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La LEYENDA de Manco Cápac y Mama Ocllo

La LEYENDA de Manco Cápac y Mama Ocllo

La leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo tiene por autor al Inca Garcilaso de la Vega, se trata de una narración única, copiada incluso por otros cronistas. Si la comparamos con la leyenda de los hermanos Ayar (ver aquí) no encontraremos ninguna similitud, puesto que son totalmente distintas.

Previo a narrar la leyenda, Garcilaso evoca la precaria situación en que vivían los indígenas mucho antes del incanato, diríase que tratando de sustentar las causas de la aparición y conquistas de los incas.

El cronista divide la leyenda en dos edades:

1) En la primera describe a una humanidad que vive en estado salvaje y carente de normas morales, sobreviviendo en total indigencia y desconcierto, sin poseer religión, sin áreas urbanas, sin principios ni valores establecidos.

2) La segunda edad comienza con la aparición de Manco Cápac y Mama Ocllo en el lago Titicaca, venidos por orden del Sol para instruir a la gente de la primera edad.

Según Garcilaso, los incas aparecen en el escenario andino con el mandato y objetivo de educar y cambiar el mundo salvaje en que vivían los indígenas de esos tiempos.

Además de la leyenda, Garcilaso narra dos versiones adicionales del origen de los incas: en una cuenta la aparición de un gran señor en Tiahuanaco, y la otra, muy lacónica, relata a los hermanos Ayar; ambas se narran al final de esta que nos ocupa.

En este post contamos y comentamos la leyenda tratando de descubrir la verosimilitud de la versión de Garcilaso de la Vega.

Iniciemos el relato de los sucesos legendarios de Manco Cápac y Mama Ocllo:

Índice

1. Garcilaso y la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo

Es menester conocer de dónde obtuvo Garcilaso su información. Iniciaremos nuestro relato atendiendo esta duda. Garcilaso de la Vega, I. (1985) dice lo siguiente:

[…] más fácil y llano era contar lo que en mis niñeces oí muchas veces a mi madre y a sus hermanos y tíos y a otros sus mayores acerca de este origen y principio, porque todo lo que por otras vías se dice dél viene a reducirse en lo mismo que nosotros diremos, y será mejor que se sepa por las propias palabras que los incas lo cuentan que por las de otros autores extraños. (28).

La fuente de Garcilaso es la tradición familiar. Nótese que se anticipa para decir que resta importancia a la narración de los cronistas españoles, como dando a entender que relata de una fuente directa, que no es otra que su propia familia. El Inca escritor estuvo emparentado con diversos reyes incaicos y este argumento le vale para otorgar la veracidad y autoridad que ejercita en sus relatos.

Su madre residía en el Cuzco, procedía de una alcurnia noble y era visitada por los pocos parientes sobrevivientes del genocidio perpetrado por Atahuallpa. En las pláticas familiares, evocaban diversos hitos históricos como los orígenes, la grandeza, las conquistas, las hazañas, la guerra y la paz y la magnificencia del imperio incaico. Los tíos se inflamaban de orgullo por el pasado heredado, pero de pronto se sumían en un estado de congoja y pena infinita, sollozaban por el recuerdo de sus antiguas estirpes y por el imperio perdido. Entre lágrimas decían:

“Trocósenos el reinar en vasallaje”.

Garcilaso se crío en una familia real incaica. Durante su niñez y adolescencia, escuchó las historias de sus parientes y las memorizó. De sus recuerdos del pasado rescató el origen de la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo y la relató en dos edades. Comencemos con la primera:

2. La primera edad: antes de Manco Cápac y Mama Ocllo

En tiempos anteriores a los incas, dice Garcilaso que:

“[…] unos indios había poco mejores que bestias mansas y otros mucho peores que fieras bravas”

Tenían gran número de dioses y distintos uno de otro, en cada provincia, pueblo, barrio o bando tenía su dios particular. Los indígenas adoraban aquello que veían: plantas, flores, árboles, cerros, peñas, cuevas, guijarros; veneraban animales como el tigre, el puma, la zorra, los monos, el perro o aves como: el cóndor, el águila, el halcón, el búho, el murciélago; incluso ofidios y reptiles como la culebra, la lagartija, el sapo y el escuerzo.

