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10 CRONISTAS y 10 VIRACOCHAS

10 CRONISTAS y 10 VIRACOCHAS

¿Quién fue Viracocha? La respuesta cambia según quién lo describa.
A lo largo de más de un siglo, distintos cronistas dejaron por escrito sus testimonios sobre esta importante figura del mundo incaico. Desde Juan Díez de Betanzos en 1551 hasta Bernabé Cobo en 1653, sus relatos no siempre coinciden: aparecen diferentes atributos, características y maneras de entender a Viracocha.
En este recorrido reunimos diez cronistas y diez testimonios y los presentamos siguiendo un orden cronológico.
Este post es la puerta de entrada a toda la serie: desde aquí puedes conocer y comparar diez descripciones diferentes de Viracocha y acceder directamente al estudio dedicado a cada autor.

Índice

1. ¿Quién fue realmente Viracocha?

La pregunta parece sencilla, pero cuando se revisan los testimonios de diez cronistas que escribieron sobre él, la respuesta se complica. No nos encontrarnos con una descripción única y uniforme, aparecen diez distintas imágenes de Viracocha, construidas a partir de relatos, tradiciones, testimonios indígenas y formas de interpretar el mundo incaico desde perspectivas diferentes.
Los diez estudios reunidos en esta serie, abarcan diez testimonios sobre Viracocha, procedentes de cronistas, autores indígenas y del Manuscrito de Huarochirí, observando qué dicen, cómo lo describen y, sobre todo, qué diferencias aparecen entre un testimonio y otro.
La serie comienza con Juan Díez de Betanzos, cuya obra se sitúa en 1551, apenas unas décadas después de la conquista iniciada en 1532. A partir de allí avanzamos cronológicamente por diferentes testimonios hasta llegar a Bernabé Cobo, cuya obra fue publicada en 1653.
De esta manera, los diez estudios permiten recorrer más de un siglo de testimonios sobre Viracocha, desde los primeros años posteriores a la conquista hasta mediados del siglo XVII. No se trata, por tanto, de observar una única versión transmitida sin cambios, sino de seguir el rastro de una deidad cuya imagen adquiere características diferentes según el cronista, la época, las fuentes utilizadas y el contexto en que cada relato fue registrado.

2. Diez autores, diez testimonios

A lo largo de este recorrido encontraremos descripciones que no siempre coinciden entre sí.
En algunos relatos, Viracocha aparece asociado con la creación y el origen del mundo; en otros adquiere características diferentes, e incluso aparecen contradicciones respecto de su naturaleza, sus atributos, sus acciones o su relación con otras divinidades.
Estas diferencias son precisamente las que hacen interesante la comparación.
¿Estamos ante un mismo Viracocha descrito de distintas maneras? ¿Se transformó su imagen con el paso del tiempo? ¿Intervinieron las interpretaciones de los propios cronistas? ¿O detrás de estas diferencias pueden encontrarse distintas tradiciones andinas que posteriormente fueron reunidas bajo un mismo nombre?
Este conjunto de artículos no pretende resolver estas preguntas de antemano. Su propósito es presentar los testimonios y permitir que el lector pueda compararlos directamente.
Por ello, cada cronista tiene aquí su propio espacio y puede ser consultado de manera independiente.

3. Un recorrido cronológico

Los artículos han sido organizados siguiendo, en lo posible, un orden cronológico, desde los testimonios más tempranos hasta los más tardíos.
El recorrido comienza con Juan Díez de Betanzos (1551) y continúa con los distintos autores que fueron dejando por escrito sus versiones sobre Viracocha, hasta llegar a Bernabé Cobo (1653).
Existe una excepción: el Manuscrito de Huarochirí, que por sus características particulares ocupa una posición especial dentro de esta serie y se presenta al final. Su inclusión permite incorporar un testimonio de naturaleza diferente y ponerlo en contraste con las descripciones de los cronistas que lo preceden.
Así, esta colección puede leerse de dos maneras: como una secuencia histórica, siguiendo la transformación de los testimonios a través del tiempo, o como una obra de consulta, ingresando directamente al cronista que interese al lector.

4. Diez cronistas, diez Viracochas

A continuación, presentamos los diez estudios que conforman esta serie:

4.1. Juan Díez de Betanzos — 1551

Viracocha según Betanzos: ¿quién era el Viracocha que describe?
El primer testimonio de nuestra serie. Betanzos ofrece una de las descripciones más tempranas que conocemos y constituye el punto de partida para observar cómo aparece Viracocha en los primeros relatos posteriores a la conquista. Su descripción intriga.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Betanzos

4.2. Pedro Cieza de León — 1553

El Viracocha de Cieza de León: una descripción que desconcierta
Dos años después de Betanzos encontramos el testimonio de Cieza de León. Su relato introduce elementos que permiten comparar su Viracocha con el presentado por el cronista anterior.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Cieza de León

4.3. Titu Cusi Yupanqui — 1570

Viracocha según Titu Cusi Yupanqui
El testimonio de Titu Cusi incorpora una perspectiva particularmente significativa dentro de esta serie y permite observar cómo aparece Viracocha en un relato procedente de un rey incaico.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Titu Cusi Yupanqui

4.4. Pedro Sarmiento de Gamboa — 1572

Viracocha según Sarmiento de Gamboa: una imagen llena de contradicciones
El relato de Sarmiento introduce una representación de Viracocha que presenta importantes diferencias respecto de los testimonios anteriores y permite observar el contexto en el que fue escrita su historia de los incas.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Sarmiento de Gamboa

4.5. Cristóbal de Molina, el Cuzqueño — 1573

Molina ocupa un lugar especial por su conocimiento de las tradiciones religiosas del Cuzco y por la información que recibió de informantes indígenas. Su descripción permite plantear una cuestión fundamental: hasta qué punto las palabras utilizadas para describir a Viracocha corresponden a los conceptos indígenas originales.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Cristóbal de Molina

4.6. Inca Garcilaso de la Vega — 1609

Con Garcilaso nos encontramos ante una interpretación posterior de las tradiciones recogidas por otros autores. Su testimonio introduce elementos propios y ofrece otra manera de entender la figura de Viracocha.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según el Inca Garcilaso de la Vega

4.7. Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua — 1613

Viracocha según Pachacuti Yamqui: ¿qué esconde su imagen?
El testimonio de Pachacuti Yamqui resulta especialmente relevante por la representación gráfica y textual de Viracocha Pachayachachic que presenta en su relación.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Pachacuti Yamqui

4.8. Felipe Huamán Poma de Ayala — ca. 1615

Viracocha según Huamán Poma: ¿fue sustituido?
La obra de Huamán Poma aporta otra representación de Viracocha y permite comparar su relato con las versiones anteriores, particularmente en torno a las diferentes figuras asociadas con este nombre.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Huamán Poma de Ayala

Viracocha según Bernabé Cobo: ¿cómo entenderlo?
Con Cobo llegamos al último de los cronistas que integran el recorrido cronológico principal. Su obra, escrita en el siglo XVII, permite observar cómo había llegado a ser interpretada la tradición sobre Viracocha más de un siglo después de los primeros testimonios recogidos tras la conquista.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según Bernabé Cobo

4.10. Manuscrito de Huarochirí — ca. 1608

Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí: ¿eran dos?
El Manuscrito de Huarochirí ocupa una posición especial dentro de esta serie. Aunque su datación —alrededor de 1608— es anterior a la obra de Cobo, lo presentamos al final por las características particulares de este testimonio y por la forma en que aparece la figura de Viracocha en sus relatos.
Aquí encontramos una representación que merece ser comparada con las anteriores, especialmente por la presencia de Cuniraya Viracocha y por las particularidades de su relato.
Leer el estudio completo sobre Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí

Estos diez estudios permiten poner frente a frente distintas representaciones de Viracocha.
Ningún autor lo presenta de la misma manera. Sus relatos contienen coincidencias, diferencias, transformaciones y contradicciones que adquieren especial interés cuando se observan en conjunto y siguiendo su contexto histórico.
Por eso, esta página funciona como el punto de entrada a toda la serie.
El lector puede comenzar por Betanzos y avanzar cronológicamente hasta Cobo, o seleccionar directamente cualquiera de los diez testimonios.
Diez cronistas. Diez testimonios. Diez maneras de presentar a Viracocha.

