Garcilaso escribe desde una profunda fractura interior. Es hijo de dos mundos: de la nobleza incaica por sangre materna y de la España cristiana por la paterna. Vive entre dos universos que intenta reconciliar y, en ese empeño, la descripción del dios Viracocha se desvanece entre las páginas de su obra, hasta adquirir un semblante distinto al que le otorgaron las antiguas tradiciones incaicas.
De la imaginación de Garcilaso brotan los Comentarios Reales de los Incas; pero reales, lo que se dice reales, son sobre todo sus filtros, sus nostalgias y sus reinterpretaciones del pasado religioso incaico.
Índice
1. Descripción de Viracocha según Garcilaso de la Vega en 1609
Con la descripción de Garcilaso sucede algo inesperado. El antiguo Hacedor del mundo se disipa. El dios que emergió del Titicaca, que caminó por los Andes y que, según otras tradiciones, ordenó el cosmos, pierde en los Comentarios Reales toda su dignidad de dios.
En su lugar aparece una figura nebulosa, una presencia incierta, casi espectral, que se manifiesta ante un príncipe inca poco antes de la guerra contra los Chancas.
Viracocha ya no aparece como el dios Hacedor. Es una fantasma.
Pero esta transformación no se limita a una simple descripción. Garcilaso cuestiona que Viracocha haya sido la deidad principal de los incas, atribuye su exaltación a una supuesta adulación de los indígenas hacia los españoles y, finalmente, traslada a Pachacámac buena parte de los atributos que otros testimonios habían conferido al antiguo Hacedor.
Por eso, la descripción de Garcilaso presenta algo más profundo que una diferencia entre cronistas. Ante nosotros aparece un Viracocha transformado: primero reducido a una aparición; después despojado de su dimensión religiosa; y finalmente relegado del panteón de dioses incaicos mientras Pachacámac ocupa su lugar.
Es en esa transformación donde comienza el verdadero problema.
1.1.Viracocha no es dios incaico: es «una fantasma»
Dice Garcilaso:
«Este es el dios fantástico Viracocha que algunos historiadores dizen que los indios tuvieron por dios principal y de mayor veneración que el sol… Lo cierto es que no tuvieron dios más principal que el sol (sino fue Pachacámac, dios no conocido)…». Garcilaso de la Vega, I. (1985: Libro V, cap. XXI, 199).
La afirmación es contundente. Garcilaso niega que Viracocha haya sido la principal deidad de los incas y cuestiona que hubiera ocupado el lugar que otros testimonios le atribuyen.
Pero va todavía más lejos. Afirma que la exaltación de Viracocha fue consecuencia de una supuesta adulación de los indígenas hacia los españoles:
«[…] siendo falsa relación y adulación que los indios hacen, por lisonjearlos, diciendo que les dieron el nombre de su más principal dios […]». Garcilaso de la Vega, I. (1985: Libro V, cap. XXI, 199).
Según Garcilaso, los indígenas habrían identificado a los españoles con aquel misterioso Viracocha y, movidos por la admiración, el temor o la confusión, les otorgaron ese nombre.
El resultado es extraordinario. El antiguo Hacedor del mundo queda reducido a una aparición.
El dios que otros cronistas presentan como creador del cielo, de la tierra y de los hombres; el dios que surgió del Titicaca y caminó por los Andes hasta desaparecer en el océano Pacífico, termina convertido en una figura espectral, en una sombra del pasado.
Ya no es el Hacedor.
Ya no es el ordenador del cosmos.
Ahora es, simplemente: «una fantasma».
Y así, una vez más, Viracocha cambia de rostro.
Ya no es el sacerdote de Betanzos.
Ya no es el apóstol de Cieza de León.
Ya no es el demonio de Sarmiento.
Ya no es el dios teologizado de Molina ni el padre acompañado de sus hijos.
Ahora es una visión. Una presencia evanescente. Una sombra que se diluye lentamente en las páginas de los Comentarios Reales.
Pero aquí surge una pregunta inevitable: ¿estamos escuchando la voz de la antigua tradición incaica o la reinterpretación de un Inca escritor formado bajo el humanismo cristiano del siglo XVI?
1.2. Mientras Viracocha desaparece, Pachacámac ocupa su lugar
Garcilaso no escribe desde la ignorancia. Su operación es mucho más sutil. Selecciona, jerarquiza y reorganiza las tradiciones que recibe. Es un arquitecto del recuerdo. Sabe cuáles preservar y cuáles relegar al silencio.
Conoce las noticias transmitidas por Pedro Cieza de León y José de Acosta, ambos vinculados a testimonios que presentan a Viracocha como una antigua deidad creadora y objeto de gran veneración entre los incas. Sin embargo, Garcilaso se distancia de esas interpretaciones y las somete a crítica.
Cuando una tradición no coincide con su propia interpretación, recurre con frecuencia a errores de traducción, a una deficiente comprensión del quechua o a relatos deformados por intérpretes y traductores intermediarios.
¿Y qué surge de esa operación?
Un Viracocha despojado de todos los elementos que lo vinculan con su antigua dimensión religiosa: sin Titicaca, sin paqarina o lugar de origen, sin familia divina, sin dimensión cósmica, sin templo y sin el culto que otros testimonios le atribuyen.
Pero entonces ocurre algo todavía más sorprendente.
Mientras Viracocha se difumina, emerge Pachacámac.
Garcilaso traduce su nombre como «Hacedor y sustentador del universo» y lo sitúa en el horizonte religioso de los incas como expresión de un conocimiento natural de un creador supremo.
Escribe:
«Es de saber que… los Incas Reyes del Perú, con lumbre natural que Dios les dio, alcanzaron que havía un Hazedor de todas las cosas, al cual llamaron Pachacámac…». Garcilaso de la Vega, I. (1985: Libro VI, cap. XXX, 258).
