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Su descripción de Viracocha merece una atención particular. Como sacerdote formado en la tradición cristiana del siglo XVI, no solo registró lo que escuchó: selecciona, organiza y explica aquello que encuentra en la tradición indígena. Por ello, su testimonio debería aproximarnos a la imagen de Viracocha transmitida en el Cuzco, pero también plantea una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto describe la concepción incaica de Viracocha y cuánto pertenece a la interpretación de él?
Cristóbal de Molina, conocido como «el Cuzqueño», fue un sacerdote secular nacido en Baeza, Andalucía, que ejerció su ministerio en el Cuzco durante el siglo XVI donde aprendió el quechua. Hacia 1573, por encargo del obispo Sebastián de Lartaún, escribió su Relación de las fábulas y ritos de los Incas, una de las fuentes más importantes para conocer las creencias religiosas del Tawantinsuyo.

Índice

1. Descripción de Viracocha según Cristóbal de Molina en 1573

Cristóbal de Molina, dominaba el runa simi o la lengua quechua y tuvo contacto con sabios, ancianos y antiguos servidores de Huayna Cápac, Huáscar y Manco Inca Yupanqui. Ambos elementos hicieron de su testimonio una fuente de particular importancia para conocer la religión incaica.

Sin embargo, cuando Molina describe a Viracocha, encontramos a lo largo del relato distintos términos inusuales, extraños al Hacedor, a sus atributos, a sus hijos y a la manera en que dio origen a las naciones y a los seres andinos.

Estas descripciones, por el lenguaje utilizado, plantean una dificultad: las palabras con las que lo detalla son de un universo conceptual que no corresponde con el lenguaje religioso incaico.

¿Estamos, entonces, ante una traducción de lo que los incas decían sobre Viracocha o ante una interpretación realizada por un sacerdote del siglo XVI?

Para aproximarnos a esta cuestión es necesario escuchar al propio Molina y examinar, una a una, las distintas descripciones que dejó sobre Viracocha. En ellas encontraremos palabras que transforman el modo en que la deidad incaica llega hasta nosotros.

1.1.Viracocha: el Hacedor incomprensible

Molina escribe:

«[…] el Hacedor, a quien en lengua de estos le llaman Pacha Yachachic, y por otro nombre Tecsi Viracocha, que quiere decir incomprensible dios». Molina, C. (1573/1947: párr. 017002).

¿«Incomprensible»?
¿Dónde se encuentra ese concepto en el pensamiento religioso incaico? ¿En qué palabra quechua se expresa la idea de un dios inaccesible e imposible de comprender?
Difícilmente la hallaremos.
El término «incomprensible» proviene del latín incomprehensibilis y fue utilizado por la escolástica cristiana para referirse a la naturaleza inescrutable de Dios, un ser cuya esencia supera la capacidad de entendimiento humano. El lenguaje pertenece a los monasterios y a las aulas de teología; no a las montañas sagradas del Tawantinsuyo.
Viracocha es interpretado con una voz ajena a su lengua original. Su descripción no parte del significado propio de la lengua quechua, sino de conceptos derivados de la religión cristiana. El dios incaico ya no es presentado desde su propio universo religioso, sino desde una palabra del latín y un concepto disponible para un sacerdote del siglo XVI.

1.2. Tres descripciones de Viracocha 

Pero Molina no se detuvo allí. En otro pasaje afirma:

«[…] Tenían también estos indios, y por muy cierto y averiguado, que el Hacedor ni sus hijos no fueron nacidos de mujer, y que eran inconmutables, y que tampoco habían de tener fin». Molina, C. (1573/1947).

La cita contiene tres descripciones de Viracocha, examinémoslas:
¿»Hijos no fueron nacidos de mujer»?
Esta afirmación contiene un detalle de enorme importancia: Molina no menciona únicamente a Viracocha. Habla también de «sus hijos».
Viracocha no aparece, por tanto, como una deidad aislada. La tradición conservada por Molina recuerda al Hacedor acompañado por otros seres divinos vinculados a él. Posee una familia divina, tiene hijos. Es una familia sagrada.

Pero, una vez más, la descripción se expresa con conceptos que proceder de la teología cristiana: seres que son «inconmutables» y que no han de tener fin.
¿»Inconmutables»?
Palabra cuya raíz es el latín: incommutabĭlis. ¿Acaso es una voz del vocabulario quechua? ¿Necesitaban los incas tales voces para entender a Viracocha?
Definitivamente no.
También expresa que Viracocha y sus hijos:
¿“tampoco habían de tener fin”?
¿Indica acaso una existencia perpetua? ¿Viracocha y sus hijos poseían el don de la inmortalidad y la trascendencia eterna? Nuevamente el padre Molina se expresa con términos vinculados a la religión que profesa.
Si bien Molina no escribe la palabra inmortalidad voz que proviene del latín immortalitas. Es «la cualidad de no ser mortal» o la incapacidad de morir, y que nosotros interpretamos cuando expresa que los Viracochas “tampoco habían de tener fin”.
Tal concepción no forma parte del pensamiento incaico ni existe en el vocabulario quechua.

1.3. Viracocha da «ánima» a la gente creada

En otro momento de su relato, Molina describe la acción creadora del Hacedor:

«Y acabado de pintar y hacer las dichas naciones y bultos de barro, dio ser y ánima a cada uno por sí, así a los hombres como a las mujeres […]». Molina, C. (1573/1947: párr. 021010).