5. Un siglo de Viracochas

Entre Betanzos y Cobo transcurren más de cien años.
Durante ese período, la sociedad del Tawantinsuyo había pasado por una transformación profunda como consecuencia de la conquista iniciada en 1532. Los relatos sobre el mundo incaico comenzaron a ser recogidos, interpretados y escritos desde nuevas perspectivas.
Viracocha aparece entonces en diferentes textos, pero no siempre aparece de la misma manera.
Ese es precisamente el punto de partida de esta investigación.
Más que buscar una descripción definitiva antes de revisar los testimonios, proponemos hacer el recorrido inverso: escuchar primero a cada autor y comparar después sus Viracochas.
El lector puede recorrerlos en orden cronológico o acudir directamente al autor que desee.
Y quizá, al comparar los diez relatos, surja una pregunta todavía más interesante:
¿Estamos realmente ante un solo Viracocha?

VIRACOCHA según el Manuscrito de Huarochirí: ¿Eran dos?

VIRACOCHA según el Manuscrito de Huarochirí: ¿Eran dos?

Cuando creíamos haber llegado al límite de la complejidad en las descripciones virreinales de Viracocha, el Manuscrito de Huarochirí introduce una leyenda que cambia por completo el escenario.
Huarochirí, en la sierra de Lima, conserva uno de los testimonios indígenas más extraordinarios del siglo XVII. Escrito originalmente en quechua, el manuscrito reúne mitos, divinidades y antiguas tradiciones religiosas de sus habitantes, ofreciendo una visión excepcional de un universo espiritual distinto del que encontramos en las fuentes cuzqueñas.
Y aquí ocurre algo inesperado.
En Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí ya no estamos en el Cuzco ni en los relatos vinculados al origen del Tawantinsuyo. Nos desplazamos hacia las quebradas y montañas de Huarochirí, donde aparece Cuniraya Viracocha, una deidad desconcertante: se presenta como un indígena pobre, vestido como mendigo, que recorre los caminos y participa directamente en los acontecimientos narrados.
Pero entonces surge la pregunta inevitable:
¿Qué relación tiene este Cuniraya Viracocha con el Viracocha que hemos encontrado en los cronistas del Cuzco?

Índice

1. ¿Quién es Cuniraya Viracocha?

El Manuscrito de Huarochirí presenta un Viracocha completamente diferente de los que hemos analizado hasta ahora.
Aquí no aparece la gran deidad creadora que ordena el mundo, ni el dios venerado por los incas como principio de la creación. Cuniraya Viracocha se presenta bajo la apariencia de un pobre mendigo que recorre las montañas de Huarochirí. Es un dios que se disfraza, engaña, seduce y participa directamente en los asuntos humanos.

Su historia gira alrededor de Cavillaca, una hermosa huaca-doncella indígena de quien se enamora. A partir de ella se desarrolla uno de los relatos más desconcertantes asociados al nombre de Viracocha.
Pero antes de entrar en su historia, conviene detenernos en el significado de ambos nombres.

1.1. Significado etimológico

En Topónimos Quechuas del Perú, Manuel Espinoza Galarza señala que tanto Cavillaca como Cuniraya habrían sufrido modificaciones en su escritura a través del tiempo.
Cavillaca correspondería originalmente a Cawillaca. Según Espinoza Galarza, el término estaría compuesto por cawi, nombre de una variedad pequeña de oca, y llaca, elemento que indica diminutivo. Su traducción sería, por tanto, “oca enanita”.
Respecto de Cuniraya, el autor propone la forma quechua Cconirayac, compuesta por cconi, “calor”, y rayac, término que indica pertenencia. El sentido sería, aproximadamente, “que pertenece al calor”.
Este significado resulta particularmente interesante porque el calor aparece asociado a una de las características que el relato atribuye a esta figura.
Pero, más allá de su etimología, lo verdaderamente sorprendente está en la personalidad que el manuscrito atribuye a Cuniraya Viracocha.
¿Quién es realmente este personaje?
¿Un dios disfrazado de mendigo?

1.2. Un dios truhan y enamoradizo

Cuniraya Viracocha en el Manuscrito de Huarochirí, no se comporta como el solemne creador que encontramos en otras tradiciones. Es un personaje astuto, burlón y enamoradizo.
El relato cuenta que se enamoró de Cavillaca, una hermosa doncella-huaca. Pero, en lugar de acercarse a ella abiertamente, recurrió al engaño.
Tomando un hermoso fruto, dejó allí su semilla y lo puso en su camino. Cavillaca, sin saber lo ocurrido, lo recogió y se lo comió.

De esta manera quedó embarazada sin conocer quién era el padre de su hijo.

El tiempo pasó y, cuando el niño tuvo aproximadamente tres años, Cavillaca decidió descubrir quién era su verdadero padre. Para ello reunió a los principales curacas de la región y colocó al niño entre ellos, esperando que por instinto reconociera a su progenitor.
Entre aquellos señores se encontraba Cuniraya Viracocha.
Pero no ocupaba un lugar de honor. Estaba sentado entre ellos bajo la apariencia de un hombre miserable, vestido como un mendigo.
Entonces ocurrió algo revelador.
El niño, sin que nadie lo guiara, se dirigió directamente hacia Cuniraya y trepó a sus brazos.

El padre había sido descubierto.

1.3. Un desenlace trágico

Cuando Cavillaca comprendió que aquel hombre harapiento era el padre de su hijo, no aceptó la situación.
La revelación no produjo reconocimiento ni reconciliación. Por el contrario, Cavillaca se sintió engañada y huyó hacia el mar llevando consigo al niño.
Cuniraya la siguió, pero no consiguió detenerla.
El relato termina frente al océano Pacífico. Cavillaca, llevando a su hijo en brazos, se arroja al mar y ambos quedan convertidos en dos peñones: uno grande y otro pequeño, que la tradición situaba frente al templo de Pachacámac.

Así termina la historia de Cuniraya Viracocha.
No con la creación de un mundo, ni con una orden divina, ni con una manifestación majestuosa de poder.
Termina en un hecho funesto frente al mar, su anhelo convertido en memoria pétrea de una historia de engaño, deseo y rechazo.
¡Qué descripción tan distinta para un dios llamado Viracocha!

1.4. Contraste entre los dos dioses

El contraste con el Viracocha de las tradiciones cuzqueñas difícilmente podría ser mayor.
El Viracocha que hemos encontrado en los relatos anteriores aparece asociado a la creación, al orden del mundo y a una dimensión sagrada que trasciende la vida cotidiana. Cuniraya Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí, en cambio, aparece como una figura harapienta, astuta y seductora, capaz de recurrir al engaño para satisfacer su deseo.
Uno pertenece a los grandes relatos de origen vinculados al Cuzco; el otro aparece en las antiguas tradiciones religiosas de Huarochirí.
Uno se encuentra asociado al ordenamiento del mundo; el otro interviene directamente en los conflictos, deseos y pasiones de los seres humanos.

