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El VIRACOCHA de SARMIENTO DE GAMBOA: una IMAGEN llena de CONTRADICCIONES

El VIRACOCHA de SARMIENTO DE GAMBOA: una IMAGEN llena de CONTRADICCIONES

Pedro Sarmiento de Gamboa fue uno de los cronistas que dejó una descripción de Viracocha en el contexto de la gran reorganización virreinal impulsada por el virrey Toledo. Fue soldado, navegante y hombre vinculado al proyecto político de la Corona española, escribió su Historia Índica desde una perspectiva muy distinta a la de otros cronistas.
En su obra, los incas aparecen como tiranos, sus creencias religiosas como idolatrías y sus dioses bajo una interpretación cristiana vinculada al demonio. Esta mirada no es un detalle secundario: condiciona necesariamente la forma en que Sarmiento presenta las antiguas creencias del Tawantinsuyo.
Y aquí surge la pregunta que interesa a esta investigación:
¿Cómo describió Sarmiento de Gamboa a Viracocha?
¿Presentó al dios que los incas recordaban o construyó una imagen de Viracocha desde la perspectiva religiosa y política de su tiempo?
La respuesta se encuentra en su propia Historia Índica.

Índice

1. Viracocha descrito por Pedro Sarmiento de Gamboa en 1572

Pedro Sarmiento de Gamboa describe a Viracocha de una manera distinta a los cronistas que lo precedieron. En su Historia Índica, escrita en 1572, la imagen de esta antigua deidad aparece atravesada por una mirada religiosa profundamente cristiana.
Sarmiento no ofrece una única descripción de Viracocha. A lo largo de su relato presenta distintas imágenes del dios: primero lo identifica con el demonio; después conserva la memoria de Viracocha como Hacedor del universo; más adelante describe su aspecto físico con rasgos claramente occidentalizados; y finalmente narra episodios de su vida en los que aparecen elementos reconocibles dentro del imaginario cristiano.
Estas descripciones resultan especialmente reveladoras porque permiten observar cómo una misma deidad puede ser transformada por quien la interpreta.
¿Quién fue el Viracocha que Sarmiento de Gamboa dejó escrito en 1572?
Para responder a esta pregunta, conviene examinar por separado cada una de las imágenes que el cronista construyó sobre el antiguo Hacedor de los incas.

1.1.Viracocha: de Hacedor a demonio

Desde las primeras páginas de su crónica, Sarmiento coloca a Viracocha en el banquillo de los acusados. No lo vistió de apóstol, como Cieza. No lo transformó en sacerdote, como Betanzos. Fue más lejos: lo condenó.
Para Sarmiento, Viracocha no era una deidad incaica. Era el propio demonio:

“Y como el demonio [Viracocha], que siempre procura el daño del linaje humano […] les introdujo muchas ilusiones, mentiras y fraudes, haciéndoles entender que él los había criado al principio […]”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 206073).

El dios Hacedor y su creación, que los incas consideran sagrado, queda así reducido a una entidad demoníaca.

El dios Viracocha deja de ser, para Sarmiento, una forma legítima de comprender el universo incaico. Ahora es pecado. Ahora es error. Ahora es obra del enemigo de Dios. Viracocha queda sometido al tribunal de la fe cristiana.
Según Sarmiento, los incas conservaban de sus antepasados la tradición lejana de una antigua verdad. Sin embargo, aquella memoria habría llegado hasta ellos deformada y mezclada con invenciones indígenas y relatos demoníacos. Por ello afirma:

“Y como por ventura antes tenían alguna noticia… de la verdad de lo pasado […] y con otras cosas que ellos mudarían, compondrían y añadirían […]”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 206073).

Así, la religión incaica aparece como el vestigio distorsionado de una verdad primigenia, adulterada por el demonio —identificado por Sarmiento con Viracocha— y enriquecida con relatos añadidos con el transcurso del tiempo.
Por eso concluye que los incas elaboraron una “ensalada graciosa”: una mezcla de recuerdos, errores y fábulas, curiosa para el estudioso, pero incapaz de contener la verdad.

Viracocha ya no es presentado como un dios incaico. Es el demonio creador de una tradición mezclada. La religión de los incas queda subordinada así a una lectura providencial cristiana.

1.2. Viracocha: el Hacedor antes del Sol, la Luna y las estrellas

Sin embargo, la pluma que momentos antes condenaba al demonio Viracocha termina preservando parte de su grandeza.
Sarmiento introduce un giro inesperado. Por un instante, aflora en su relato una tradición mucho más cercana a la antigua memoria indígena:

“Dicen los naturales de esta tierra, que en el principio, o antes que el mundo fuese criado, hubo uno que llamaban Viracocha…”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 207017).

Aquí Viracocha ya no aparece como una ilusión demoníaca. Se presenta como el Hacedor del universo, una deidad primordial que existía antes del Sol, la Luna y las estrellas.
Y Sarmiento continúa:

“…el cual crió el mundo oscuro y sin sol ni luna ni estrellas; y por esta creación le llamaron Viracocha Pachayachachi, que quiere decir Criador de todas las cosas”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 207017).

El cambio de tono es notable. El cronista conserva la antigua memoria de un dios creador que emerge en el tiempo primordial, cuando el mundo todavía permanecía sumido en la oscuridad.
Este pasaje deja entrever algo fundamental: en la tradición que Sarmiento recoge, Viracocha precede al orden cósmico actual. Su existencia es anterior al nacimiento de los astros y su primera acción es la creación del mundo andino.
Por ello surge una reflexión inevitable: en su afán por desacreditar el mito de Viracocha, Sarmiento terminó conservando algunos de sus fragmentos más antiguos.
La memoria indígena, aun filtrada por la tinta virreinal, continúa hablando entre líneas.

1.3. Viracocha: blanco, vestido de blanco, con báculo y libro

Repentinamente, Sarmiento vuelve a describir a Viracocha. Pero ahora la imagen del Hacedor adquiere rasgos completamente distintos:

“Sea de una manera o de otra, que en fin todos concuerdan en que la creación de estas gentes la hizo el dicho Viracocha, el cual tienen noticia que fue un hombre de mediana estatura, blanco y vestido de una ropa blanca a manera de alba ceñida por el cuerpo y traía un báculo y un libro en las manos”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 209072).

La descripción resulta reveladora. Viracocha aparece como un hombre blanco, vestido con “una prenda blanca a manera de alba”, llevando un báculo y un libro en las manos.
La imagen del antiguo Hacedor ha adquirido así una apariencia claramente occidentalizada.

No estamos ante la misma figura primordial que Sarmiento acaba de presentar como creador del mundo oscuro, anterior al Sol, la Luna y las estrellas. Ahora Viracocha aparece revestido de elementos reconocibles dentro del universo religioso europeo.
La descripción occidentalizada de Viracocha parece convertirse así en un espejismo: una antigua deidad reinterpretada bajo categorías cristianas.
Pero Sarmiento todavía va más lejos. No solo transforma el aspecto de Viracocha. También transforma sus acciones.

1.4. Viracocha en Cacha: una escena cristianizada

Tras la creación del mundo, Viracocha abandona el lago Titicaca y se dirige hacia Cacha. Allí, los indígenas, extrañados por su aspecto y su manera de proceder, deciden darle muerte.
Sarmiento escribe:

“…murmuraron de él y propusieron de lo matar…”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 209080).

Entonces ocurre el prodigio. Viracocha se arrodilla, levanta las manos y el rostro hacia el cielo, e inmediatamente desciende fuego de lo alto, consumiendo el cerro, la tierra y las piedras.

La escena resulta sorprendente. El antiguo Hacedor aparece en una actitud profundamente familiar al imaginario cristiano: de rodillas, con las manos elevadas al cielo e invocando un poder superior.
El relato vuelve a adquirir así una fisonomía religiosa europea. Viracocha, creador del universo y figura primordial de la tradición incaica, aparece ahora como un personaje que recuerda al profeta bíblico o al santo perseguido.
Una vez más, el relato indígena es reinterpretado mediante nociones religiosas europeas. Sobre la imagen de Viracocha se superpone una escenografía espiritual que difícilmente puede separarse de la mirada cristiana del cronista.
Los matices se acumulan.
¿Es Viracocha un demonio? ¿Es el Hacedor? ¿Es un creador incaico? ¿O es un personaje cristianizado por la mirada de Sarmiento?
La respuesta parece encontrarse precisamente en la contradicción de sus propias descripciones.