Otros reverenciaban cualquier accidente geográfico que pudieran brindarles beneficios para su vida cotidiana, como, por ejemplo: fuentes, ríos, lagos, manantiales que les otorgaban agua para sus sembríos; adoraban la tierra que nombraban como Pachamama por sus frutos; a los auquénidos, por la carne y lana; a las plantas como el maíz o aquella que más frutos les brindara.

En cambio, los indígenas de la costa del océano Pacífico tuvieron distintos dioses: el mar, cuyo nombre era Mamacocha que significa la Madre del Mar por el sustento obtenido de la extracción de sus pescados, y la ballena, por su grandeza y monstruosidad. En otras regiones se postraban ante el pescado que fuera más abundante. Tenían por creencia que existía un pescado primigenio de su especie, cuya morada se hallaba en el cielo o Mundo Alto y que de vez en cuando les remitía en gran número a sus hijos para sustentarlos.

Veneraban con sacrificios a sus dioses: les ofrendaban hombres, mujeres y niños capturados como prisioneros en los combates que provocaban. Estando vivos aún, les sajaban el pecho para extraer el corazón y los pulmones que les servían para predecir la aceptación del sacrificio y luego los quemaban en ofrenda a sus deidades. Con la sangre, asperjaban sus ídolos mientras el resto del cuerpo era consumido como alimento en una gran fiesta.

Garcilaso pone fin al asunto indicando que la gente se comportaba así porque no fueron culturizados por los incas. Pero hubo otros sacrificios no tan salvajes donde inmolaban animales, aves, plantas, semillas y madera perfumada. De acuerdo a la cantidad de cosecha obtenida, estimaban la magnitud del sacrificio que debían ofrendar.

En lo que respecta a la vivienda, hemos de decir que no la conocían ni la sabían construir. Unos vivían en pequeñas aldeas sin plaza, ni calles; según Garcilaso, vivían “como un recogedero de bestias”; otros poblaron laderas altas erigiendo fortalezas; y unos pocos, en chozas esparcidas sin orden por el campo; otros más vivían en cuevas, resquicios de peñas o huecos de árboles.

La convivencia entre distintos pueblos era cruel. Vivían del robo, de la muerte y asolación de las familias, y es así como se originan los señores con sus vasallos.

Los indígenas de clima templado andaban desnudos; a lo más, traían ceñido al cuerpo un hilo grueso. En tierras de clima frío se cubrían el cuerpo con pieles de animales y tejidos de cáñamo y empleaban mantas tejidas a base de lana, pero sin el cuidado y atención en confeccionarlas con perfección.

Tampoco existían normas para el casamiento, de manera que el acto oficial variaba de aldea en aldea. Algunos padres pactaban a su hija como novia previo acuerdo con los padres del futuro marido. Cuenta Cieza de León que en ciertos lugares de la costa practicaban la sodomía como parte de sus rituales sagrados.

Cada nación, pueblo o aldea tenía su propia lengua y los que se entendían entre sí eran apreciados como parientes, amigos o confederados; aquellos que no entendían el idioma se convertían en enemigos.

Era común entre esta gente la hechicería y el uso de la ponzoña.

El contexto descrito será el que hallarán los incas. Se encontrarán rodeados por indígenas con distintos grados culturales y carentes de valores morales establecidos. Es así como el cronista justifica la conquista iniciada por los incas a lo largo del imperio.

3. La segunda edad: la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo

Ente el contexto anterior, Garcilaso de la Vega cuenta la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo. Los hijos del Sol se dan a conocer para salvar a los indígenas de las tinieblas en que se hallaban sumidos. Corresponde a esta etapa la segunda edad, que se inicia con la aparición de Manco Cápac y Mama Ocllo.