El contraste es tan grande que resulta inevitable preguntarnos si ambos relatos están hablando realmente de la misma divinidad.
Pero quizá el problema esté precisamente en pretender que el nombre Viracocha tuvo siempre un único significado.
El relato de Huarochirí parece mostrarnos otra posibilidad: que una misma denominación pudiera adquirir características diferentes al incorporarse a tradiciones religiosas, territorios y memorias locales distintas.
Cuniraya Viracocha permanece, así como el dios de otra historia y de otra geografía. Su rostro poco se parece al del gran Viracocha de las tradiciones cuzqueñas, pero precisamente por eso resulta tan importante para comprender la complejidad que encierra este nombre.
Porque, después de recorrer tantas descripciones, una pregunta vuelve a aparecer con más fuerza que nunca:
¿Estamos ante un mismo Viracocha transformado por distintas tradiciones, o ante divinidades diferentes que terminaron compartiendo un mismo nombre?

2. Reflexiones finales

Junto con el Viracocha de Pachacuti Yamqui, Cuniraya Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí es uno de los casos más desconcertantes de toda esta serie.
La diferencia con las descripciones anteriores es radical. La figura que lleva el nombre de Viracocha ya no aparece como el Hacedor solemne, invisible y distante que encontramos en otras fuentes. Aquí, la divinidad abandona la distancia del creador y se introduce directamente en el mundo de los hombres.
Cuniraya aparece como un indígena pobre, vestido como mendigo. Pero su apariencia es un disfraz. Se oculta deliberadamente detrás de la pobreza y consigue que quienes lo rodean sean incapaces de reconocer su verdadera naturaleza.
Y no se limita a ocultarse.
Es un dios astuto, embaucador y capaz de transformar las situaciones en beneficio propio. Engaña, seduce y utiliza su astucia para alcanzar aquello que desea. Cuando se enamora de Cavillaca, aparece además una dimensión que no habíamos encontrado de esta manera en los relatos anteriores: Viracocha es presentado como amante, seductor y sexualmente activo.
Ya no estamos ante una divinidad que permanece separada de su creación.
Cuniraya participa de ella.
Este cambio resulta fundamental. Nos obliga a preguntarnos si estamos ante una transformación de la figura de Viracocha, producida por una tradición local, o ante una concepción religiosa diferente en la que el nombre Viracocha fue incorporado a una divinidad propia de Huarochirí.
La pregunta no es menor.
El Manuscrito de Huarochirí fue escrito en quechua y conserva tradiciones religiosas vinculadas a una población concreta de la sierra de Lima. No estamos ante una historia general del Tawantinsuyo elaborada por un cronista europeo, sino ante un testimonio de otra tradición religiosa y de otro territorio.
Eso modifica sustancialmente las condiciones de lectura.
Cuniraya Viracocha puede ser entendido, entonces, como un importante contrapunto frente a las representaciones de Viracocha que encontramos en los cronistas. Allí donde algunas de esas fuentes presentan una figura cada vez más cercana a la idea de un creador supremo y trascendente, Huarochirí nos muestra una divinidad que se disfraza, camina entre los hombres, desea, engaña y actúa dentro del mundo.
La diferencia es extraordinaria.
Y quizá sea precisamente esa diferencia la que convierte a Cuniraya Viracocha en una pieza fundamental para comprender el problema que atraviesa toda esta serie.
Después de recorrer las distintas descripciones de Viracocha, descubrimos que el nombre no conduce necesariamente a una imagen única. Puede aparecer como creador, ordenador del mundo, principio sagrado, figura abstracta o, como en Huarochirí, como una divinidad que se oculta bajo la apariencia de un mendigo y participa directamente de la vida humana.
Por eso, más que cerrar el misterio de Viracocha, Cuniraya lo vuelve todavía más profundo.
¿Estamos ante un mismo Viracocha interpretado de maneras diferentes, o ante distintas divinidades que terminaron compartiendo un mismo nombre?
El Manuscrito de Huarochirí no resuelve la pregunta.
Pero nos obliga a formularla de una manera que ninguno de los relatos anteriores había hecho con tanta claridad.

3. Referencias

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

Tomás. (2008). Ritos y Tradiciones de Huarochirí. (1ra. ed.).

VIRACOCHA según BERNABÉ COBO ¿Cómo ENTENDERLO?

VIRACOCHA según BERNABÉ COBO ¿Cómo ENTENDERLO?

Y para describir a Viracocha aparece un cronista tardío: Bernabé Cobo. Jesuita, erudito y paciente recolector de las tradiciones del antiguo Perú, se interesó por todo: los incas, sus dioses, su lengua, la geografía andina, los astros, los ritos y las antiguas creencias.
Nacido en Lopera, Andalucía, en 1580, llegó muy joven a América atraído por las promesas del Nuevo Mundo. Después de participar en expediciones que buscaban El Dorado, terminó en el Perú, donde dedicaría buena parte de su vida a reunir información sobre el mundo incaico.
Tuvo acceso a una extraordinaria diversidad de fuentes:
Según Sáenz (2021: 63), conoció a tres nietos de Atahualpa —Diego Hilaquita, Francisco Hilaquita y Juan Ninancoro— y entrevistó a otros descendientes de los linajes incas. También consultó Informaciones de los conquistadores, cédulas reales, cartas de virreyes y gobernadores y documentos eclesiásticos.
Accedió a las investigaciones realizadas por orden del virrey Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete; a la historia incaica encargada por fray Jerónimo de Loayza a Polo Ondegardo en 1559; y a los documentos reunidos durante la investigación de los incas ordenada por el virrey Francisco de Toledo cuya labor realizó Pedro Sarmiento de Gamboa.
Consultó la crónica de Cristóbal de Molina el Cuzqueño sobre los ritos y ceremonias de los incas; la obra de José de Acosta sobre el gobierno y las idolatrías indígenas y los Comentarios Reales del Inca Garcilaso de la Vega.
No se limitó a leer documentos.
En 1610, en el Cuzco, presenció la fiesta de beatificación de San Ignacio de Loyola. Durante la celebración, los descendientes de los incas desfilaron representados por familiares de once antiguos reyes. Allí conoció a don Alonso Topa Ataw, nieto de Huayna Cápac, a quien entrevistó.
Como investigador reunió documentos, testimonios indígenas, obras de otros cronistas y observaciones personales.
Y, sin embargo, surge una paradoja.
A pesar de todo este cúmulo de información ¿Logró describir con claridad quién era Viracocha?
Su obra reúne distintas tradiciones, nombres y atributos de Viracocha que, lejos de ofrecernos una imagen única, parecen hacer todavía más difícil reconocer al personaje.
Y eso es precisamente lo que veremos a continuación.

Índice

1. Descripción de Viracocha según Bernabé Cobo en 1653

¿Qué hizo Bernabé Cobo con el dios Viracocha? ¿Lo describió… o también lo reinterpretó?
La respuesta surge de las propias palabras del jesuita. No presenta a Viracocha de manera neutral. Antes de enumerar sus atributos, descalifica las tradiciones que los transmiten. Y esa forma de proceder resulta fundamental para comprender la imagen que finalmente nos ofrece.
Su descripción permite distinguir tres aspectos que revelan cómo Cobo se enfrentó a la figura de Viracocha: primero, el juicio con el que desacredita la tradición indígena; segundo, los distintos rostros y atributos que ya aparecían en cronistas anteriores; y tercero, la interpretación de Viracocha desde la perspectiva lingüística y religiosa propia de la tradición cristiana.
Tres aspectos que, más que aclarar quién era Viracocha, permiten observar cómo el padre jesuita del siglo XVII intentó comprenderlo.

1.1. La crítica de Cobo antecede a la descripción de Viracocha

Viracocha según Cobo escribe:

«[…] y fingen deste Criador mil disparates, como que no tenía coyuntura en todo su cuerpo, que era ligerísimo, que rompía las tierras con la punta de una vara y luego quedaban cultivadas y dispuestas para sembrarse y que, con sola su palabra, hacía nacer el maíz y las demás legumbres; y otra infinidad de consejas y ficciones deste género». Cobo, B. (1956: Libro VIII, cap. II, p. 150).