Nuevamente aparece una palabra que merece detener nuestra atención: «ánima».
Molina utiliza este término para explicar aquello que el Hacedor concede a los seres que ha creado. Pero ¿pertenece esta palabra al universo conceptual con el que los incas comprendían la vida, el ser humano y su relación con lo sagrado?
El término «ánima» procede del latín y quedó profundamente incorporado al vocabulario religioso cristiano. Dentro de la tradición teológica europea, designaba el alma o principio espiritual del ser humano.

Por ello, su utilización por Molina vuelve a plantear el mismo problema: no estamos necesariamente ante una traducción literal de una voz quechua, sino ante la elección de una palabra para explicar el acto creativo de Viracocha mediante conceptos comprensibles para un sacerdote y para sus lectores europeos.
No resulta casual que el término aparezca en el vocabulario de Diego González Holguín. En el contexto de la evangelización, diversos conceptos cristianos fueron incorporados al quechua para facilitar la enseñanza de la doctrina y hacer inteligibles para los indígenas las nociones de pecado, alma, salvación y vida eterna. Así, el antiguo lenguaje religioso incaico comenzó a expresar realidades nuevas mediante palabras y valores religiosos introducidos desde Europa.
Molina no solo traduce palabras; traduce universos religiosos.

1.4. Cuando Viracocha empieza a hablar en latín

Las expresiones «incomprensible», «inconmutable», «no nacido de mujer» y «ánima» forman parte de una misma problemática.
Los incas no explicaron a su dios Viracocha con la teología cristiana ni con el latín europeo. Su pensamiento religioso transmitió su religión a través de: mitos, ceremonias, invocaciones, relatos y prácticas rituales.
Molina, en cambio, expresó aquello que aprendió dentro del universo intelectual en el que había sido formado. Y es precisamente allí donde la descripción de Viracocha comienza a cambiar.
No se trata solamente de traducir una lengua a otra. Se trata de traducir una concepción religiosa a otra.
Ahora Viracocha habla en latín.
La pregunta, entonces, deja de ser únicamente qué dijo Molina sobre Viracocha. La verdadera cuestión es cuánto de la antigua concepción incaica sobrevivió después de pasar por su pluma.
Y quizá aquí se encuentre una de las mayores paradojas de la crónica: Molina quiso transmitir la memoria religiosa de los incas que describe al dios Viracocha, pero al hacerlo también dejó impresa la huella de su propia tradición religiosa.
Viracocha no desapareció.
Quedó allí, entre sus palabras, esperando que alguien volviera a reconocerlo.
¡Qué ironía!: el que acusaba a los incas de inventar fábulas, inventó una versión de Viracocha donde cada adjetivo que lo describe deriva del latín. ¿Acaso no era experto en el idioma quechua?
Cuando Molina recurre a estas voces al describir a la deidad incaica, no lo hace con ingenio ni por accidente. Su educación en el claustro cristiano, no traduce: transforma. Y esa transformación, obedece a una intención de distorsionar la imagen de Viracocha pasando por encima al idioma quechua. En este caso, el protagonista no es Viracocha…es la crónica como instrumento de distorsión.

2. Reflexiones finales

Cristóbal de Molina conocía el quechua y tuvo acceso a personas que conservaban la memoria de la antigua religión incaica. Su testimonio, por ello, constituye una fuente de gran importancia. Pero conocer una lengua no significa necesariamente comprender y transmitir intacto el universo religioso que esa lengua expresa.
Al describir a Viracocha, utiliza conceptos como «incomprensible», «inconmutable» y «ánima», términos que trasladan la imagen del Hacedor hacia la Teología propia de la tradición católica. No estamos solamente ante una traducción de palabras quechuas al castellano. Estamos ante una modificación de la descripción original andina de Viracocha para hacerla encajar en el molde cristiano.
Sin embargo, en medio de esa transformación aparece un elemento que resulta particularmente revelador: Molina afirma que el Hacedor tenía hijos. Esa referencia difícilmente puede considerarse un detalle menor. Detrás de la formulación cristianizada de su relato perdura el recuerdo de una familia divina en la que Viracocha no se encontraba completamente aislado, sino relacionado con otros seres sagrados.
Esta es, quizá, una paradoja de la obra de Molina. Su lenguaje modifica la forma en que Viracocha llega hasta nosotros, pero al mismo tiempo conserva fragmentos de una tradición que no logró desaparecer bajo la interpretación cristiana.
Molina no borró a Viracocha. Lo cubrió con los términos religiosos de su tiempo.
Por eso, leer su crónica exige algo más que aceptar sus palabras como una descripción transparente del Viracocha incaico. Es necesario distinguir entre aquello que pudo proceder de la memoria indígena y aquello que pertenece a la interpretación del sacerdote que la puso por escrito.
Entre ambas capas permanece Viracocha: cuya imagen fue reinterpretada, pero cuya presencia todavía puede reconocerse entre las líneas de la crónica.
La tarea consiste precisamente en separar esas capas.
Solo entonces podremos comenzar a preguntarnos quién era realmente Viracocha antes de que otros hablaran por él.
Nos vemos en el siguiente post con el Inca Garcilaso de la Vega.

3. Referencias

De Molina, C. (1573/1947). Ritos y Fábulas de los incas. Obtenido de: https://es.scribd.com/document/50568715/MOLINA-Cristobal-de-del-Cuzco-1573-1947-ritos-y-fabulas-de-los-incas.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.