Veamos cómo se desarrolla:

El Sol puso atención en la gente, se apiadó de la forma en que vivían y tomó la decisión de traer del cielo a la tierra a sus hijos con el fin de adoctrinarlos. Decretó convertir a su culto a la primitiva humanidad para inculcarles la veneración y devoción al Sol. A tal efecto, estableció leyes para que vivieran en casas y poblados, aprendieran a labrar la tierra, cultivaran sus alimentos y cosecharan sus frutos, además de enseñarles a criar ganados para obtener alimento y vestido.

Con estas disposiciones, el Sol coloca a sus dos hijos en el lago Titicaca y les ordena buscar el lugar donde fundar su pueblo. Para tal fin, les entrega una barra de oro para hundirla en tierra: en aquel lugar donde ésta se hunda sería el sitio elegido para afincarse. Les ordenó que, cada pueblo sometido debía educarse en base a la razón y justicia. Los invistió como reyes y señores de todas las gentes y naciones conquistadas en base a sus buenas razones. Declarado lo anterior, se despidió de sus hijos y ambos salieron del lago Titicaca rumbo al norte. Conforme ingresaban a los valles entre paradas del camino, hincaban la vara en tierra, pero nunca se hundía.

Anduvieron un largo trecho hasta llegar a Pacaric Tampu o el tambo del amanecer, nombre que Manco Cápac otorgó porque salió de allí al tiempo en que amanecía. Luego se encaminó hacia un hermoso paraje, acordando con Mama Ocllo poblarlo. Muy cerca colindaba el valle del Cuzco, que era un territorio hermoso.

Siguiendo con lo convenido, la primera parada fue en el cerro Huanacauri (ver significado aquí), donde Manco Cápac, una vez más, trató de hundir la barra. Para su sorpresa, se sumió al primer golpe y desapareció en el fondo de la oquedad.

Manco Cápac (ver significado de Cápac) se dirigió a su mujer y le dijo las siguientes palabras:

“En este valle manda Nuestro Padre el Sol que paremos y hagamos nuestro asiento y morada para cumplir con su voluntad, por tanto, Reina y hermana, conviene que cada uno por su parte vamos a convocar y atraer esta gente, para los dotrinar y hacer el bien que Nuestro Padre el Sol nos manda” Ibid. (1985: 30).

Antes de salir de Huanacauri, Manco Cápac lo convirtió en una huaca (ver significado aquí) o lugar sagrado y erigió un templo para la adoración del Sol, dado que en ese lugar fue donde desapareció la barra de oro. Ambos soberanos partieron dejando atrás el cerro y cada uno por distintos caminos fue buscando y convocando gente: Manco Cápac enrumbó hacia el septentrión y Mama Ocllo al mediodía.

Conforme hallaban indígenas, les decían que su padre el Sol los había enviado del cielo como sus maestros y benefactores, para cambiar la vida primitiva en que vivían. Los indígenas, atraídos por las vestimentas, los adornos, las orejeras y las buenas palabras de Manco Cápac y su consorte, creyeron y reconocieron a ambos como hijos del Sol y decidieron comunicar la noticia a sus familias. El mensaje se difundió y mucha gente comenzó a seguir a sus nuevos reyes. La búsqueda tuvo sus frutos. Manco Cápac reúne numerosa gente y decreta organizarlos: unos se ocuparon de sembrar, otros de construir chozas como viviendas.