Hay algo que llama inmediatamente la atención: Cobo no comienza describiendo a Viracocha; empieza desacreditándolo.
La crítica antecede a la descripción. Para él, aquellas tradiciones no constituyen una expresión religiosa que deba ser comprendida, sino «disparates», «consejas» y «ficciones». De este modo, el lector recibe de inicio una imagen de Viracocha filtrada por la valoración del jesuita.
Afirma que Viracocha podía romper la tierra con la punta de una vara y dejarla cultivada y dispuesta para sembrarse, y que podía hacer nacer el maíz y las demás legumbres con su sola palabra: un dios Viracocha humanizado.
Estos atributos resultan especialmente llamativos. Cobo presenta una imagen en la que Viracocha aparece directamente vinculado con la agricultura y la generación de los alimentos.
¿Se trata de una tradición indígena que Cobo recogió y que no había llegado hasta los cronistas anteriores? ¿O intervino también su propia manera de ordenar e interpretar aquello que escuchaba?
Sea cual fuere la respuesta, ningún cronista lo describe así, estos atributos parecen constituir una elaboración propia de Cobo.
Pero hay un detalle todavía más interesante. No todos los atributos que menciona son nuevos. Algunas características ya habían sido recogidas por cronistas anteriores, como la semblanza del dios Viracocha:

“En medio de las tinieblas espesas de su ignorancia, no dejó la luz de la razón de obrar algo en estos indios; porque, alumbrados della, vinieron a alcanzar y creer que había un Dios Criador universal de todas las cosas y Soberano Señor, y gobernador dellas; aunque fue tan corta y oscura esta noticia, que ni aun vocablo propio con que nombrarlo tuvieron; porque todos los que le daban eran metafóricos, como luego diré […]”. Cobo, B. (Cap. IV).

La cita es una paráfrasis de lo que manifiesta Garcilaso de la Vega. Imita la estructura del Inca escritor con otras palabras.
Y aquí comienza el verdadero problema.

1.2. Cobo y las distintas caras de Viracocha

Habían transcurrido 121 años desde la conquista, entre 1532 y 1653. Para entonces, las tradiciones habían circulado durante generaciones, habían sido recogidas por distintos informantes y habían pasado por el filtro de numerosos cronistas.
Cobo se encontró, por tanto, ante un conjunto de manuscritos que no ofrecían una descripción uniforme ni coherente de Viracocha.
Intentó ordenar aquel laberinto de tradiciones, pero terminó revelando su propio desconcierto. Cada cronista ofrecía un dios Viracocha diferente: distintos orígenes, distintas funciones, distintos nombres y distintos atributos.
Mayor debió ser su perplejidad ante la figura de un dios que parecía cambiar de rostro según la fuente consultada.
No resulta difícil imaginar el desconcierto intelectual que semejante diversidad debió de provocarle.
Menudo dolor de cabeza.

Pero Cobo lo resuelve echando la culpa a los incas tal como remata su narración:

“El fundamento de tantos disparates como vinieron a creer todas estas naciones del Perú acerca de su origen fue causado por la ambición de los incas […]”. Ibíd. (Cap. III, párr. 153520).

1.3. Viracocha interpretado desde la teología cristiana

Pero Cobo no se limita a reunir las distintas tradiciones. También intenta explicar quién era Viracocha desde su propia creencia.
Admite que los incas alcanzaron la noción de una deidad suprema, creadora y soberana, identificada en Viracocha. Sin embargo, considera que ese conocimiento era confuso porque, según su interpretación, la lengua quechua carecía de una voz concreta para designar a Dios.
A partir de esta premisa, entiende que los diversos nombres atribuidos a Viracocha no expresarían una elaboración teológica compleja, sino distintas metáforas parciales acerca de la divinidad. De este modo, la comprensión incaica de Viracocha queda subordinada a los parámetros conceptuales y lingüísticos de la tradición cristiana europea.

Aquí aparece una tercera característica fundamental: Cobo no solo describe a Viracocha; intenta traducirlo a un sistema de pensamiento que no es el suyo.
El resultado es una figura sin contornos definidos. Un Viracocha que aparece entre nombres, atributos y tradiciones diversas, pero cuya verdadera naturaleza continúa escapándose entre las páginas de la crónica.
Y quizá esa sea la paradoja de Cobo.
Después de reunir una cantidad extraordinaria de información sobre el mundo incaico, no consiguió hacer más nítida la descripción de Viracocha.
Finalmente, no dejó una descripción de Viracocha; dejó el testimonio del choque entre una mentalidad europea del siglo XVII y una concepción religiosa incaica que se resistía a ser comprendida mediante conceptos cristianos ajenos a su propio mundo.

2. Reflexiones finales

Cobo no solamente describe a Viracocha: también lo juzga. Cuando afirma que «fingen deste Criador mil disparates» y habla de «otra infinidad de consejas y ficciones deste género», deja de ser un simple transmisor de una tradición y adopta una posición crítica frente a ella.
Como el cronista más tardío de esta serie, no encuentra una única versión de Viracocha, sino una pluralidad de tradiciones acumuladas durante más de un siglo.
En anteriores posts de esta serie hemos encontrado descripciones muy diferentes de Viracocha. Con Bernabé Cobo llegamos a un punto significativo: desacredita las tradiciones que recibe, mientras intenta reconstruir la figura del «Criador». Lo interpreta desde su propia visión religiosa y cultural.
Paradójicamente, registró atributos de Viracocha que no hallamos en otros cronistas y reunió tradiciones que, de otro modo, quizá se habrían perdido. Pero aquello que conservó no llegó intacto.
Habían transcurrido más de ciento veinte años desde la conquista. Las antiguas tradiciones ya habían atravesado generaciones de transmisión, transformaciones y reinterpretaciones. Además, buena parte de la información procedía de personas vinculadas a la antigua élite incaica, cuya memoria había estado expuesta durante décadas al proceso de evangelización. Es posible, por ello, que algunos relatos hubieran incorporado nuevas interpretaciones o adaptado determinados contenidos a las creencias religiosas de la época.
Así, el Viracocha que encontramos es el resultado de un doble proceso: por un lado, la supervivencia de antiguas tradiciones incaicas; por otro, la mirada de un jesuita del siglo XVII que las recibe, las organiza y decide cuáles considerar creencias, cuáles errores y cuáles, sencillamente, «ficciones».
El padre jesuita nos dejó noticias sobre Viracocha, reunió sus atributos y preservó fragmentos de una memoria antigua. Lo que no logró fue comprender ni describir qué significaba realmente Viracocha dentro de la concepción religiosa incaica.
Pero si hasta ahora las descripciones de Viracocha nos han parecido complejas y contradictorias, lo que encontraremos en la serranía de Huarochirí llevará el problema aún más lejos. Porque en un antiguo manuscrito quechua, los Ritos y Tradiciones de Huarochirí, el dios vuelve a cambiar de rostro y reaparece bajo una nueva cara y un nuevo nombre: Cuniraya Viracocha.
Nos vemos en el último post: Viracocha y el Manuscrito de Huarochirí.

3. Referencias

Cobo, B. (1964 [1653]). Historia del Nuevo Mundo. Obtenido de: https://es.scribd.com/doc/50568547.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

VIRACOCHA según PACHACUTI YAMQUI ¿Qué esconde su imagen?

VIRACOCHA según PACHACUTI YAMQUI ¿Qué esconde su imagen?