1.5. Viracocha abandona el mundo caminando sobre el mar

Y llega el gran final del relato de Sarmiento.
Viracocha abandona el mundo caminando sobre el mar, acompañado de sus criados, sin hundirse, flotando sobre las aguas como “espuma” o como “grasa” sobre las aguas.

¡Qué extraordinaria transformación!
El Hacedor de los incas termina convertido en una figura que recuerda más a un personaje bíblico que a una antigua deidad incaica.
Sarmiento no se limita a transmitir una tradición. La interpreta desde las categorías religiosas de su propio tiempo. El Viracocha creador, el Hacedor primordial, queda envuelto en imágenes que para un lector cristiano resultan familiares.
Y así, la figura de Viracocha vuelve a cambiar ante nuestros ojos:
Primero fue demonio. Después, Hacedor del universo. Luego, un hombre blanco vestido de blanco, con báculo y libro. Más tarde, un personaje arrodillado que invoca el fuego mirando al cielo. Finalmente, abandona el mundo caminando sobre las aguas.
Son demasiadas imágenes para un solo dios.
Pero precisamente esa diversidad es la que hace excepcional el testimonio de Sarmiento.

2. Reflexiones finales

Sarmiento termina su relato con una frase que resume perfectamente la distancia entre sus creencias y la descripción de Viracocha que está narrando:

“Esta fábula ridícula tienen estos barbaros de su creación y afírmanla y créenla, como si realmente así la vieran ser y pasar”. De Sarmiento, P. (1965 [1572]: párr. 210050).

Para Sarmiento, aquella tradición era una fábula ridícula. Sin embargo, su intento de desacreditar a Viracocha produjo un resultado inesperado: lo hizo sobrevivir en sus propias páginas.
Al relatar sus atributos, sus acciones y sus hazañas, Sarmiento conservó fragmentos de una tradición que pretendía someter a la condena de su propia fe. Su censura terminó convirtiéndose, sin proponérselo, en archivo.
La imagen es perfectamente compatible con la representación de un predicador cristiano, apóstol o personaje sagrado para un lector del siglo XVI. Sarmiento cristianizó la imagen de Viracocha, pero al hacerlo también preservó parte de ella. Su pluma lo traicionó: escribió demasiado.
Llamó al dios incaico demonio, fábula y superstición; sin embargo, en cada intento por desacreditarlo dejó nuevas huellas de su memoria.
Porque un dios no desaparece por decreto ni por la voluntad de un cronista.
Viracocha sobrevivió a la condena cristiana y a la tinta virreinal. Permanece oculto entre las líneas de aquellas mismas páginas que intentaron desfigurarlo.
Y así, el antiguo Hacedor continúa caminando: sobre el mar de la tradición y sobre las páginas de la historia.
Nos vemos en el post de Cristóbal de Molina el Cuzqueño.

3. Referencias

De Sarmiento, P. de. (1572/1965). Historia de los incas. (Segunda parte de la Historia general llamada Indica). Obtenido de: https://es. Scribd. com/document/50568767/SARMIENTO-DE-GAMBOA-Pedro-1572-1965-Historia-de-los-incas-Segunda-parte-de-la-Historia-Ge neral-Llamada-Indica

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

El VIRACOCHA de CIEZA DE LEÓN: Una DESCRIPCIÓN que DESCONCIERTA

El VIRACOCHA de CIEZA DE LEÓN: Una DESCRIPCIÓN que DESCONCIERTA

Entre los cronistas que recogieron las antiguas tradiciones sobre esta enigmática deidad, el dios Viracocha de Cieza de León resulta particularmente desconcertante y fascinante a la vez.
La descripción de Viracocha que ofrece aparece como un personaje de extraordinarios poderes, capaz de transformar el paisaje, crear hombres y animales, sanar enfermos y devolver la vista a los ciegos. Pero también. es una deidad que habla de amor, mansedumbre, bondad y caridad.
¿Será el antiguo dios incaico? o ¿Será una imagen transformada por la creencia religiosa del cronista?
Para comprenderlo, ingresemos al relato de Cieza y observemos qué dijo, qué describió y, sobre todo, qué pudo haber visto cuando se encontró con la tradición del dios.

Índice

1. El Viracocha de Cieza de León: su descripción en 1553

1.1. ¿Qué describió Cieza cuando habló de Viracocha?

Cieza de León, P. (2005: Parte II, cap. V, p. 305), presenta a un personaje que aparece después de la salida del Sol y que viene desde el sur.
Según el relato, apareció un hombre blanco y de gran estatura, cuya presencia irradiaba autoridad y profunda veneración. Además, se le atribuía un poder extraordinario: podía transformar los cerros en llanuras, levantar montañas donde antes había planicies y hacer brotar manantiales de las rocas vivas.
Debido a tales prodigios, los indígenas lo llamaban el Hacedor de todas las cosas creadas, el Principio de todo cuanto existe y el Padre del Sol. Pero su grandeza no terminaba allí, además, le atribuían la creación de los hombres y de los animales, considerando que por su mano había llegado a la humanidad un inmenso beneficio.
Lo describe como un «hombre blanco y de gran estatura», expresión contraria a la tradición indígena, aun así, pensamos que es un comentario personal de Cieza.
Pero el relato continúa y es entonces cuando los detalles del dios comienzan a adquirir características más sorprendentes.
El cronista afirma:

«[…] volvió otro hombre semejante al que está dicho […] por dondequiera que llegaba y hubiese enfermos los sanaba y a los ciegos con solamente palabra les daba vista […] era de todos muy amado…» (Cieza de León, 2005: Parte II, cap. V, p. 306).

¿No resulta familiar esta descripción?
Sanar enfermos.
Devolver la vista a los ciegos mediante la sola palabra.
Ser amado por todos.
La narración evoca más a Cristo recorriendo Palestina que una deidad propia de la religión incaica, por esta razón, el relato adquiere un lenguaje cristianizado. Viracocha es reinterpretado a través de la religión católica, comprensible para la mentalidad europea del siglo XVI.

1.2. ¿Un Viracocha cristianizado?

Pero la homilía cristiana parece continuar cuando añade:

«[…] dio orden a los hombres cómo viviesen y que les hablaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y los unos a los otros no se hiciesen daño ni injuria; antes, amándose, en todos hubiese caridad.» (Cieza de León, 2005: Parte II, cap. V, p. 305).

La descripción resulta sorprendente.
El Viracocha de Cieza de León aparece como un personaje blanco, amoroso, manso, sanador y predicador de la caridad.
¿No recuerda más a Cristo o a un apóstol cristiano que a un relato mítico incaico?

La deidad enseña el amor, la bondad, la mansedumbre y la caridad; valores expresados mediante un lenguaje extraordinariamente cercano al discurso evangélico del siglo XVI.
Entonces surge una pregunta inevitable:
¿A quién describe el cronista?
¿Al dios creador de los Incas?
¿O a una imagen reinterpretada a través de valores cristianos?
No estamos ante una descripción indígena directa. Estamos ante una narración intensamente filtrada por el lenguaje religioso del cronista.
No es la deidad auténtica que pudo haber existido en la tradición indígena, sino un Viracocha traducido, reinterpretado y revestido con atributos propios del cristianismo.
Así opera la transformación de lo sagrado incaico: el dios perdura, pero comienza a hablar con palabras ajenas.

1.3. ¿Un Viracocha arrodillado?

Pero la descripción de Viracocha continúa adquiriendo un marcado tono cristiano, mientras los rasgos incaicos se desvanecen.
Cuando llega a la provincia de Cacha y recoge la tradición sobre la llegada de la deidad, narra que los indígenas intentaron apedrearlo y que, de improviso:
«[…] le vieron hincado de rodillas, alzadas las manos al cielo, como que invocaba el favor divino para librarse del aprieto en que se veía.» (Cieza de León, 2005: Parte II, cap. V, p. 306).
La escena resulta sorprendente.
Una deidad andina arrodillada, con las manos elevadas al cielo, implorando auxilio divino.