De esta manera fue como se comenzó a poblar la ciudad imperial dividida en dos mitades: una con los habitantes del Hanan Cuzco o Cuzco Alto, con la gente que convocó Manco Cápac; y la otra, o el Hurin Cuzco o Cuzco Bajo, con la gente reunida por la reina. La división no fue para que una mitad ejerciera mandato sobre la otra, sino para que fuesen iguales como hermanos. Sin embargo, los habitantes del Cuzco Alto debían reconocerse y respetarse como hijos primogénitos o hermanos mayores y admitir a los del Cuzco Bajo como hijos segundos. En la división territorial, una mitad era como un brazo derecho y la otra como el izquierdo, aplicándose tales principios en todo lugar y oficio. Tal partición territorial se calcó en todos los pueblos del Tawantinsuyo y alcanzó también a los ayllus o familias: hanan ayllu y hurin ayllu o linaje alto y linaje bajo; y se remedó en las regiones: hanan suyo y hurin suyo o región alta y región baja.

Tal como ordena el Sol, Manco Cápac instruía a los varones a cultivar la tierra, sembrar las semillas, fabricar los arados y demás herramientas de labranza, a encauzar los arroyos para el riego de sus chacras y confeccionar sus calzados; en tanto que Mama Ocllo enseñaba a las mujeres a hilar y tejer algodón, a fabricar sus vestidos y a dominar todos los asuntos afines a los servicios de la casa.

Aquí llega a su fin la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo.

4. El diluvio andino

Garcilaso de la Vega (1985: 32-33) narra otra leyenda acerca del origen de los incas, cuya fuente informativa fueron los habitantes del Collasuyo y del Contisuyo. A diferencia de la leyenda anterior, el cronista critica esta versión cuando, al referirse al diluvio andino, dice:

[…] cuentan del y de otras cosas semejantes, que de la manera que las dizen más parecen sueños o fábulas mal ordenadas que sucesos historiales”.

Garcilaso resta importancia a esta leyenda, tal vez porque acepta como certera la anterior.

Empieza así:

Cuando terminó el diluvio andino, apareció un hombre poderoso en una tierra conocida con el nombre de Tiahuanaco. Tal señor dividió el mundo en cuatro partes concediéndolas a cuatro reyes: uno fue Manco Cápac, a quien le otorgó la parte norte; otro fue Colla Cápac, a quien le otorgó la parte sur; a Tocay Cápac le concedió el este; y Pinahua Cápac lo favoreció con el oeste. Y los instó a marchar por el lugar designado para conquistar y gobernar a la gente. De los cuatro soberanos, solo Manco Cápac llega al valle del Cuzco y funda su imperio. Cuentan también que la división territorial en cuatro partes, fue calcada tiempo después al imperio incaico con la partición en cuatro suyos o regiones que conformaban el antiguo Tawantinsuyo.

Garcilaso no identifica ni menciona el nombre del señor poderoso y presumimos que quizá se refiera a Viracocha. Tampoco indica quiénes son ni de dónde salen los personajes principales y, en general, la narración es tan escasa de contexto que no permite analizarla con rigor.

A continuación de esta versión, Garcilaso menciona otra muy breve acerca de los hermanos Ayar. La obtuvo de los indígenas habitantes del este y norte del Cuzco.

La relatamos a continuación:

5. La leyenda de los hermanos Ayar

Los indígenas, le revelaron que al principio del mundo hubo un lugar de nombre Paucar Tampu donde se halla un cerro con tres cuevas. Por la del medio, salieron ocho hermanos: cuatro hombres y cuatro mujeres. Tiempo después, aquella cueva fue forrada con planchas de oro por los incas y fue conocida como la ventana real. El primer hermano se llamó Manco Cápac, y su mujer, Mama Ocllo. Ambos fundaron el Cuzco, que quiere decir ombligo. El segundo fue Ayar Cachi, el tercero Ayar Uchu y el cuarto Ayar Sauca. Ayar es un término cuyo significado ignora; cachi significa sal, uchu es un ají para condimento, y sauca quiere decir regocijo, contento y alegría.

Refiere Garcilaso que quiso indagar el tema en profundidad, pero solo recibió mil disparates como respuesta a su inquietud: que por sal (Cachi) entendían la enseñanza para su uso; que por pimiento (Uchu), el gusto que obtenían y la alegría y regocijo (Sauca) que les proporcionaba. Garcilaso no se molestó siquiera en averiguar el nombre de las tres hermanas de la pareja fundadora y la fuente informativa no remite a la alcurnia inca, sino que son “indios que viven al levante y norte del Cuzco”.