Si leemos su crónica con atención, descubrimos un extraordinario caudal de información religiosa, particularmente en torno a la imagen de Viracocha, que en buena medida ha quedado relegada. Una de las razones se encuentra en la complejidad del enigmático esquema geométrico que representa a Viracocha según Pachacuti Yamqui. Tras sus líneas y figuras se oculta una concepción religiosa mucho más profunda de lo que una lectura superficial permite advertir.
Pero existe otro elemento que tampoco debería pasar inadvertido: el contexto en el que escribió. Pachacuti Yamqui estuvo vinculado a Francisco de Ávila, conocido por su actividad en la extirpación de idolatrías y por la destrucción de huacas. En ese ambiente, la exposición de antiguas creencias religiosas no era un asunto inocuo. Sus palabras debieron desenvolverse dentro de un escenario marcado por la vigilancia religiosa, la censura y el temor a las consecuencias que podía acarrear la expresión de determinadas creencias.
Tal vez por eso, aquello que Pachacuti Yamqui quiso transmitir sobre Viracocha no se encuentra solamente en lo que escribió de manera explícita, sino también en temas que pudo haber necesitado expresar de forma velada. Y es precisamente allí donde su enigmática imagen del dios Viracocha adquiere una importancia excepcional.

Índice

1. Descripción de la imagen de Viracocha según Pachacuti Yamqui en 1613

¿Y cómo describió este cronista indígena la imagen del dios Viracocha?
Aquí aparece una singularidad que distingue a Pachacuti Yamqui de los demás cronistas: se atrevió a dibujar.
No se limitó a describir. Trazó un retablo extraordinario, poblado por más de una veintena de imágenes y textos, en el que las antiguas creencias incaicas aparecen expresadas mediante un lenguaje visual propio.

Es, entre los cronistas, al igual que Guamán Poma, otra excepción notable: Pachacuti Yamqui piensa también mediante imágenes.
Y cuando llegamos a la representación de Viracocha, la diferencia se vuelve todavía más desconcertante. No encontramos allí al sacerdote blanco y barbado, al predicador errante vestido con una larga túnica, al portador de un libro sagrado ni a una figura humana arrodillada en oración.
Pachacuti lo representa de otra manera.
Del relato de Pachacuti Yamqui emergen tres cuestiones fundamentales que analizamos a continuación:

1.1.Pachacuti Yamqui y la imagen de Viracocha

Mientras otros cronistas como Juan de Betanzos, Cieza de León y Sarmiento de Gamboa imaginaron a Viracocha bajo formas humanas —sacerdote, apóstol, demonio o fantasma—, Pachacuti Yamqui nos conduce hacia una representación diferente: un dios expresado mediante un símbolo.
Como un óvalo.
Una forma sin principio ni fin, sin rostro, sin pies y sin atributos humanos. Una representación que se aparta de los cánones antropomórficos y que obliga a preguntarnos qué quiso expresar realmente mediante aquella imagen.
Y quizá allí se encuentre una de las claves más profundas de su crónica.
¿Por qué representar a Viracocha mediante un simple óvalo?
En la crónica de Pachacuti Yamqui, Viracocha no aparece representado bajo una forma humana. Su imagen se encuentra fundida en una plancha de oro y adopta la forma de un óvalo que, según la tradición recogida por el propio cronista, Manco Cápac habría mandado forjar una imagen para representar al «Hacedor del cielo y de la tierra».

No estamos, por tanto, ante un simple dibujo decorativo. La forma elegida para representar a Viracocha según Pachacuti parece responder a una concepción religiosa en la que la imagen humana resulta insuficiente para expresar su naturaleza.
El óvalo adquiere así un significado que merece ser examinado con detenimiento.

1.2. El óvalo: una imagen simbólica de Viracocha

El óvalo no parece ser un simple recurso gráfico. Allí donde otros cronistas dieron a Viracocha un rostro, una barba, vestiduras y atributos humanos, Pachacuti Yamqui ofrece una forma esencialmente abstracta.
Es una diferencia fundamental.
La imagen no intenta mostrar cómo «era» Viracocha como hombre, sino expresar mediante un símbolo aquello que no podía ser reducido a una figura humana.
Desde esta perspectiva, el óvalo puede entenderse como la síntesis visual de una antigua concepción religiosa incaica: Viracocha como Hacedor de los dos mundos, el Hanan Pacha y el Hurín Pacha.

Y aquí aparece una cuestión todavía más profunda. Si esta representación pertenece al propio universo religioso en que Pachacuti Yamqui describe a Viracocha, ¿por qué deberíamos buscar necesariamente su explicación fuera de él?
Durante mucho tiempo se han propuesto interpretaciones relacionadas con los astros, la tierra y diversas tradiciones anteriores. Pero quizá el problema se encuentre precisamente en intentar descifrar el símbolo desde categorías ajenas al pensamiento incaico.
Tal vez el óvalo no deba ser traducido inmediatamente a un concepto conocido por nosotros. Tal vez primero debamos aprender a mirarlo dentro del sistema religioso en el que fue concebido.

1.3. Viracocha y el Inticancha

Existe todavía otro dato que vuelve más compleja la imagen.
El óvalo de Viracocha fue colocado en el Inticancha, el Recinto del Sol. Esto introduce una cuestión que difícilmente puede ser ignorada: la presencia de Viracocha dentro de un espacio asociado al culto solar.

La relación entre ambos no parece explicarse simplemente mediante una oposición entre el culto a Viracocha y el culto al Sol. Por el contrario, el relato de Pachacuti permite explorar la posibilidad de que ambas dimensiones formaran parte de una misma arquitectura sagrada.
¿Por qué habría sido colocado allí el símbolo de Viracocha?
La respuesta quizá deba buscarse en las transformaciones religiosas y políticas que experimentó el Cuzco y en la manera en que distintas concepciones sagradas fueron integradas dentro del orden religioso incaico.
Pero el óvalo continúa planteando preguntas.
¿Fue Pachacuti Yamqui simplemente torpe al representar la figura de Viracocha? ¿O somos nosotros quienes hemos olvidado cómo leer una imagen sagrada que no responde a nuestras propias formas de representar a un dios?
Los símbolos no siempre explican. También sugieren, evocan y, a veces, ocultan.
Quizá por eso la imagen de Viracocha trazada según Pachacuti Yamqui no desaparece detrás de su dibujo. Permanece allí, silencioso, esperando ser comprendido.
Pachacuti no nos dejó una respuesta. Nos dejó un enigma.

2. Reflexiones finales

Pachacuti Yamqui es el único cronista que representa gráficamente a Viracocha. El gran óvalo aparece en el centro de su esquema del Coricancha y lo identifica como la imagen de Viracocha Pachayachachic.

Y aquí ocurre algo extraordinario.
Si colocamos este dibujo junto a las representaciones de los cronistas de esta serie, la diferencia resulta enorme.
¿Por qué Pachacuti Yamqui necesitó representar a Viracocha mediante un óvalo abstracto?
Ahí está el verdadero misterio.
Elimina el cuerpo.
No hay ojos. No hay boca. No hay barba. No hay cabello. No hay túnica. No hay manos. No hay báculo. No hay libro. No hay postura corporal.
Y, sobre todo, no hay ningún rasgo que permita convertirlo en un personaje europeo.
Pero aparece otra característica fascinante: el interior del óvalo está vacío.
Viracocha según Pachacuti Yamqui no lo representa como un ser humano porque no intenta mostrarnos su apariencia. Lo representa como una señal, una imagen central y abstracta del Hacedor. El óvalo parece expresar gráficamente algo que va más allá de una figura humana: el lugar que Viracocha ocupa dentro del orden cosmológico que Pachacuti está representando.
Si queremos saber cómo «era» Viracocha, las crónicas nos ofrecen respuestas contradictorias. Pero si queremos aproximarnos a cómo Pachacuti Yamqui quiso representarlo, su dibujo nos ofrece una respuesta contundente: no como un hombre, sino como una divinidad que ocupa un lugar central dentro del orden que está representando.
Y esto convierte a Pachacuti Yamqui, hasta ahora, en el testimonio que más se aparta de la imagen cristianizada de Viracocha.
¿Por qué el único cronista indígena que decidió dibujar a Viracocha eligió no darle forma humana?
Quizá ese sea el verdadero enigma que nos dejó Pachacuti Yamqui.
Nos vemos en el post de Guamán Poma de Ayala.