¿Estamos ante una antigua tradición religiosa incaica?
¿O ante una imagen moldeada por la sensibilidad cristiana del cronista?
La escena recuerda más a un santo, a un profeta o a un apóstol en oración que a la representación habitual de una poderosa deidad creadora.
Y la pregunta vuelve a surgir:
¿A quién contemplamos realmente?
¿Al Viracocha incaico?
¿O al dios reinterpretado por la mirada virreinal?
Porque la deidad incaica descrita por Cieza habla, actúa y se comporta como una figura del universo cristiano.

1.4. Viracocha: ¿Un apóstol en Cacha?

Pero el pasaje más revelador aparece cuando describe la célebre estatua de Viracocha erigida en Cacha.
El cronista afirma:

«Algunos dijeron que podía ser esta hechura a figura de algún apóstol que llegó a esta tierra.» (Cieza de León, 2005: Parte I, cap. XCVIII, p. 251).

¡Un apóstol!
¿En Cacha?
¿En el principal templo del dios Viracocha?
¿En el lugar donde, según la tradición, descendió el fuego del cielo y todo quedó reducido a cenizas?
¿En el templo del Hacedor del Mundo Alto y del Mundo Bajo?
La afirmación resulta sorprendente, a pesar de lo detallado Cieza responde que eso es una burla: él mismo examinó la escultura y no encontró aquello que Juan de Betanzos y Sarmiento de Gamboa decían ver.

Porque ya no estamos únicamente ante una descripción con matices cristianos. Ahora la propia imagen de Viracocha es interpretada por otros cronistas con expresiones del universo religioso europeo.
La estatua deja de ser comprendida desde la tradición incaica y se interpretada a través de la figura de un apóstol cristiano.
Y aquí surge una pregunta inevitable:
¿Estamos ante una simple comparación o frente a un proceso de reinterpretación religiosa?
Describir a Viracocha como un apóstol implica introducir la historia cristiana en el corazón del mito incaico, por esta causa, el antiguo dios Hacedor es narrado con un lenguaje ajeno:
El nombre permanece.
Pero su imagen se transforma.
La memoria religiosa incaica es traducida y reinterpretada desde la perspectiva de la fe cristiana durante el periodo virreinal.
El dios que apareció en el lago Titicaca y desapareció en las aguas del Pacífico, no fue un apóstol ni un misionero de los Andes.
Cieza lo observó, lo describió, pero lo expresó mediante valores que le eran ajenos, así parte de la antigua descripción del dios quedó en silencio.

2. Reflexiones finales

Cieza construye una deidad de apariencia apostólica o evangélica.
No dice literalmente que sea Jesucristo, pero su escritura lo sugiere. Lo presenta mediante rasgos que lo aproximan al modelo cristiano de Cristo, del apóstol o del misionero.
En Cacha presenta a un hombre santo, perseguido injustamente, que implora ayuda divina y recibe una manifestación sobrenatural.
De esta manera, nos entrega probablemente uno de los casos más claros de transformación de Viracocha al pasar por la mirada de un cronista cristiano.
El resultado es un personaje híbrido: es un dios indígena en su origen narrativo, pero cristiano en buena parte del lenguaje con que lo presenta.
En él encontramos algo distinto: una entidad que habla de amor, mansedumbre y caridad; que sana enfermos y ciegos; que se arrodilla con las manos elevadas al cielo; que obra milagros y finalmente desaparece por el mar.
Todo ello hace que Cieza sea uno de los candidatos más evidentes para representar al «Viracocha apóstol».
En este caso quizá, la pregunta más interesante no sea quién fue realmente Viracocha, sino:
¿Qué vio el cronista cuando lo miró?
Tal vez allí se encuentre una de las claves para comprender cómo la espiritualidad incaica fue interpretada, transformada y, con el paso del tiempo, parcialmente silenciada.
La respuesta no está solamente en lo que Cieza escribió, sino también en aquello que su relato dejó entrever y en aquello que pudo quedar oculto detrás de sus palabras.
Nos vemos en el post de Titu Cusi Yupanqui.

2. Referencias

Cieza de León, P. (1985). El señorío de los Incas. España: Manuel Ballesteros Gaibrois.

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú: el señorío de los Incas. Caracas, Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho. Obtenido de: http://www.biblioteca.org.ar/libros/211665.pdf.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

Sánchez, L. A. (1973). La Literatura Peruana – Derrotero para una Historia Cultural (4ta. ed., Vol. 1). Lima, Perú: P. L. Villanueva.

¿QUIÉN era el VIRACOCHA de BETANZOS? Su DESCRIPCIÓN INTRIGA

¿QUIÉN era el VIRACOCHA de BETANZOS? Su DESCRIPCIÓN INTRIGA

Los relatos de Juan de Betanzos sobre el dios Viracocha son tempranos. Es uno de los primeros cronistas que escribió sobre el dios Hacedor incaico. El Viracocha de Betanzos aparece ante nosotros como una figura enigmática, cuya descripción combina elementos de la tradición indígena con conceptos propios de la mentalidad cristiana del siglo XVI. Su crónica, concluida en 1551 y titulada Suma y narración de los Incas, fue solicitada por el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco.
Después de la conquista y tras la muerte de Francisco Pizarro, se casó con Cuxirimay Ocllo, nieta de Pachacútec y pariente de Atahuallpa. Su condición era la de una ñusta incaica o princesa real. Ya bautizada con el nombre de Angelina Yupanqui, decidió residir en el Cuzco junto a Betanzos.

El matrimonio le permitió perfeccionarse en el idioma quechua y gracias a ella pudo recoger mitos y leyendas incaicos y acercarse a la memoria de la nobleza incaica todavía cercana del mundo incaico y acceder a la voz de las panacas o dinastías reales.
Según Sánchez, L. A. (1973: T. 1, 258-261), quizá fue natural de Galicia, España, y llegó al Perú en compañía de Hernando Pizarro. Sus antecedentes indican que fue soldado.

Índice

1. Descripción del Viracocha de Betanzos en 1551

1.1. El nombre de Viracocha

Narra Betanzos que, en tiempos remotos, el territorio donde más tarde surgiría la cultura de Tiahuanaco permanecía sumido en la noche.
De pronto, desde una laguna situada en la provincia del Collasuyo, surgió un Señor. Y no apareció solo: salió acompañado de un número de gentes cuyo número, con el paso del tiempo, ya nadie recordaba.
Cuenta Betanzos que a aquel Señor lo conocían con el nombre de Con Tici Viracocha Pachayachachic, expresión que él traduce como «Dios Hacedor del Mundo».
Aquí aparece un primer problema.
El cronista introduce en su relato la palabra dios, un término perteneciente al lenguaje religioso cristiano y ajeno al vocabulario original quechua. Es posible que esta traducción respondiera a la necesidad de explicar una divinidad incaica mediante conceptos comprensibles para un lector europeo del siglo XVI.
Pero la cuestión se vuelve todavía más interesante cuando Betanzos pregunta por la apariencia de aquel personaje.

1.2. ¿Cómo era el Viracocha de Betanzos?

Con toda solemnidad, el cronista (1999: cap. 2) pregunta a los indígenas qué imagen tenía aquel Con Tici Viracocha. La respuesta nos deja una imagen sorprendente de la deidad:
Era un hombre alto de cuerpo.
Tenía una vestidura blanca que le llegaba hasta los pies y ceñida al cuerpo.
Tenía el cabello corto y una corona en la cabeza como de sacerdote.
Andaba con la cabeza descubierta.
En las manos cargaba un breviario que los sacerdotes llevan en las manos.
¿Un breviario?
¿Un dios incaico… con un libro litúrgico europeo?
¡Absurdo! ¡Absurdo sagrado!