En las conclusiones haremos un breve comentario respecto a la leyenda de los hermanos Ayar.

6. Conclusiones

La leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo contiene diversas críticas que no la hacen creíble.

Comencemos:

1) El don de crear, que Garcilaso otorga al Sol, don que no le corresponde porque el creador de todo es Viracocha. Según el cronista, el Sol envía del cielo a la tierra a dos de sus hijos, relato poco creíble puesto que no contiene argumento incaico. Además, sabemos que los lugares por donde se originan las etnias son las paqarinas y éstas no están en el cielo, sino en la tierra. Así pues, pierde credibilidad la narración mítica.

2) En el relato mítico, Manco Cápac y Mama Ocllo son los únicos protagonistas. Aparecen en el escenario andino sin ayllus o comunidades familiares que los respalden, emprenden una caminata que demoró años y solos se enfrentan a las etnias indígenas en estado primitivo. La versión carece de apariencia verosímil y de contexto incaico, dado que presenta a la pareja fundadora como gente magnánima enfocada en un objetivo: culturizar a los indígenas de la primera edad. Dichas metas rozan el apostolado cristiano y una mansedumbre impropia de la etnia incaica.

3) La versión omite cada uno de los lugares por donde Manco Cápac y Mama Ocllo transitaron hasta llegar al Cuzco, y omite las reyertas que emprendieron contra diversas etnias para obtener por la fuerza sus tierras.

4) Garcilaso no detalla cómo se realizó el ingreso de los ayllus al valle del Cuzco antiguo ni refiere cómo se llevó a cabo la fundación del Cuzco.

5) Causa estupor que ignore por completo al dios Hacedor del universo incaico: Viracocha.

6) Si comparamos la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo con la leyenda de los hermanos Ayar en la versión Garcilaso, las omisiones se vuelven insalvables: la refiere como una fábula desprovista de pensamiento incaico y la simpleza de la narración la convierte en una versión no solo trivial, sino en una pantomima de leyenda.

7) En ninguna de las tres versiones de Garcilaso hallamos principio incaico alguno que las certifique como leyendas genuinas de procedencia incaica.

En consecuencia, la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo es una versión original o única como se dijo al principio, pero sin ningún valor como documento de raigambre incaica. Para considerarla cierta, tendría que vislumbrar de algún modo el hecho histórico, cosa que no sucede. Garcilaso creó la leyenda en su afán de dar protagonismo y don de crear al Sol y por el camino anuló la cualidad de Viracocha como deidad creadora.

Una situación distinta se puede apreciar en la leyenda de los hermanos Ayar que en otro post exponemos (ver leyenda aquí).

7. Referencia

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

TIAHUANACO: Un nombre con mucho MISTERIO

TIAHUANACO: Un nombre con mucho MISTERIO

¿Qué significa realmente Tiahuanaco? El nombre esconde una historia mucho más compleja de lo que sugiere su escritura actual. Durante siglos, cronistas, viajeros, investigadores y lingüistas han intentado explicar su origen y significado, relacionándola con distintas voces y tradiciones lingüísticas.

Pero ¿El nombre Tiahuanaco conserva realmente su significado original? ¿Es una palabra de origen quechua, aimara o procede de un idioma mucho más antiguo? ¿Qué pudo significar para el pueblo que habitó este territorio antes de la expansión incaica?

En este artículo examinamos las distintas interpretaciones del nombre “Tiahuanaco” y las circunstancias que pudieron alterar su significado original. Porque, en ocasiones, un antiguo nombre puede conservar en sus sílabas la historia de un mundo que ya desapareció.