3. Referencias

Pachacuti Yamqui, S. J. (1993). Relación de antigüedades deste Reyno del Pirú. (Con edición facsimilar del códice de Madrid. Edición de César Itier, estudio y comentario histórico de Pierre Duviols, estudio, comentario lingüistico y edición de César Itier ed.). Madrid, España: Instituto Francés de Estudios Andinos – Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

VIRACOCHA según GUAMÁN POMA ¿Fue SUSTITUIDO?

VIRACOCHA según GUAMÁN POMA ¿Fue SUSTITUIDO?

Con Guamán Poma de Ayala, esta vez, Viracocha es sustituido. Ya no es el sacerdote de Cieza, ni el demonio de Sarmiento, ni el fantasma de Garcilaso, ni el óvalo de Pachacuti. Ahora adquiere el nombre y rostro de un apóstol.
¡Guamán Poma de Ayala! El «Cronista y Príncipe», como él mismo se autodenomina. Cristiano fervoroso, convencido de la verdad del Evangelio y decidido a incorporar al indígena dentro del nuevo orden cristiano.
Pero cuando su pluma se ocupa de Viracocha, ocurre algo sorprendente. En su Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno nos presenta dos relatos y un dibujo en los que establece una estrecha relación entre el antiguo dios incaico y el apóstol San Bartolomé.
Y así, el Hacedor de los incas vuelve a cambiar de rostro. Esta vez, Viracocha parece acercarse al mundo cristiano hasta adquirir la figura de un apóstol.

Índice

1. La sustitución de Viracocha según Guamán Poma en 1615

En la sustitución de Viracocha según Guamán Poma de Ayala ya no encontramos a la misteriosa deidad de la tradición incaica. En su lugar aparece una figura completamente diferente: San Bartolomé, apóstol de Cristo, que llegó al Collasuyo mucho antes de la presencia española, recorrió sus tierras llevando la doctrina cristiana y dejó como testimonio de su paso la célebre cruz de Carabuco.

Pero esta sustitución plantea un problema que no puede pasar inadvertido.
¿Qué relación puede existir entre San Bartolomé y el antiguo dios Viracocha?
¿Estamos ante dos figuras completamente distintas o ante una transformación de la antigua tradición religiosa dentro de la interpretación cristiana de Guamán Poma?
La respuesta exige detenernos en su relato y observar qué lugar ocupa Viracocha —y qué lugar ocupa San Bartolomé— dentro de la particular visión de la historia del mundo que construye el cronista.

1.1. Viracocha sustituido por San Bartolomé en Cacha

Para comprender cómo Guamán Poma transforma la figura de Viracocha, debemos examinar los dos episodios que nos refiere.
En el primero, acompañado de uno de sus célebres dibujos, Guamán Poma nos ofrece una auténtica parábola cristiana, una narración que bien podría llamarse «el exorcismo del mito de Viracocha».
Porque lo que realiza no parece ser una simple reinterpretación, sino una verdadera sustitución. Allí donde la tradición incaica recordaba la presencia de Viracocha en Cacha, Guamán Poma introduce a un nuevo protagonista: el apóstol San Bartolomé.
Relata que, en tiempos antiquísimos, Dios obró un milagro por intermedio de su santo en el pueblo de Cacha. Los habitantes del lugar, incitados por el demonio, rechazaron al apóstol, lo expulsaron y llegaron incluso a amenazarlo con lapidarlo. Entonces ocurrió el prodigio: una lluvia de fuego descendió del cielo y devastó la región.

La transformación resulta evidente. Donde antes aparecía el fuego asociado al prodigio de Viracocha en la tradición incaica, ahora irrumpe el castigo del Dios cristiano. Donde antes caminaba el antiguo Hacedor del mundo, ahora aparece un apóstol.
Cacha, antiguo escenario de una manifestación de Viracocha, se convierte así en el escenario de una narración cristiana de pecado, castigo y conversión. El antiguo mito queda absorbido dentro de un nuevo relato religioso.
Y aquí aparece una cuestión fundamental: ¿Por qué Guamán Poma transforma la descripción de Viracocha?
Cuando escribe, han transcurrido aproximadamente ochenta años desde la conquista y la antigua religión de los incas ha sido profundamente erosionada por la evangelización. Guamán Poma contempla el pasado desde un horizonte cristiano y, desde esa perspectiva, reconstruye aquello que recuerda.
La memoria de Viracocha llega hasta él debilitada y transformada. El antiguo Hacedor ya no aparece con la identidad que encontramos en otras tradiciones, sino mediante nuevas imágenes: un apóstol ocupa su lugar, el milagro cristiano se superpone a la antigua manifestación divina y el castigo de Dios sustituye al prodigio asociado a Viracocha.
Así, la figura del antiguo dios comienza a perder su identidad original y queda incorporada a un nuevo horizonte religioso.

1.2. «Anti Viracocha»: Viracocha se convierte en un nombre

En el segundo episodio, la transformación alcanza un punto todavía más sorprendente.
San Bartolomé aparece peregrinando por las tierras del Collao. El frío de la altiplanicie lo obliga a buscar refugio en una cueva. Pero aquella no es una cueva cualquiera. Allí habita Anti, un hechicero indígena, representante de un mundo religioso que, en el relato de Guamán Poma, se encuentra en proceso de desaparición.
En el interior de la gruta, Anti dialoga con un ídolo demoniaco, último baluarte de una antigua fe. Entonces irrumpe el santo.
San Bartolomé penetra en la cueva y, en ese preciso instante, el ídolo enmudece. El oráculo deja de responder. El demonio huye.

Sobrecogido por el repentino silencio de aquello que había venerado, Anti abandona la caverna. Durante el sueño recibe una revelación: el propio demonio le confiesa la causa de su derrota: la presencia del santo puso fin a su poder.
Anti busca entonces a San Bartolomé. El apóstol le ordena regresar a la cueva y allí ocurre el desenlace: el ídolo reconoce la superioridad del santo y confiesa la pérdida de su poder.
Convencido de la derrota de sus antiguas creencias, Anti decide convertirse y solicita el bautismo.
Y aquí aparece una paradoja extraordinaria.
San Bartolomé lo bautiza y le impone el nombre de «Anti Viracocha».

¡Qué transformación tan singular!
El nombre del antiguo dios incaico aparece ahora asociado a un indígena convertido al cristianismo. El mismo Viracocha que en otras tradiciones era el Hacedor del mundo queda reducido a formar parte del nombre de un neófito hechicero.
Viracocha no desaparece completamente. Permanece, pero bajo una forma completamente diferente.
Ya no representa aquí al antiguo Hacedor del Mundo Alto y Mundo Bajo incaico. Su nombre sobrevive dentro de una narración de conversión, subordinado al nuevo orden religioso.
Y precisamente por eso «Anti Viracocha» resulta tan revelador. El nombre del antiguo dios continúa existiendo, pero su significado ha sido desplazado. Viracocha sobrevive en la memoria, aunque incorporado a una nueva realidad religiosa.