¿Describe Betanzos a un dios incaico o a un sacerdote, o a un apóstol o a alguna figura familiar para la mentalidad cristiana de su tiempo?
La pregunta resulta inevitable:
¿Viracocha, creador del mundo, porta un libro que no existía en su tiempo, ni en su cosmos ni en el pensamiento incaico?
Aquí es donde la imagen del Viracocha de Betanzos adquiere especial interés.
Más que ofrecernos una descripción directa del dios incaico, el cronista parece reinterpretarlo desde la perspectiva religiosa e intelectual de su época. La figura de Viracocha aparece revestida de elementos familiares para un europeo del siglo XVI.
El Viracocha que emerge de su relato se aleja de aquella imagen del dios que, según otras tradiciones, había realizado su creación en las orillas del lago Titicaca: allí creó el Sol, la Luna y las estrellas y también las etnias andinas.

1.3. La escultura de Viracocha en Cacha

Pero, en otro pasaje, Betanzos añade un dato revelador:

«Y preguntéles cómo se llamaba aquella persona en cuyo lugar aquella piedra era puesta, y dijéronme que se llama Con Tici Viracocha Pachayachachic, que quiere decir en su lengua: Dios Hacedor del Mundo». (Betanzos, 1999, cap. 2).

Sin embargo, Betanzos no explica qué representa exactamente «aquella piedra». Tampoco señala que se trataba de la estatua de Viracocha erigida en Cacha, uno de los principales lugares rituales asociados a la tradición sobre la caminata del dios Hacedor después de abandonar el lago Titicaca.

El cronista tampoco profundiza en el sentido religioso de la imagen dentro de la espiritualidad incaica. Su interés parece concentrarse en consignar el nombre de la deidad y traducirlo como «Dios Hacedor del Mundo».
El contexto religioso y ceremonial del templo y de la estatua queda, en cambio, relegado a un segundo plano.
Como ocurre en otros pasajes de las crónicas virreinales, el testimonio de Betanzos se expresa mediante referencias y conceptos cristianos, mientras buena parte del significado original queda apenas insinuado o, simplemente, silenciado.

1.4. ¿Qué ocurrió con el relato de Betanzos?

Betanzos no parece limitarse a describir al dios incaico. Lo interpreta desde las categorías religiosas e intelectuales de su tiempo.
Al presentar a Viracocha con rasgos familiares para un europeo del siglo XVI, la deidad pierde parte de su identidad original y adquiere otra apariencia, más comprensible dentro del imaginario cristiano.
Más que mostrarnos a la deidad original, el Viracocha de Betanzos nos entrega una imagen filtrada por el pensamiento de su época.
Una imagen que conserva parte del mito, pero que también refleja la visión de la administración virreinal y de la religión católica con las que se intentaba comprender el mundo incaico.
Y, al final, el cronista se distancia de cualquier responsabilidad sobre lo que ha narrado:

«Esta es la razón que yo desto tuve, según que los indios me dijeron».

Es una frase breve, pero significativa. Betanzos nos recuerda que su relato procede de lo que le dijeron sus informantes. Pero también nos obliga a preguntarnos cuánto de aquella antigua tradición consiguió conservarse y cuánto fue transformado al pasar por la mirada del cronista.

2. Reflexiones finales

Betanzos presenta a Viracocha como un ser creador y ordenador que se manifiesta bajo una forma humana.
Su descripción física —un hombre alto, vestido de blanco, con el cabello corto, coronado y con un libro en las manos— procede de la tradición indígena que el cronista recoge, especialmente en el poblado de Cacha. Sin embargo, aparece matizada por elementos cristianos, como el «breviario», que pertenece al lenguaje interpretativo de la época y plantea serias dudas sobre su correspondencia con el significado original de la figura de Viracocha.
Pero existe una pista todavía más extraordinaria.
El propio Betanzos deja constancia de que sus informantes le habían comunicado «otras muchas cosas» sobre Viracocha. Sin embargo, decidió no escribirlas para evitar la prolijidad y las «idolatrías».
Esto significa que lo que conocemos del Viracocha de Betanzos no representa necesariamente todo lo que sus informantes le contaron.
Hay, por tanto, una pregunta que permanece abierta:
¿Qué parte del Viracocha que conocieron los antiguos incas quedó fuera de la crónica de Betanzos?
Quizá en aquello que decidió callar se encuentre una parte del misterio que todavía rodea a esta antigua divinidad.
Nos vemos en el siguiente post, donde conoceremos la descripción de Viracocha según Pedro Cieza de León.

2. Referencias

Betanzos, J. D. (1880). Suma y narración de los Incas. Madrid, España.

Betanzos, J. D. (1999). Suma y narración de los Incas. Cuzco, Perú: Fondo Editorial de la Universidad San Antonio de Abad.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

Sánchez, L. A. (1973). La Literatura Peruana – Derrotero para una Historia Cultural (4ta. ed., Vol. 1). Lima, Perú: P. L. Villanueva.

Pachacuti Yamqui: ¿Cronista FALSO o VÍCTIMA de la historia?

Pachacuti Yamqui: ¿Cronista FALSO o VÍCTIMA de la historia?

Investigadores modernos han criticado con severidad a Pachacuti Yamqui, su crónica fue hallada junto con los papeles del extirpador de idolatrías, el padre don Francisco de Ávila, se especula que tuvo intervención en el relato, perdiendo el latido incaico del contenido. También se hallaron diversas anomalías en uno de sus dibujos, donde trazó aparentes símbolos cristianos (dos cruces) perdiendo veracidad. Asimismo, algunos relatos del cronista evidencian filiación cristiana que confunde a los estudiosos del tema.

Pensamos que las críticas no han sido lo suficientemente cautelosas y son injustas, razón por la que han derivado en interpretaciones y conclusiones en algunos casos confusas y en otros poco o nada certeras. Como resultado de todo lo anterior se ha desacreditado el contenido de la crónica con el desprestigio del cronista.

En el afán de conocer la verdad de Pachacuti Yamqui, en este post analizamos cómo se originan los criterios que terminan minando su credibilidad durante tanto tiempo.

Índice

1. Breve biografía de Pachacuti Yamqui

En las postrimerías del siglo XVI, un cronista indígena de origen collagua, escuchó desde muy pequeño relatos arcaicos de la gentilidad de esos tiempos vinculados al imperio incaico: nos referimos a Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua.

Fue un indígena de procedencia aimara, descendiente de don Diego Felipe Condorcanqui y doña María Guayrotari, nacido en el ayllu o comunidad formada por dos mitades: Santiago del Alto Guaygua y Bajo Guaygua Chanchi de Orcosuyo, sitio ubicado entre Canas y Canchis, de la antigua y desaparecida región incaica del Collasuyo.

No poseemos reseñas sobre su educación y menos de su vida, excepto lo expresado en su crónica. Desconocemos la fecha de su nacimiento y de su muerte. Sí sabemos que fue descendiente de una noble familia aimara y que sus antepasados fueron curacas principales de los pueblos mencionados.

Sabemos también que concurrieron al tambo de Cajamarca como testigos presenciales de los inicios de la conquista, donde se declararon conversos al cristianismo, con el tiempo modificaron su actitud religiosa hasta transformarse en extirpadores de idolatrías, enemigos de las prácticas idólatras, hostiles a los cultos y ritos nativos, rastreadores de hechiceros, destructores de ídolos y huacas o lugares sagrados indígenas. Su vehemencia llegó incluso a castigar a los indígenas de esas provincias por ejercer idolatrías al sol y demás sortilegios reñidos con la nueva religión impuesta por los españoles.

2. Datos de la crónica de Pachacuti Yamqui

Pachacuti Yamqui, motu proprio, reconoce, acepta y vive según los preceptos de la iglesia católica. No obstante, siendo niño escuchó y asimiló las historias del tiempo de los incas, para luego escribir una crónica titulada Relación de Antigüedades deste Reyno del Piru. La obra narra la historia de los incas, incluye un dibujo donde bosqueja diversos símbolos encajándolos al interior de un retablo que simula ser el templo Coricancha (ver dibujo abajo).

Destaca entre los símbolos la imagen de Viracocha (ver post de Viracocha aquí) porque lo presenta como el principal dios de los incas, afirmación contradictoria con lo señalado en la historia del antiguo Perú: siempre se transmitió que la principal divinidad fue el Inti o Sol.