La operación intelectual resulta notable. Mientras Viracocha es despojado de su antigua condición de gran deidad y reducido a una presencia espectral, Pachacámac asciende y ocupa el espacio del gran Hacedor.
El dios lacustre, el que surgió del Titicaca y desapareció en el océano Pacífico, queda relegado a una memoria difusa.
En su lugar aparece Pachacámac, revestido de atributos que aproximan su significado a la sensibilidad teológica del siglo XVI.
Aquí la cuestión lingüística adquiere especial importancia. La semántica de kamay, vinculada a «animar» o «dar vida», y los testimonios míticos del Manuscrito de Huarochirí donde la Tierra o Pacha posee voluntad y capacidad de actuar —hasta el punto de destruir el mundo moviendo su rostro—, permiten interpretar a Pachacámac como la fuerza que mueve la tierra o como la Tierra viviente, antes que como un simple «Hacedor del mundo» en sentido cristiano.
Por ello, no se trata solamente de preguntar qué dijo Garcilaso. Hay que preguntarse también qué significado adquirieron las antiguas divinidades al pasar por su interpretación.
1.3. Garcilaso: arquitecto del recuerdo incaico
Garcilaso no destruye a Viracocha de manera explícita. Hace algo más sutil: lo transforma.
Selecciona los testimonios que considera válidos, cuestiona otros, modifica significados y reorganiza el paisaje religioso que presenta al lector. De esa operación surge una imagen distinta de la antigua religión incaica.
No deja de sorprender su afirmación:
«Toda la teología de los Incas se encerró en el nombre de Pachacámac». Garcilaso de la Vega, I. (1985: Libro II, cap. XXV, 85).
La frase resulta reveladora.
Si toda la teología de los incas se encerraba en Pachacámac, ¿qué lugar quedaba entonces para Viracocha?
El resultado es un nuevo paisaje religioso: el Sol ocupa el lugar central del Mundo Alto; Pachacámac es investido con los atributos del gran creador; mientras Viracocha se desvanece hasta convertirse en una reminiscencia lejana de la antigua tradición.
A Garcilaso no parece interesarle conservar intacta la antigua imagen de Viracocha. La reinterpreta y desplaza parte de sus atributos hacia Pachacámac. De este modo, la antigua tradición religiosa queda simplificada y reorganizada bajo nuevos significados.
¿Tiene razón Garcilaso?
Quizá sea más prudente formular la pregunta de otra manera: ¿estamos ante una descripción fiel del pensamiento religioso incaico o ante una brillante reconstrucción intelectual realizada por el Inca mestizo?
El Viracocha que emerge de los Comentarios Reales ya no es el antiguo Hacedor del Mundo Alto y Mundo Bajo incaico. Es una figura despojada de buena parte de su antigua grandeza, mientras Pachacámac asciende como imagen del gran creador.
Garcilaso no destruye al dios incaico: lo transforma, lo reinterpreta y finalmente lo difumina.
Y así, el antiguo dios caminante de los Andes termina convertido en una sombra de sí mismo.
¡Qué destino más literario y más cruel!
2. Reflexiones finales
Garcilaso no elimina completamente a Viracocha; lo transforma de manera radical. El antiguo Hacedor del mundo incaico deja de ocupar ese lugar y se convierte en una aparición particular, vinculada al príncipe Inca Viracocha y a un episodio de la historia de los incas. Mientras Viracocha se desvanece, su función creadora es desplazada hacia Pachacámac.
Según Garcilaso, los incas adoraban fundamentalmente dos divinidades: Pachacámac, como supremo dios invisible, y el Sol, como dios visible.
La separación que realiza entre Viracocha y el dios creador es especialmente tajante. No estamos, por tanto, ante una simple diferencia de relato entre cronistas. Lo que aparece es una verdadera reorganización del universo religioso incaico. Garcilaso selecciona, interpreta y jerarquiza las antiguas tradiciones para construir una determinada lectura del pensamiento religioso de los incas.
Y esa construcción tiene una finalidad intelectual claramente reconocible: presentar a los incas como un pueblo que, mediante la «lumbre natural» concedida por Dios, había alcanzado antes de la llegada del cristianismo la idea de un Dios supremo, invisible, creador y sustentador del universo.
¿Por qué Pachacámac debe ocupar ese lugar mientras Viracocha deja de ser el Hacedor?
Porque esa interpretación permite a Garcilaso presentar la religión de los incas como un conocimiento que, aunque todavía incompleto, habría alcanzado por la razón natural una noción próxima al Dios cristiano. Pachacámac puede así asumir los atributos del creador supremo, mientras Viracocha queda reducido a una aparición vinculada a la historia de un rey inca.
Garcilaso, por tanto, no solamente ofrece otra interpretación de Viracocha. Reordena la relación entre las principales divinidades y modifica el lugar que cada una ocupa dentro del pensamiento religioso incaico.
El Viracocha de los Comentarios Reales ya no es exactamente el mismo Viracocha que encontramos en otros testimonios. El antiguo Hacedor del mundo se ha convertido en una sombra, mientras Pachacámac asciende como imagen del Dios supremo.
La contradicción entre estas versiones no es un detalle menor. Nos obliga a preguntarnos cuánto de lo que los cronistas presentan como religión incaica corresponde a la antigua tradición y cuánto pertenece a la interpretación, traducción y reconstrucción intelectual de quienes escribieron sobre ella.
Garcilaso no solamente describe a Viracocha: construye una nueva imagen de él.
Nos vemos en el siguiente post de Pachacuti Yamqui.
3. Referencias
Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios Reales de los Incas. (Banco de Crédito del Perú, Ed.) Lima, Perú.
Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.
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