1.3. Viracocha desplazado por la cruz

Todo ello queda plasmado también en un dibujo.
La cruz de Carabuco preside la escena y establece visualmente el nuevo orden religioso. Ya no estamos ante el espacio sagrado de la antigua religión incaica, sino ante un mundo en el que la cruz, el santo y el milagro cristiano ocupan el centro.
La imagen completa lo que el relato ya había establecido.
Guamán Poma dibuja, pero no necesariamente aquello que fue. Dibuja aquello que su sensibilidad cristiana le permite recordar y representar. Por eso, frente a sus ojos, Viracocha aparece cada vez más desplazado entre santos, cruces y milagros.
La transformación no ocurre únicamente en las palabras. Ocurre también en la imagen.
La antigua religión es reinterpretada mediante el relato, el dibujo y el nuevo horizonte cristiano. La memoria de Viracocha no desaparece, pero queda sometida a una nueva forma de entender el mundo.
Y aquí encontramos nuevamente una constante de esta serie.
Cada cronista parece ofrecernos un Viracocha diferente.
Cieza encuentra al sacerdote. Sarmiento presenta al demonio. Garcilaso deja aparecer al fantasma. Pachacuti Yamqui representa el óvalo. Y Guamán Poma introduce al apóstol.
La voz de Guamán Poma no se limita a recordar a Viracocha: lo vuelve a escribir.
El dios incaico aparece transformado por la tinta virreinal. Ya no es el dios del óvalo ni únicamente el antiguo Hacedor que caminaba por el mundo. Ahora aparece rodeado de santos, cruces y milagros cristianos.
Incluso su nombre sobrevive de una manera paradójica en «Anti Viracocha», como testimonio de que la memoria del antiguo dios continúa existiendo, aunque bajo nuevos significados.

Por eso, más que una descripción de Viracocha, lo que encontramos en Guamán Poma es el testimonio de una sustitución.
El antiguo dios no desaparece de las crónicas. Cambia constantemente de rostro.

2. Reflexiones finales

Viracocha prácticamente desaparece como figura divina incaica.
En los cronistas tempranos todavía podemos seguir el rastro de una deidad llamada Viracocha. En Guamán Poma, sin embargo, la figura que ocupa su lugar ya tiene un nombre cristiano: San Bartolomé.
Guamán Poma lo identifica directamente con un apóstol cristiano. Y el indígena hechicero de Carabuco, llamado Anti, después de su conversión y bautismo pasa a llamarse Anti Viracocha.
Esto produce una inversión fascinante.
Viracocha ya no es el evangelizador. Viracocha es ahora el nombre del indígena convertido.
El nombre que anteriormente designaba a una figura creadora y sagrada pasa a formar parte de la identidad de un indígena que abandona la antigua religión y acepta la doctrina cristiana.
Pero hay algo todavía más revelador.
En la estructura del relato, San Bartolomé recorre las tierras del Collao, llega a Cacha, enfrenta fuerzas sobrenaturales, vence al demonio, realiza milagros, convierte a un indígena, deja una cruz y queda asociado a lugares sagrados del territorio.
Esto recuerda inevitablemente el itinerario de otros relatos sobre Viracocha.
Y aquí encontramos una transformación narrativa de enorme importancia: la función del Hacedor como caminante permanece, pero cambia su identidad.
Guamán Poma construye así una historia en la que los Andes ya habían recibido el conocimiento de Dios antes de la llegada de los españoles. San Bartolomé habría llegado a estas tierras antes de la conquista española.
La cruz tampoco aparece simplemente como un objeto religioso. Dentro del relato de Guamán Poma, se convierte en la prueba material de la presencia anterior del apóstol en estas tierras.
Con ello, Guamán Poma lleva a un punto culminante la cristianización narrativa de Viracocha.
Las funciones religiosas que anteriormente pertenecían al Hacedor pasan a ser desempeñadas por un apóstol cristiano. El caminante continúa caminando. El hacedor de milagros continúa obrando prodigios. El evangelizador continúa transmitiendo el conocimiento de Dios.
Lo que cambia es quién desempeña esas funciones.
Y entonces ocurre algo verdaderamente revelador: el antiguo nombre no desaparece; cambia de dueño.
Viracocha no solamente cambia de aspecto. Cambia de naturaleza.
En Guamán Poma, ya no parece necesario representar al antiguo Hacedor porque su lugar dentro del relato ha sido ocupado por San Bartolomé. El nombre Viracocha sobrevive, pero subordinado a una nueva historia cristiana de los Andes.
Después de recorrer a tantos cronistas, volvemos a encontrar la misma pregunta: ¿Qué ocurrió con Viracocha?
Cada cronista parece darle un rostro diferente. Pero en Guamán Poma sucede algo más profundo: Viracocha deja de ser el protagonista y sus funciones pasan a otro.
El dios permanece solamente en el nombre.
Nos vemos en el siguiente post, dedicado a Bernabé Cobo en 1653.

3. Referencias

Guamán Poma, P. (2011). Nueva Crónica y Buen Gobierno. (1ra ed.). Lima: Ediciones Ebisa.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

VIRACOCHA según CRISTÓBAL DE MOLINA ¿Cómo lo describió?

VIRACOCHA según CRISTÓBAL DE MOLINA ¿Cómo lo describió?

Su descripción de Viracocha merece una atención particular. Como sacerdote formado en la tradición cristiana del siglo XVI, no solo registró lo que escuchó: selecciona, organiza y explica aquello que encuentra en la tradición indígena. Por ello, su testimonio debería aproximarnos a la imagen de Viracocha transmitida en el Cuzco, pero también plantea una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto describe la concepción incaica de Viracocha y cuánto pertenece a la interpretación de él?
Cristóbal de Molina, conocido como «el Cuzqueño», fue un sacerdote secular nacido en Baeza, Andalucía, que ejerció su ministerio en el Cuzco durante el siglo XVI donde aprendió el quechua. Hacia 1573, por encargo del obispo Sebastián de Lartaún, escribió su Relación de las fábulas y ritos de los Incas, una de las fuentes más importantes para conocer las creencias religiosas del Tawantinsuyo.

Índice

1. Descripción de Viracocha según Cristóbal de Molina en 1573

Cristóbal de Molina, dominaba el runa simi o la lengua quechua y tuvo contacto con sabios, ancianos y antiguos servidores de Huayna Cápac, Huáscar y Manco Inca Yupanqui. Ambos elementos hicieron de su testimonio una fuente de particular importancia para conocer la religión incaica.

Sin embargo, cuando Molina describe a Viracocha, encontramos a lo largo del relato distintos términos inusuales, extraños al Hacedor, a sus atributos, a sus hijos y a la manera en que dio origen a las naciones y a los seres andinos.

Estas descripciones, por el lenguaje utilizado, plantean una dificultad: las palabras con las que lo detalla son de un universo conceptual que no corresponde con el lenguaje religioso incaico.

¿Estamos, entonces, ante una traducción de lo que los incas decían sobre Viracocha o ante una interpretación realizada por un sacerdote del siglo XVI?

Para aproximarnos a esta cuestión es necesario escuchar al propio Molina y examinar, una a una, las distintas descripciones que dejó sobre Viracocha. En ellas encontraremos palabras que transforman el modo en que la deidad incaica llega hasta nosotros.

1.1.Viracocha: el Hacedor incomprensible

Molina escribe:

«[…] el Hacedor, a quien en lengua de estos le llaman Pacha Yachachic, y por otro nombre Tecsi Viracocha, que quiere decir incomprensible dios». Molina, C. (1573/1947: párr. 017002).

¿«Incomprensible»?
¿Dónde se encuentra ese concepto en el pensamiento religioso incaico? ¿En qué palabra quechua se expresa la idea de un dios inaccesible e imposible de comprender?
Difícilmente la hallaremos.
El término «incomprensible» proviene del latín incomprehensibilis y fue utilizado por la escolástica cristiana para referirse a la naturaleza inescrutable de Dios, un ser cuya esencia supera la capacidad de entendimiento humano. El lenguaje pertenece a los monasterios y a las aulas de teología; no a las montañas sagradas del Tawantinsuyo.
Viracocha es interpretado con una voz ajena a su lengua original. Su descripción no parte del significado propio de la lengua quechua, sino de conceptos derivados de la religión cristiana. El dios incaico ya no es presentado desde su propio universo religioso, sino desde una palabra del latín y un concepto disponible para un sacerdote del siglo XVI.