Si examinamos el dibujo con detenimiento, percibimos que Viracocha fue un dios muy importante para Pachacuti Yamqui, porque lo representa plásticamente como un inmenso óvalo y lo ubica ocupando un lugar preponderante en el folio de su elaboración. La imagen se encuentra escoltada a la derecha por el Inti o Sol y a la izquierda por la Killa o Luna, y a su alrededor lo circundan diversas estrellas; una disposición en el cosmos evocadora de la jerarquía y trascendencia del misterioso dios incaico. (si deseas conocer el significado del dibujo haz clic aquí).

Su crónica no fue editada, estuvo archivada en España por más de dos siglos y medio (desde 1613), aunque desconocemos las razones de tal displicencia. Fue encontrada, traducida al inglés y editada por primera vez por Clements R. Markham, en Londres, allá por el año 1873. Pocos años después, Marcos Jiménez de la Espada la publicó en 1879, en Madrid. La crónica fue incluida en un libro titulado Tres relaciones de antigüedades peruanas, cuyo contenido incluye en conjunto tres crónicas, la última de las cuales incumbe a Pachacuti Yamqui.

El libro incorpora una carta introductoria escrita por Jiménez de la Espada, M. (1879: XLIV). El erudito español refiere que la crónica fue hallada en un tomo cuya relación contenía los manuscritos de Francisco de Ávila. Dicho volumen fue parte de la colección de la biblioteca personal del padre Florez, de quien se desconoce cómo llegó a poseerla. Hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

3. La relación de Pachacuti con Francisco de Ávila

Una pista de esta relación aparece cuando Marcos Jiménez reseña la crónica de Pachacuti Yamqui, señala como una posible fecha de su escritura el año 1613, tal como lo explica en la siguiente cita:

“La circunstancia de encontrarse junto con otros MSS. [manuscritos] del Dr. Francisco de Ávila, y anotado además por el sabio visitador, sobre abonar su interés, nos presta alguna luz acerca de la fecha en que debió escribirse, y que yo pongo no lejos de los años de 1613, en que el P. de Ávila terminaba de su puño un extracto de la serie genealógica de los incas según los comentarios de Garcilaso de la Vega y comenzaba la primera de las visitas que le encargó el arzobispo de Los Reyes […]”. Jiménez de la Espada, M. (1879: XLIV).

El cronista ha sido muy cuestionado por los intelectuales modernos, la pesadilla de Pachacuti Yamqui comenzó allá por 1927 por los comentarios tendenciosos escritos por Roberto Lehmann.

Lehmann, R. (1927), en su monografía titulada Coricancha. El templo del sol en el Cuzco y las imágenes de su altar mayor, atribuye de manera tenaz al extirpador don Francisco de Ávila intrusiones en los manuscritos de Pachacuti, puesto que la crónica fue descubierta junto con los escritos del extirpador formando un códice: el 3169 de la Biblioteca Nacional de Madrid.

 

Como consecuencia de tal hallazgo, Lehmann señala una expresa manipulación de la crónica y del dibujo, pero no explica cómo se originaron las alteraciones introducidas ni si los cambios la desnaturalizaron. Tampoco revela cuál fue el fin que se obtuvo con ello; todo el embrollo es una cuestión sin ninguna respuesta para Lehmann, limitándose a acusar sin fundamentar las razones que lo inclinaban a pensar así.

Sin embargo, la opinión maltrató la credibilidad de la crónica y, por ende, perjudicó la imagen del cronista collagua.

A nuestro entender, hubo cierta confusión en la comprensión de Lehmann. La cita aludida anteriormente nos ayuda a aclarar el tema cuando dice:

“La circunstancia de encontrarse junto con otros MSS. [manuscritos] del Dr. Francisco de Ávila, y anotado además por el sabio visitador, sobre abonar su interés […]”.

La cita en cuestión revela tres asuntos:

1) Indica que la crónica de Pachacuti estaba incluida junto con los manuscritos de Ávila.

2) Dice que la crónica de Pachacuti contenía anotaciones de Ávila y

3) Manifiesta un real interés de Ávila por participar en lo escrito por Pachacuti.

El tercer asunto revela por qué Lehmann atribuye alteraciones a la crónica de Pachacuti, sin embargo, Jiménez de la Espada aclara el enredo cuando narra cierto hábito del padre Ávila de traducir escritos originales quechuas de tradiciones indígenas sin nombrar a sus autores, tal como ocurrió con el manuscrito de Huarochirí.

A tal respecto Jiménez dice:

“[…] pues de su contenido viene á resultar que Francisco de Ávila no lo escribía todo de su cosecha, sino que traducía, adicionándolo é ilustrándolo con propias observaciones, un texto original recogido de personas que habían vivido en los errores y ritos de la gentilidad peruana […]”. (1879: XLIV, XXXV).

La cita delata al padre Ávila. Su condición de prelado le permitía solicitar u ordenar escribir a los indígenas feligreses acerca de sus antiguas tradiciones. Terminados los escritos, eran cedidos al extirpador, entonces los traducía, editaba y presentaba como propios olvidándose de nombrar al autor.

Una de sus víctimas fue el cronista Pachacuti Yamqui. Al parecer, Ávila se adjudicó sus textos pensando traducirlos y editarlos, razón por la que los escritos de Pachacuti Yamqui se hallaban en su poder. Jiménez de la Espada descubrió la felonía en los manuscritos de Huarochirí de Ávila y lo delató: Ávila, al ser natural del Cuzco, conocía el quechua y podía traducirlos fácilmente.

Por otro lado, Lehmann no leyó completo o ignoró el contenido introductorio de Jiménez de la Espada.

Siendo distinta la realidad de los hechos y por las razones expuestas, levantamos los cargos en contra de Pachacuti Yamqui por la infamia sufrida durante tanto tiempo.

4. Las críticas de Lehman a la crónica de Pachacuti Yamqui

Pero lo anterior no fue el único problema asumido post mortem de Pachacuti. Algunos académicos modernos al analizar el dibujo señalan la inclusión de un par de símbolos vinculados con la religión católica, porque aparentemente muestra dos cruces cristianas: una en el pináculo del retablo (ver dibujo) conformada por cinco estrellas, y la otra, por la unión intencional de cuatro estrellas (en el medio) formando una cruz con el nombre de Chakana en general. Además, cuando los estudiosos examinaron las imágenes, hallaron ciertas incoherencias en algunos escritos y símbolos que perjudicaban la crónica.

Nos preguntamos: ¿Tendrán razón los investigadores o será otra patraña más?

No todo está en contra de Pachacuti Yamqui. También hubo un error de larga data originado en la monografía de Lehmann que se ha mantenido de modo incesante en el tiempo y ha sido arrastrado por los investigadores modernos. El error se presenta por una opinión superficial expresada en dicha monografía cuando indica que el dibujo de Pachacuti estaba colocado en la pared principal o testero del templo Coricancha. Hemos leído varias veces la crónica de Pachacuti y no dice lo que dicen que dice. Hasta donde hemos podido indagar, la crónica no expresa tal versión. Una vez más, todo la confusión se origina en la monografía de Lehmann, R. (1927) cuando expresa lo siguiente:

“Entre los documentos más importantes sobre el templo del sol y especialmente su altar mayor, hay uno que fue publicado ha cincuenta años, pero no reconocido en su importancia fundamental: la Relación del yamqui don Joan de Santacruz Pachacuti, con datos breves sobre el edificio del templo y con un dibujo de su altar mayor”. (56). (el subrayado es nuestro).

La cita señala que el dibujo de Pachacuti está representado en el altar mayor del templo Coricancha. Por las crónicas entendemos que en dicho altar los incas colocaron la imagen del Sol, criterio avalado en la narración de diversos cronistas. Sin embargo, Lehmann asume la presencia de otras imágenes en el altar al expresar lo siguiente:

“La relación del yamqui don Joan de Santacruz Pachacuti, va a revelar entonces que en aquella pared había todavía muchas otras imágenes y representaciones […]” Ibid. (1957:56).

Estamos pues ante una interpretación errónea de Lehmann.

Pero:

¿Cómo obtiene la información de que el dibujo de Pachacuti representa el altar mayor del templo Coricancha?

