Si leemos su crónica con atención, descubrimos un extraordinario caudal de información religiosa, particularmente en torno a la imagen de Viracocha, que en buena medida ha quedado relegada. Una de las razones se encuentra en la complejidad del enigmático esquema geométrico que representa a Viracocha según Pachacuti Yamqui. Tras sus líneas y figuras se oculta una concepción religiosa mucho más profunda de lo que una lectura superficial permite advertir.
Pero existe otro elemento que tampoco debería pasar inadvertido: el contexto en el que escribió. Pachacuti Yamqui estuvo vinculado a Francisco de Ávila, conocido por su actividad en la extirpación de idolatrías y por la destrucción de huacas. En ese ambiente, la exposición de antiguas creencias religiosas no era un asunto inocuo. Sus palabras debieron desenvolverse dentro de un escenario marcado por la vigilancia religiosa, la censura y el temor a las consecuencias que podía acarrear la expresión de determinadas creencias.
Tal vez por eso, aquello que Pachacuti Yamqui quiso transmitir sobre Viracocha no se encuentra solamente en lo que escribió de manera explícita, sino también en temas que pudo haber necesitado expresar de forma velada. Y es precisamente allí donde su enigmática imagen del dios Viracocha adquiere una importancia excepcional.
Índice
1. Descripción de la imagen de Viracocha según Pachacuti Yamqui en 1613
¿Y cómo describió este cronista indígena la imagen del dios Viracocha?
Aquí aparece una singularidad que distingue a Pachacuti Yamqui de los demás cronistas: se atrevió a dibujar.
No se limitó a describir. Trazó un retablo extraordinario, poblado por más de una veintena de imágenes y textos, en el que las antiguas creencias incaicas aparecen expresadas mediante un lenguaje visual propio.
Es, entre los cronistas, al igual que Guamán Poma, otra excepción notable: Pachacuti Yamqui piensa también mediante imágenes.
Y cuando llegamos a la representación de Viracocha, la diferencia se vuelve todavía más desconcertante. No encontramos allí al sacerdote blanco y barbado, al predicador errante vestido con una larga túnica, al portador de un libro sagrado ni a una figura humana arrodillada en oración.
Pachacuti lo representa de otra manera.
Del relato de Pachacuti Yamqui emergen tres cuestiones fundamentales que analizamos a continuación:
1.1.Pachacuti Yamqui y la imagen de Viracocha
Mientras otros cronistas como Juan de Betanzos, Cieza de León y Sarmiento de Gamboa imaginaron a Viracocha bajo formas humanas —sacerdote, apóstol, demonio o fantasma—, Pachacuti Yamqui nos conduce hacia una representación diferente: un dios expresado mediante un símbolo.
Como un óvalo.
Una forma sin principio ni fin, sin rostro, sin pies y sin atributos humanos. Una representación que se aparta de los cánones antropomórficos y que obliga a preguntarnos qué quiso expresar realmente mediante aquella imagen.
Y quizá allí se encuentre una de las claves más profundas de su crónica.
¿Por qué representar a Viracocha mediante un simple óvalo?
En la crónica de Pachacuti Yamqui, Viracocha no aparece representado bajo una forma humana. Su imagen se encuentra fundida en una plancha de oro y adopta la forma de un óvalo que, según la tradición recogida por el propio cronista, Manco Cápac habría mandado forjar una imagen para representar al «Hacedor del cielo y de la tierra».
No estamos, por tanto, ante un simple dibujo decorativo. La forma elegida para representar a Viracocha según Pachacuti parece responder a una concepción religiosa en la que la imagen humana resulta insuficiente para expresar su naturaleza.
El óvalo adquiere así un significado que merece ser examinado con detenimiento.
1.2. El óvalo: una imagen simbólica de Viracocha
El óvalo no parece ser un simple recurso gráfico. Allí donde otros cronistas dieron a Viracocha un rostro, una barba, vestiduras y atributos humanos, Pachacuti Yamqui ofrece una forma esencialmente abstracta.
Es una diferencia fundamental.
La imagen no intenta mostrar cómo «era» Viracocha como hombre, sino expresar mediante un símbolo aquello que no podía ser reducido a una figura humana.
Desde esta perspectiva, el óvalo puede entenderse como la síntesis visual de una antigua concepción religiosa incaica: Viracocha como Hacedor de los dos mundos, el Hanan Pacha y el Hurín Pacha.