1.2. Tres descripciones de Viracocha 

Pero Molina no se detuvo allí. En otro pasaje afirma:

«[…] Tenían también estos indios, y por muy cierto y averiguado, que el Hacedor ni sus hijos no fueron nacidos de mujer, y que eran inconmutables, y que tampoco habían de tener fin». Molina, C. (1573/1947).

La cita contiene tres descripciones de Viracocha, examinémoslas:
¿»Hijos no fueron nacidos de mujer»?
Esta afirmación contiene un detalle de enorme importancia: Molina no menciona únicamente a Viracocha. Habla también de «sus hijos».
Viracocha no aparece, por tanto, como una deidad aislada. La tradición conservada por Molina recuerda al Hacedor acompañado por otros seres divinos vinculados a él. Posee una familia divina, tiene hijos. Es una familia sagrada.

Pero, una vez más, la descripción se expresa con conceptos que proceder de la teología cristiana: seres que son «inconmutables» y que no han de tener fin.
¿»Inconmutables»?
Palabra cuya raíz es el latín: incommutabĭlis. ¿Acaso es una voz del vocabulario quechua? ¿Necesitaban los incas tales voces para entender a Viracocha?
Definitivamente no.
También expresa que Viracocha y sus hijos:
¿“tampoco habían de tener fin”?
¿Indica acaso una existencia perpetua? ¿Viracocha y sus hijos poseían el don de la inmortalidad y la trascendencia eterna? Nuevamente el padre Molina se expresa con términos vinculados a la religión que profesa.
Si bien Molina no escribe la palabra inmortalidad voz que proviene del latín immortalitas. Es «la cualidad de no ser mortal» o la incapacidad de morir, y que nosotros interpretamos cuando expresa que los Viracochas “tampoco habían de tener fin”.
Tal concepción no forma parte del pensamiento incaico ni existe en el vocabulario quechua.

1.3. Viracocha da «ánima» a la gente creada

En otro momento de su relato, Molina describe la acción creadora del Hacedor:

«Y acabado de pintar y hacer las dichas naciones y bultos de barro, dio ser y ánima a cada uno por sí, así a los hombres como a las mujeres […]». Molina, C. (1573/1947: párr. 021010).

Nuevamente aparece una palabra que merece detener nuestra atención: «ánima».
Molina utiliza este término para explicar aquello que el Hacedor concede a los seres que ha creado. Pero ¿pertenece esta palabra al universo conceptual con el que los incas comprendían la vida, el ser humano y su relación con lo sagrado?
El término «ánima» procede del latín y quedó profundamente incorporado al vocabulario religioso cristiano. Dentro de la tradición teológica europea, designaba el alma o principio espiritual del ser humano.

Por ello, su utilización por Molina vuelve a plantear el mismo problema: no estamos necesariamente ante una traducción literal de una voz quechua, sino ante la elección de una palabra para explicar el acto creativo de Viracocha mediante conceptos comprensibles para un sacerdote y para sus lectores europeos.
No resulta casual que el término aparezca en el vocabulario de Diego González Holguín. En el contexto de la evangelización, diversos conceptos cristianos fueron incorporados al quechua para facilitar la enseñanza de la doctrina y hacer inteligibles para los indígenas las nociones de pecado, alma, salvación y vida eterna. Así, el antiguo lenguaje religioso incaico comenzó a expresar realidades nuevas mediante palabras y valores religiosos introducidos desde Europa.
Molina no solo traduce palabras; traduce universos religiosos.

1.4. Cuando Viracocha empieza a hablar en latín

Las expresiones «incomprensible», «inconmutable», «no nacido de mujer» y «ánima» forman parte de una misma problemática.
Los incas no explicaron a su dios Viracocha con la teología cristiana ni con el latín europeo. Su pensamiento religioso transmitió su religión a través de: mitos, ceremonias, invocaciones, relatos y prácticas rituales.
Molina, en cambio, expresó aquello que aprendió dentro del universo intelectual en el que había sido formado. Y es precisamente allí donde la descripción de Viracocha comienza a cambiar.
No se trata solamente de traducir una lengua a otra. Se trata de traducir una concepción religiosa a otra.
Ahora Viracocha habla en latín.
La pregunta, entonces, deja de ser únicamente qué dijo Molina sobre Viracocha. La verdadera cuestión es cuánto de la antigua concepción incaica sobrevivió después de pasar por su pluma.
Y quizá aquí se encuentre una de las mayores paradojas de la crónica: Molina quiso transmitir la memoria religiosa de los incas que describe al dios Viracocha, pero al hacerlo también dejó impresa la huella de su propia tradición religiosa.
Viracocha no desapareció.
Quedó allí, entre sus palabras, esperando que alguien volviera a reconocerlo.
¡Qué ironía!: el que acusaba a los incas de inventar fábulas, inventó una versión de Viracocha donde cada adjetivo que lo describe deriva del latín. ¿Acaso no era experto en el idioma quechua?
Cuando Molina recurre a estas voces al describir a la deidad incaica, no lo hace con ingenio ni por accidente. Su educación en el claustro cristiano, no traduce: transforma. Y esa transformación, obedece a una intención de distorsionar la imagen de Viracocha pasando por encima al idioma quechua. En este caso, el protagonista no es Viracocha…es la crónica como instrumento de distorsión.

2. Reflexiones finales

Cristóbal de Molina conocía el quechua y tuvo acceso a personas que conservaban la memoria de la antigua religión incaica. Su testimonio, por ello, constituye una fuente de gran importancia. Pero conocer una lengua no significa necesariamente comprender y transmitir intacto el universo religioso que esa lengua expresa.
Al describir a Viracocha, utiliza conceptos como «incomprensible», «inconmutable» y «ánima», términos que trasladan la imagen del Hacedor hacia la Teología propia de la tradición católica. No estamos solamente ante una traducción de palabras quechuas al castellano. Estamos ante una modificación de la descripción original andina de Viracocha para hacerla encajar en el molde cristiano.
Sin embargo, en medio de esa transformación aparece un elemento que resulta particularmente revelador: Molina afirma que el Hacedor tenía hijos. Esa referencia difícilmente puede considerarse un detalle menor. Detrás de la formulación cristianizada de su relato perdura el recuerdo de una familia divina en la que Viracocha no se encontraba completamente aislado, sino relacionado con otros seres sagrados.
Esta es, quizá, una paradoja de la obra de Molina. Su lenguaje modifica la forma en que Viracocha llega hasta nosotros, pero al mismo tiempo conserva fragmentos de una tradición que no logró desaparecer bajo la interpretación cristiana.
Molina no borró a Viracocha. Lo cubrió con los términos religiosos de su tiempo.
Por eso, leer su crónica exige algo más que aceptar sus palabras como una descripción transparente del Viracocha incaico. Es necesario distinguir entre aquello que pudo proceder de la memoria indígena y aquello que pertenece a la interpretación del sacerdote que la puso por escrito.
Entre ambas capas permanece Viracocha: cuya imagen fue reinterpretada, pero cuya presencia todavía puede reconocerse entre las líneas de la crónica.
La tarea consiste precisamente en separar esas capas.
Solo entonces podremos comenzar a preguntarnos quién era realmente Viracocha antes de que otros hablaran por él.
Nos vemos en el siguiente post con el Inca Garcilaso de la Vega.

3. Referencias

De Molina, C. (1573/1947). Ritos y Fábulas de los incas. Obtenido de: https://es.scribd.com/document/50568715/MOLINA-Cristobal-de-del-Cuzco-1573-1947-ritos-y-fabulas-de-los-incas.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.