En la monografía hallamos la respuesta. Lehmann leyó una carta de Jiménez de la Espada y halló dos comentarios declarados en el Congrés International des Américanistes celebrado en Bruselas en 1879, donde Jiménez dejó escrito lo que sigue:

“[en un] «dibujo a pluma», «figura un testero [pared] del gran templo del Cuzco, donde están representados los astros y meteoros [sic] adorados por los súbditos de los incas»” (58).

Finalmente, concluye Lehmann:

“Todos los autores posteriores [a Jiménez] que se han ocupado de la lámina de Pachacuti no se han dado cuenta de que representa el «testero» del templo del Sol […]” (58).

De modo que la causa que originó la opinión de Lehmann fue un antiguo comentario de Jiménez de la Espada asumido como cierto por R. Lehmann y persistido como tal por los académicos modernos basados en los comentarios de Lehmann.

Nuestra opinión es contraria a Jiménez y Lehmann por varios motivos:

1) La crónica de Pachacuti Yamqui no expresa la opinión revelada por Jiménez de la Espada; en todo caso, es una opinión personal de lo que Jiménez creyó, sin ningún sustento en la crónica.

2) Cuando Pachacuti Yamqui narra el contexto en que incluye su dibujo, fue en el gobierno de Mayta Cápac. Ante la cercanía de la fiesta del Cápac Raymi o Fiesta del Señor, el soberano reedificó el templo Inticancha y ordenó renovar la plancha u óvalo de Viracocha fijándola en el mismo sitio donde estuvo.

Luego el cronista dice:

“[…] y en toda la redonda o rrededor de la plancha dicen que puso [desta manera] que allá detrás los pondré para que los vea lo que «aquellos» gentiles”.

La frase [desta manera] ha sido tachada y no se incluyó en el texto, excepto por la nota (3) al pie de página que dice: “Tachado: desta manera”. Al parecer, Pachacuti pensó incluir en ese espacio el dibujo, pero luego se rectificó para colocarlo más adelante. No menciona alguna pared ni menciona dibujo alguno en el altar mayor del templo.

En el supuesto de que el dibujo pertenezca a la época de Mayta Cápac y que así permaneciera hasta la llegada de los españoles, estaríamos aceptando que Mayta Cápac (4.° soberano) conocía que el mundo era redondo, tal como lo dibuja Pachacuti.

Tomando en cuenta otro aspecto: en la parte baja del dibujo, Pachacuti trazó un rectángulo y lo cuadriculó en pequeños cuadrados, símbolo de la qollqa o almacén, que no existían aún en la época de Mayta Cápac, sino que fueron creadas por el inca Pachacútec (9.° inca), de manera que ambos absurdos echan por tierra cualquier presunción de que hubiera alguna plancha con las imágenes del dibujo en el altar mayor del templo y que perteneciera a la época de Mayta Cápac.

3) Un argumento adicional es la descripción del templo Coricancha. Garcilaso de la Vega describe la existencia de seis aposentos: del sol, de la luna, de las estrellas, de Illapa y de Cuychi o el arcoíris; y el último, del sumo sacerdote. Todos los aposentos, excepto el del sacerdote, están representados en el dibujo de Pachacuti, pero con imágenes, como dándonos a entender que su dibujo es una síntesis de lo que albergaba el templo.

En nuestra opinión, no tiene ningún sustento la declaración de Jiménez de la Espada, que presumimos fue una expresión muy personal, sin ningún fundamento histórico ni mítico que avale tal opinión, error que Lehmann asumió por cierto y se propagó como innegable en épocas modernas.

5. El óvalo de Viracocha

Entrando en otro tema: cuando observamos el dibujo de Pachacuti Yamqui, salta a la vista el gran óvalo que representa al dios Viracocha; no obstante, y en contra de lo que muestra el dibujo, los cronistas hicieron la descripción del dios a partir del relato de sus fuentes, dando como resultado la imagen de una deidad creadora, hacedora, ordenadora y bienhechora del mundo incaico; otros lo detallan como un ser humano con cabello corto, barbas crecidas y vistiendo una túnica larga hasta los pies.

Entonces, nos preguntamos:

¿Qué tiene que ver todo eso con el óvalo? Ningún cronista lo describe así, salvo Pachacuti Yamqui. ¿Por qué lo dibuja así? ¿Cuál es el significado del óvalo?  

Además, el óvalo está acompañado por una veintena de imágenes y diversos escritos. Algunas de ellas son fácilmente comprensibles como el Sol o Inti y la Luna o Killa; pero de otras obtenemos una identidad confusa, como los ojos de ymaymana y las constelaciones que lo rodean, tal como puede apreciarse en la ilustración anexada líneas arriba.

A pesar de los deslices creados en su contra y de ciertos absurdos hallados en su crónica, el óvalo de Viracocha y el dibujo de Pachacuti Yamqui dejaron de ser un enigma incaico sin resolver, su significado ya no es un misterio. En nuestro libro Viracocha el sol de soles (ver aquí) desciframos el enigma del óvalo y de cada una de las imágenes que lo escoltan para después interpretarlo.

El lector hallará en el libro una explicación muy sustentada del dibujo y una interpretación que tiene como fundamento las crónicas, los estudios etnográficos, hallazgos arqueológicos y estudios modernos como herramientas históricas. El libro revela una historia distinta a la que hemos aprendido.

6. Conclusiones

1) La crónica de Pachacuti Yamqui es un documento original que proviene de los recuerdos memorizados por tradición familiar del cronista.

2) No existe evidencia que sus escritos hayan sido corregidos por el padre Francisco de Ávila.

3) El dibujo de Pachacuti Yamqui no representa los símbolos que había en una pared del aposento del Sol del templo Inticancha, por lo tanto, no debemos  difundir dicha opinión como cierta.

4) Respecto al significado de los símbolos de las dos cruces, del óvalo de Viracocha y demás figuras del dibujo del cronista, por ser un tema tan extenso, los remitimos al libro Viracocha el sol de soles de la referencia (o ver aquí). El lector encontrará la explicación de cada uno de los símbolos que, a nuestro entender, representan una genuina expresión incaica no reconocida hasta ahora.

5) Levantamos todas las críticas en contra de la crónica de Joan de Santacruz Pachacuti Yamqui por carecer de fundamento.

7. Referencias

Jiménez de la Espada, M. (1879). Tres relaciones de antigüedades peruanas. (1879 ed.). Ministerio de Fomento. España.

Lehmann, R. (1927). Coricancha – El templo del sol en el Cuzco y las imágenes de su altar mayor. Argentina.

Pachacuti Yamqui, S. J. (1993). Relación de antigüedades deste Reyno del Pirú. (Con edición facsimilar del códice de Madrid. Edición de César Itier, estudio y comentario histórico de Pierre Duviols, estudio, comentario lingüistico y edición de César Itier ed.). Madrid, España: Instituto Francés de Estudios Andinos – Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas.

Sáenz, O. (2021). Viracocha el sol de soles. 1ra. Edición. Lima, Perú.

GARCILASO: ¿Por qué ESFUMÓ al dios VIRACOCHA?

GARCILASO: ¿Por qué ESFUMÓ al dios VIRACOCHA?

El relato de Garcilaso no reconoce a Viracocha como una deidad propia de los incas y, en varios aspectos, se aparta de las versiones transmitidas por otros cronistas. El Inca escritor atribuye esta confusión al desconocimiento de la lengua quechua por parte de indígenas y españoles cuando se refieren al nombre y a la naturaleza de Viracocha. Sin embargo, detrás de su explicación parece existir una razón más profunda: determinados motivos llevan a Garcilaso a negar o desdibujar deliberadamente la identidad y naturaleza de Viracocha como dios incaico.

Los Comentarios Reales presentan así una historia de Viracocha diferente de la que encontramos en otros testimonios. Con notable destreza literaria, Garcilaso no solo omite reconocerlo como una deidad incaica, sino que descalifica su carácter divino al referirlo como “una fantasma” (sic), mientras introduce a Pachacámac como una divinidad vinculada al mundo religioso de los incas.

