima, Perú.