Índice

1. Antecedentes

Se desarrolló en la altiplanicie del antiguo Perú y tuvo su principal centro en el territorio que hoy corresponde a Bolivia. La sede principal está ubicada a quince kilómetros al sureste del lago Titicaca, a una altura cercana a los 4.000 m.s.n.m. Es una cultura muy longeva, según el arqueólogo boliviano Ponce, C. (1976: 27-38) aparece aproximadamente en 1580 a.C. y se prolonga hasta 1187 d.C. Sorprende su lento y pausado crecimiento cuando lo compara con el rápido e intenso progreso de los incas.

Las primeras noticias fueron recogidas por Pedro Cieza de León, P. (2005: cap. CIV-CV, pp. 262-265), durante su recorrido por el antiguo Collasuyo, describe el clima, la geografía, la fauna y las condiciones de los pueblos que visitó. Refiere a Tiahuanaco como un pueblo de reducida extensión, pero dotado de grandes edificaciones y monumentales construcciones abandonadas y en estado de ruina. La magnitud de estos vestigios despierta su interés y lo lleva a considerar que se encuentra ante una cultura mucho más antigua que la de los incas.

Con el paso del tiempo, una parte importante de este patrimonio desapareció. Ravines, R. (2004: 196) señala que numerosos restos arqueológicos fueron destruidos cuando los colonos se apropiaron de las enormes piedras que formaban sus monumentos, utilizándolas para otras construcciones. Esta práctica ocasionó la pérdida de vestigios que hoy podrían haber ayudado a comprender mejor dicha civilización. A pesar de estas pérdidas, todavía se conservan importantes testimonios de su grandeza. Entre ellos destacan el Kalasasaya, Kantatayata, Pumapunku, la Puerta del Sol, la pirámide de Akapana y diversas estatuas monolíticas.

Y es precisamente ante estos vestigios, que sorprendieron a Cieza de León hace casi cinco siglos, donde comienza nuestro interés por una pregunta fundamental: ¿Qué significado tuvo realmente Tiahuanaco y de dónde procede su nombre?

2. Significado del nombre Tiahuanaco

Ravines, R. (2004: 195-196) señala que esta cultura es tan misteriosa como su propio nombre, pues aparece registrada de distintas maneras: Tiahuanaco, Tiahuanacu o Tiwanaku.

Una de las interpretaciones sostiene que el nombre proviene del quechua y significaría «santuario o asiento de guanacos». Sin embargo, esta traducción ha sido considerada poco apropiada y ha sido desestimada por los historiadores.

Otra propuesta señala que el nombre original habría sido Tiya Huanuk, expresión que significaría «luz moribunda». Esta interpretación estaría relacionada con el culto a un ídolo denominado Ka-Ata-Killa, cuyo nombre significaría «luna menguante». Agustín de Zárate (1555) menciona que el cacique de Tiguamano o Guanaco realizaba ofrendas humanas en honor de dicho ídolo.

Según Cerrón Palomino (2016: 20-21), desde la época virreinal hasta nuestros días se han propuesto diversas explicaciones sobre el origen del nombre Tiahuanaco. Sin embargo, muchas fueron formuladas sin criterios lingüísticos o filológicos sólidos, por lo que no ofrecen una explicación convincente.

Entre ellas se encuentra la curiosa interpretación recogida por el jesuita Bernabé Cobo. Según relata, cuando el Inca se encontraba en Tiahuanaco llegó desde el Cuzco un mensajero que había recorrido el trayecto con extraordinaria rapidez. Al verlo, el Inca le habría dicho:

«Tiay, guanacu», es decir, «Siéntate y descansa, guanaco».

Cobo explica que el mensajero recibió el nombre de guanaco por la rapidez de su viaje, comparándolo con este veloz auquénido andino. Desde entonces, según el cronista, el lugar habría conservado ese nombre, aunque con algunas modificaciones en su pronunciación.