¿Por qué Garcilaso construye una versión tan diferente? ¿Qué razones lo llevan a apartarse de los demás cronistas y a negar a una deidad que otros testimonios sí reconocen? En este post analizamos los motivos que podrían explicar por qué Garcilaso no acepta a Viracocha como dios de los incas.

Índice

1. Garcilaso no admite al dios Viracocha

Llama especialmente nuestra atención que Garcilaso de la Vega, I. (1985: 48-199) se muestre reticente a aceptar determinados aspectos relacionados con Viracocha. Un ejemplo significativo aparece cuando analiza la expresión Tici Viracocha, atribuida a los indígenas en sus referencias a los españoles. Al respecto, señala:

“Los indios no saben de suyo o no usan dar la relación destas cosas con la propria significación y declaración de los vocablos, viendo que los cristianos españoles las abominan todas por ser cosas del demonio, y los españoles tampoco advierten en pedir la noticia dellas con llaneza, antes las confirman por cosas diabólicas como las imaginan. Y también lo causa el no saber de fundamento la lengua general de los Incas para ver y entender la deducción y composición y propria significación de las semejantes dicciones. Y por esto en sus historias dan otro nombre a Dios, que es Tici Viracocha, que yo no sé qué signifique ni ellos tampoco”.

De esta afirmación podemos extraer varios elementos que ayudan a comprender la posición de Garcilaso frente a Viracocha:

Los indígenas no transmiten con precisión el significado original de las voces quechuas.
Los españoles interpretan las explicaciones indígenas desde una perspectiva religiosa que las asocia con el demonio.
Los españoles tampoco conocen suficientemente la lengua general de los incas como para comprender la composición y el significado de determinadas expresiones.
Las crónicas españolas identifican a Tici Viracocha como dios incaico, interpretación que Garcilaso cuestiona al declarar expresamente que no sabe qué significa la expresión, ni tampoco los propios indígenas.

Aquí surge una contradicción que merece nuestra atención. Garcilaso cuestiona a los indígenas por no proporcionar el verdadero significado de las voces quechuas y reprocha a los españoles su deficiente comprensión de la lengua. Sin embargo, él mismo reconoce desconocer qué significa Tici Viracocha. ¿Cómo puede Garcilaso cuestionar la interpretación de indígenas y españoles sobre Tici Viracocha si él mismo declara desconocer su significado?

Entonces, ¿debemos aceptar sin más su explicación? ¿Es realmente el desconocimiento del quechua la razón por la que Viracocha aparece identificado como dios en las crónicas? ¿O existe detrás de la interpretación de Garcilaso una razón más profunda?

La cuestión resulta todavía más inquietante: si Garcilaso desconoce el significado de Tici Viracocha, ¿por qué se muestra tan seguro al cuestionar su identificación como divinidad?

Tal vez el problema no se encuentre únicamente en una supuesta confusión lingüística. Quizá Garcilaso tenga razones que lo llevan a no reconocer a Viracocha como dios de los incas.

Es precisamente esta contradicción la que analizaremos: ¿Garcilaso realmente desconocía el significado de Viracocha o existían otros motivos para negar su identidad y naturaleza como dios incaico?

2. La fuente de Garcilaso: Cieza de León

En Cieza de León, P. (2005: Parte 2, Cap. V, 305-308) hallamos la respuesta a la opinión de Garcilaso contra los españoles, sus comentarios son en base a Cieza, que es un cronista probo, pero con omisiones en sus relatos, él dice:

“REÍDOME de lo que tengo escrito de estos indios, yo cuento en mi escritura lo que ellos a mí contaron por la suya y antes quito muchas cosas que añadir una tan sola”. Ibid. (2005: Parte 2, Cap. VIII, 315).

Cieza omite sucesos incaicos, no capta la esencia de la cultura incaica, por eso, suprime lo que no entiende y mutila sucesos de Viracocha. Además, tiene vicios de redacción, escribe mal las palabras quechuas, redacta vocablos impropios del habla nativo, por esta razón, no aprendió el idioma como algunos de sus colegas.

Sáenz, O. (2021a) expresa que Cieza descartó abundantes datos por considerarlo ficción o no entenderlos y es la explicación de omitir sucesos vinculados a Viracocha, que aparecen en los relatos de sus colegas. Cieza es la principal fuente para la crítica de Garcilaso en este relato. Y tal vez, por ello Garcilaso no acepta al dios Viracocha.

El inca escritor se educó en el seno de una familia real cusqueña, sin embargo, ignora el significado de Tici Viracocha. Nombre que obtiene de la crónica de Cieza cuando dice:

“[…] Generalmente le nombraban en la mayor parte Ticiviracocha […]” Ibid. (2005: Parte 2, Cap. V, 305).

En otro pasaje dice Cieza:

[…] y aunque por fama que tiene de lo pasado cuentan esto que escribo de Ticiviracocha […]” Ibid. (2005: Parte 2, Cap. V, 306).

Es evidente que Garcilaso desconoce los apelativos del dios Viracocha, piensa que el significado fue alterado por la lengua usada en otras provincias.

3. Pachacámac ¿Fue un dios de los incas?

Según Garcilaso de la Vega (1985: 47, 51), los incas adoraban principalmente a dos dioses: el Sol y Pachacámac. Incluso sostiene que se dispuso difundir por el imperio el culto a Pachacámac como supremo dios, mientras que el Sol era venerado por las bondades que otorgaba a los hombres.

Pero ¿quién era Pachacámac y qué significa realmente su nombre?

Garcilaso ofrece la siguiente interpretación:

“[…] es nombre compuesto de Pacha que es mundo universo, y de Cámac, participio de presente del verbo cama, que es animar, el cual verbo se deduce el nombre cama, que es ánima. Pachacámac quiere dezir el que da ánima al mundo universo y en todo su propria y entera significación quiere dezir el que haze con el universo lo que el ánima con el cuerpo”. Ibid. (1985: 47).

La traducción de Garcilaso está claramente cristianizada: introduce la noción de “ánima”, un concepto ajeno a la concepción religiosa incaica: la traducción de Garcilaso introduce una categoría conceptual cristiana al interpretar cámac como “ánima” y establecer una analogía entre el alma y el cuerpo. Sin embargo, esta interpretación no corresponde a una concepción propia de la religión incaica.

Más interesante aún resulta comparar la traducción de Garcilaso con la que ofrece Pedro Cieza de León (2005: Parte 1, cap. LXXII), a quien el propio Garcilaso cita:

“El nombre deste demonio [Pachacámac] quería dezir hazedor del mundo porque Cama quiere dezir hazedor y Pacha mundo”.

Para Garcilaso, esta interpretación de Cieza es errónea. Sostiene que cámac no significa “hacer” y que el verbo correspondiente a “hacer” sería rura. De esta manera, cuestiona la traducción de Cieza y considera que de ella se deriva una interpretación inexacta del nombre Pachacámac.

Aquí surge una cuestión particularmente significativa. Garcilaso, natural del Cuzco y educado por sus parientes indígenas, cuestiona la interpretación de un cronista español por no comprender adecuadamente la lengua quechua. Sin embargo, al mismo tiempo, acepta a Pachacámac (dios costeño) como una de las principales divinidades de los incas y lo presenta incluso como su dios supremo.

Esta posición contrasta con los testimonios de cronistas como Juan de Betanzos, Pedro Sarmiento de Gamboa y Cristóbal de Molina, cuyas narraciones relacionan a Viracocha y al Sol con las principales divinidades del incanato. Desde otra perspectiva, Sáenz (2021a) cuestiona la interpretación de Garcilaso y plantea el reconocimiento de Viracocha como deidad principal del Bajo Cuzco, mientras que el Sol —creación de Viracocha— correspondería al ámbito sagrado del Alto Cuzco.

La contradicción resulta difícil de ignorar: Garcilaso no admite a Viracocha como dios incaico, desvirtúa el relato indígena y critica, erróneamente, la interpretación de Cieza. Sin embargo, acepta a Pachacámac como dios de los incas sin aportar fundamentos suficientes que sustenten esa posición.