Y aquí aparece una cuestión todavía más profunda. Si esta representación pertenece al propio universo religioso en que Pachacuti Yamqui describe a Viracocha, ¿por qué deberíamos buscar necesariamente su explicación fuera de él?
Durante mucho tiempo se han propuesto interpretaciones relacionadas con los astros, la tierra y diversas tradiciones anteriores. Pero quizá el problema se encuentre precisamente en intentar descifrar el símbolo desde categorías ajenas al pensamiento incaico.
Tal vez el óvalo no deba ser traducido inmediatamente a un concepto conocido por nosotros. Tal vez primero debamos aprender a mirarlo dentro del sistema religioso en el que fue concebido.
1.3. Viracocha y el Inticancha
Existe todavía otro dato que vuelve más compleja la imagen.
El óvalo de Viracocha fue colocado en el Inticancha, el Recinto del Sol. Esto introduce una cuestión que difícilmente puede ser ignorada: la presencia de Viracocha dentro de un espacio asociado al culto solar.
La relación entre ambos no parece explicarse simplemente mediante una oposición entre el culto a Viracocha y el culto al Sol. Por el contrario, el relato de Pachacuti permite explorar la posibilidad de que ambas dimensiones formaran parte de una misma arquitectura sagrada.
¿Por qué habría sido colocado allí el símbolo de Viracocha?
La respuesta quizá deba buscarse en las transformaciones religiosas y políticas que experimentó el Cuzco y en la manera en que distintas concepciones sagradas fueron integradas dentro del orden religioso incaico.
Pero el óvalo continúa planteando preguntas.
¿Fue Pachacuti Yamqui simplemente torpe al representar la figura de Viracocha? ¿O somos nosotros quienes hemos olvidado cómo leer una imagen sagrada que no responde a nuestras propias formas de representar a un dios?
Los símbolos no siempre explican. También sugieren, evocan y, a veces, ocultan.
Quizá por eso la imagen de Viracocha trazada según Pachacuti Yamqui no desaparece detrás de su dibujo. Permanece allí, silencioso, esperando ser comprendido.
Pachacuti no nos dejó una respuesta. Nos dejó un enigma.
2. Reflexiones finales
Pachacuti Yamqui es el único cronista que representa gráficamente a Viracocha. El gran óvalo aparece en el centro de su esquema del Coricancha y lo identifica como la imagen de Viracocha Pachayachachic.
Y aquí ocurre algo extraordinario.
Si colocamos este dibujo junto a las representaciones de los cronistas de esta serie, la diferencia resulta enorme.
¿Por qué Pachacuti Yamqui necesitó representar a Viracocha mediante un óvalo abstracto?
Ahí está el verdadero misterio.
Elimina el cuerpo.
No hay ojos. No hay boca. No hay barba. No hay cabello. No hay túnica. No hay manos. No hay báculo. No hay libro. No hay postura corporal.
Y, sobre todo, no hay ningún rasgo que permita convertirlo en un personaje europeo.
Pero aparece otra característica fascinante: el interior del óvalo está vacío.
Viracocha según Pachacuti Yamqui no lo representa como un ser humano porque no intenta mostrarnos su apariencia. Lo representa como una señal, una imagen central y abstracta del Hacedor. El óvalo parece expresar gráficamente algo que va más allá de una figura humana: el lugar que Viracocha ocupa dentro del orden cosmológico que Pachacuti está representando.
Si queremos saber cómo «era» Viracocha, las crónicas nos ofrecen respuestas contradictorias. Pero si queremos aproximarnos a cómo Pachacuti Yamqui quiso representarlo, su dibujo nos ofrece una respuesta contundente: no como un hombre, sino como una divinidad que ocupa un lugar central dentro del orden que está representando.
Y esto convierte a Pachacuti Yamqui, hasta ahora, en el testimonio que más se aparta de la imagen cristianizada de Viracocha.
¿Por qué el único cronista indígena que decidió dibujar a Viracocha eligió no darle forma humana?
Quizá ese sea el verdadero enigma que nos dejó Pachacuti Yamqui.
Nos vemos en el post de Guamán Poma de Ayala.
3. Referencias
Pachacuti Yamqui, S. J. (1993). Relación de antigüedades deste Reyno del Pirú. (Con edición facsimilar del códice de Madrid. Edición de César Itier, estudio y comentario histórico de Pierre Duviols, estudio, comentario lingüistico y edición de César Itier ed.). Madrid, España: Instituto Francés de Estudios Andinos – Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas.
Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.