Una anécdota transmitida por un cronista no necesariamente explica el verdadero origen de un topónimo. Para aproximarnos a él debemos preguntarnos qué lengua hablaba la población que dio origen al nombre y qué significaban originalmente sus palabras.

Tiahuanaco ha sido interpretado tradicionalmente desde el quechua. Sin embargo, esta explicación presenta dificultades tanto semánticas como cronológicas. Si el nombre corresponde a un lugar cuya antigüedad es muy anterior a la expansión del quechua y probablemente también del aimara, resulta necesario buscar una lengua más antigua del altiplano.

Cerrón Palomino propone identificar la primera parte del nombre, <tia>, con <thiya>, voz registrada por el jesuita Ludovico Bertonio con los sentidos de «lugar o parte muy lejos», «el fin» o «término del mundo». Bertonio incluso registra la expresión <thiya marca>, «pueblo que está en los confines del mundo». Aunque la voz aparece documentada en aimara, Cerrón considera posible que su origen sea más antiguo y corresponda al puquina.

Queda entonces por explicar <huanaco>. Cerrón descarta su relación con el quechua <huanacuk>, «el que se corrige o enmienda», debido a la antigüedad y localización del topónimo. Propone, en cambio, buscar sus componentes en el puquina y dividirlo en <huana> + <co>.

El elemento <huana> encuentra paralelos en antiguas fuentes vinculadas al puquina. Oré registra <vana>, «nuevo», mientras que el callahuaya presenta <wani>, «flamante, nuevo», y <wana>, relacionado con «adorno». Estos registros permiten vincular <huana> con la idea de algo nuevo o renovado.

Más problemática resulta la terminación <co>. Cerrón propone relacionarla con <coa>, voz de filiación puquina registrada por Oré con el significado de «ídolo» y vinculada a la idea de divinidad o santuario.

A partir de estos elementos, Cerrón Palomino reconstruye la forma thiya wana-quwa, cuya interpretación sería: «La divinidad nueva del confín».

Con el paso del tiempo, la pronunciación habría sufrido modificaciones hasta dar lugar a la forma conocida como Tiahuanaco.

La propuesta de Cerrón Palomino no constituye una certeza definitiva, sino una reconstrucción lingüística que busca explicar un topónimo posiblemente anterior al quechua y al aimara.

Pero si esta interpretación fuese correcta, Tiahuanaco no sería únicamente el nombre de un lugar. Su propia estructura podría conservar la memoria de una antigua divinidad del altiplano.

Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿A qué divinidad se refiere ese antiguo nombre?

3. Fundamento mítico del nombre

En Tiahuanaco ocurrieron acontecimientos míticos profundamente relacionados con el dios Viracocha. Según los cronistas, la divinidad apareció en las inmediaciones del lago Titicaca después de un período de oscuridad y dio inicio a la creación del mundo.

Fue allí donde se estableció el orden del Mundo Alto (Hanan Pacha) y del Mundo Bajo (Hurin Pacha); aparecieron el Sol, la Luna y las estrellas, y Viracocha creó a los seres humanos, representándolos en piedra según sus respectivos géneros. Por ello, Tiahuanaco se presenta como uno de los principales escenarios míticos de Viracocha y como un lugar fundamental en el origen de la tradición incaica.

Dentro de esta concepción, los incas habrían reconocido dos confines en el mundo: uno hacia el occidente, en el lugar donde el Sol desaparece sobre el océano Pacífico, y otro hacia el oriente, en las inmediaciones del lago Titicaca, donde Viracocha habría aparecido.

Es precisamente aquí donde la interpretación «la divinidad nueva del confín» adquiere un sentido particularmente sugerente. Si <thiya> alude a un lugar lejano o confín y <huana> se relaciona con lo nuevo o flamante, el nombre podría estar haciendo referencia a una divinidad asociada con el confín del altiplano.