¿Por qué, entonces, Garcilaso no reconoce a Viracocha como dios incaico? ¿Por qué desacredita las referencias a Viracocha y, en cambio, concede a Pachacámac un lugar central en la religión de los incas?

La cuestión no parece reducirse a un simple problema de traducción. Garcilaso no solo ofrece una interpretación diferente de las fuentes indígenas: construye un relato en el que Viracocha pierde su condición de divinidad incaica, mientras Pachacámac ocupa el lugar que otros cronistas atribuyen a Viracocha.

Por ello, más que aceptar sin cuestionamiento la versión de Garcilaso, debemos preguntarnos qué razones pudieron llevarlo a apartarse de una tradición que vinculaba a Viracocha con la divinidad suprema de los incas. ¿Se trata realmente de un problema lingüístico o existen otros motivos detrás de su interpretación?

4. Garcilaso dice que el dios Viracocha es un fantasma

En otro pasaje, Garcilaso califica a Viracocha como un fantasma Ibid. (1985: 51) aparecido a un príncipe inca, y hasta lo presenta como hijo del sol, humillando su deidad como también el estatus de dios creador. Culpa de la confusión a los españoles que otorgan muchos dioses a los incas, por no saber dividir los tiempos y las idolatrías de una primera edad (bárbara) respecto a una segunda (incaica). Garcilaso divide en dos edades el origen de los incas en la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo (ver enlace aquí).

El inca escritor conoce lo narrado con respecto a Viracocha por Pedro Cieza de León quien lo nombra como el Hacedor, pero, por motivos ocultos ignora y omite el mito. Para él, Viracocha nunca fue un dios principal ni el dios de mayor veneración de los incas.

Al respecto, expresa lo siguiente:

“Este es el dios fantástico Viracocha que algunos historiadores dizen que los indios tuvieron por dios principal y de mayor veneración que el sol, siendo falsa relación y adulación que los indios hacen, por lisonjearlos, diciendo que les dieron el nombre de su más principal dios. Lo cierto es que no tuvieron dios más principal que el sol (sino fue Pachacamac, dios no conocido), antes, por dar deidad a los españoles, dezían a los principios que eran hijos del sol, como lo dixeron de la fantasma Viraqocha”. Garcilaso de la Vega, I. (1985: 199).

La cita ilustra que Garcilaso no acepta al dios Viracocha como deidad inca. Por este motivo, omite a la deidad y origina que sus aportes al mito de Viracocha, sean breves, escasos y dudosos.

5. Garcilaso de la Vega ¿Posee información del dios Viracocha?

Radicando en España, Garcilaso recibe noticias de un amigo de infancia: Diego de Alcobaza, quien le proporciona datos de la cultura Tiahuanaco. La carta resalta un lugar de nombre Chucuito, donde halló muchas ruinas arcaicas y monumentos admirables. Indagando sus orígenes, le relataron que el lugar fue consagrado al Hacedor. Las noticias de Alcobaza ―que constan en los Comentarios Reales― confirman que Garcilaso está informado del dios Viracocha, sin embargo, insiste en no considerarlo como dios del panteón incaico.

Es difícil juzgar el pensamiento de Garcilaso: unas veces mancilla las crónicas de sus colegas, a pesar de mencionarlos y citarlos en sus relatos, por ejemplo, nombra a: Blas Valera, Pedro Cieza de León, Francisco López de Gómara, Agustín de Zárate etc. Demuestra así, poseer conocimiento de los contenidos de algunos cronistas. Curiosamente, no menciona a los cronistas tempranos como: Sarmiento de Gamboa, Juan Diez de Betanzos, Cristóbal de Molina, en cuyas crónicas relatan sucesos relevantes de Viracocha. De manera deliberada Garcilaso se inclina por cronistas que poco o nada aportan al conocimiento de Viracocha. Podemos presumir que Garcilaso no tolera al dios Viracocha por ignorar las fuentes tempranas que refieren al dios.

Es contraria su actitud cuando escribe acerca del Sol, lo considera como dios incaico.

¿Quizá Garcilaso siente simpatía por el sol?

Su estilo narrativo, es convincente, invita a pensar que puede tener razón en sus dichos: su soltura al escribir confunde al lector; su pluma excelsa le permite crear, recrear y suprimir escenarios. Se comporta como un literato, no parece un historiador.

En general, Garcilaso omite sucesos relacionados con el dios Viracocha, que estimula a alentar una conducta adusta hacia él.

6. Los odios de Garcilaso de la Vega

María Rostworowski, explica el extraño proceder de Garcilaso en esta cita:

“Toda esta acumulación de rencores y odios, aumentados por la quema de la momia de Túpac Yupanqui, y por el ensañamiento de los generales de Atahuallpa en Huáscar y sus deudos, afectaron profundamente a Garcilaso y lo impulsaron a trastocar los sucesos”. Rostworowski, M. (1988: 58).

¿Cuál es la razón del odio acumulado en Garcilaso? ¿Cuál es la naturaleza de su relación con Viracocha?

Para deducir la actitud de Garcilaso debemos remitirnos a su madre: Chimpu Ocllo, dama de alcurnia, hija de Huallpa Túpac y de la palla o princesa Cusi Chimpu, nieta de Túpac Inca Yupanqui y sobrina del inca Huayna Cápac.

Una posible respuesta es la dinastía familiar o panaca. La familia de Garcilaso pertenece al Cuzco Alto, estirpe cuyo dios principal es el Inti o Sol. Por el contrario, las panacas del Cuzco Bajo adoraban a Viracocha, posiblemente por esa razón, Garcilaso no acepta al dios Viracocha: su familia materna rinde culto solar. La fuente en que basó su crónica fue materna, por lo tanto, sus relatos son del Cuzco Alto.

Otra razón del odio de Garcilaso es saber que el peor castigo para un indígena es la destrucción del cuerpo, hecho ocurrido a Túpac Inca Yupanqui, pariente de Garcilaso. Según la creencia indígena, la destrucción del cuerpo origina la muerte eterna, la no presencia, el no volver a renacer, es decir, la desaparición total.

¿Será posible que Garcilaso tome partido en este conflicto religioso de panacas? Garcilaso se crio entre el cristianismo cuya religión es monoteísta y su estirpe incaica que rinde culto al Inti o Sol.

7. Conclusión

1) Garcilaso es católico, pero en su crónica tiene mucha afinidad y simpatía cuando menciona al Sol. El Sol fue el dios de su madre, dios que siempre acepta y trata muy bien en sus relatos; además, el Sol tuvo en su tiempo mayor supremacía que Viracocha. Observando algunos cuadros de Garcilaso, notamos que porta un collar del cual pende un enorme sol. Podemos deducir que Garcilaso tiene mucha afinidad con la idolatría solar de su madre. Contrario a lo anterior no reconoce al dios Viracocha

2) Causa perplejidad cuando Garcilaso omite y desliza errores cuando refiere al dios Viracocha. En los Comentarios Reales de los Incas se aprecia un sentimiento grato hacia al Sol y embarazoso hacia Viracocha.

3) Un error garrafal de Garcilaso es incluir a Pachacámac como un dios principal de los incas, en este caso pierde la narración histórica y sobresale como un cultivador de la narración épica.

4) El cronista arrastra un cúmulo de problemas que lo hacen vivir en un constante conflicto con sus escritos: no era español ni tampoco indígena, sino mestizo. Garcilaso vivía en un país donde el mestizo ocupaba una de las más bajas jerarquías de la escala social. Pero, ello no explica por qué Garcilaso convierte en fantasma al dios Viracocha.

5) En síntesis: advertimos en la crónica de Garcilaso la aceptación hacia la deidad del Sol, dios de sus antepasados; muy por el contrario, lanza sus dicterios contra los cronistas íberos y también contra los indígenas, tratando de quitarles credibilidad cuando se refieren a Viracocha.

8. Referencias

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú el señorío de los incas. Caracas, Venezuela: Fundación Biblioteca Ayacucho. Obtenido de http:// www. biblioteca.org .ar/libros/211665.pdf

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

Rostworowski, M. (1988). Historia del Tawantinsuyo (3ra. ed.). Lima, Perú: Instituto de Estudios Peruanos.

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. 1ra Edición. Lima, Perú.