Pero existe una posibilidad todavía más interesante. Lo nuevo o flamante podría relacionarse con el Sol naciente, que cada día aparece por el horizonte oriental, precisamente en el extremo del mundo conocido. De este modo, el nombre Tiahuanaco podría estar vinculado no solamente con una divinidad, sino con la manifestación renovada de esa divinidad en el lugar donde nace la luz.

Si esta interpretación es correcta, «La divinidad nueva del confín» dejaría de ser una simple explicación etimológica para adquirir una profunda correspondencia con el mito de Viracocha y con la concepción incaica de los confines del mundo.

4. Reflexiones finales

Durante siglos, el significado del nombre Tiahuanaco ha permanecido envuelto en interpretaciones que, en muchos casos, intentaron explicarlo desde el idioma quechua o mediante relatos transmitidos por los cronistas. Sin embargo, al examinar su antigüedad y su ubicación en el altiplano, esas explicaciones presentan dificultades que obligan a mirar más atrás, hacia las lenguas que existieron antes de la expansión del quechua y del aimara.

La propuesta de Cerrón Palomino ofrece una vía diferente. Al relacionar <thiya> con la idea de confín o lugar lejano, y <huana> con nuevo o flamante, para finalmente vincular <coa> con divinidad, reconstruye una expresión que podría haber dado origen al nombre:

thiya wana-quwa

Su posible significado sería: «LA DIVINIDAD NUEVA DEL CONFÍN»

Pero lo sorprendente aparece cuando esta interpretación lingüística se confronta con la tradición mítica asociada a Tiahuanaco.

El mítico lago Titicaca y sus inmediaciones aparecen en las antiguas tradiciones como el lugar fundamental de la aparición de Viracocha, el Hacedor. Allí comienza el ordenamiento del mundo, aparecen los astros y se establece la separación entre el Mundo Alto y el Mundo Bajo. No se trata, por tanto, de un lugar cualquiera dentro de la geografía sagrada de los Incas.

Además, dentro de la concepción de los confines del mundo, el occidente era el lugar donde el Sol desaparecía y el oriente, situado hacia el Titicaca, era el lugar donde volvía a aparecer. De esta manera, la expresión «la divinidad nueva del confín» adquiere una dimensión que va mucho más allá de una simple descripción geográfica.

Lo nuevo, lo flamante, es aquello que vuelve a manifestarse. Y el Sol vuelve cada día a aparecer por el confín oriental.

¿Podría entonces el antiguo nombre de Tiahuanaco conservar la memoria de una divinidad vinculada con el nacimiento renovado de la luz?

No podemos presentar esta interpretación como una certeza absoluta. La distancia temporal, la desaparición del puquina como lengua viva y la escasez de registros directos impiden una demostración definitiva. Pero tampoco podemos ignorar la extraordinaria coincidencia entre la estructura lingüística propuesta, la geografía sagrada del altiplano y el mito de Viracocha.

Quizá Tiahuanaco nunca fue simplemente el nombre de una ciudad.

Quizá su nombre conservó, durante siglos, una idea religiosa mucho más antigua: la presencia de una divinidad que aparece en el confín del mundo y que, como el Sol, vuelve a manifestarse después de la oscuridad.

Y si esto fuera así, detrás de la palabra Tiahuanaco no hallaríamos únicamente el nombre de una antigua civilización. Encontraríamos la memoria de una divinidad.

Y esa posibilidad abre una última pregunta: ¿Fue Tiahuanaco realmente el lugar donde nació la tradición de Viracocha?

5. Referencias

Cerrón, Palomino, R. (2016). El lenguaje como hermenéutica en la comprensión del pasado: a propósito del puquina en la génesis del imperio incaico. Diálogo Andino N° 49, páginas 11-27. Obtenido de: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0719-26812016000100004&lng=es&nrm=iso.

Cieza de León, P. (2005). Crónica del Perú el señorío de los incas. Caracas, Venezuela: Fund. Biblioteca Ayacucho. Obtenido de: http://www.biblioteca.org.ar/libros/211665.pdf.

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

Ponce, C. (1976). Tiwanaku: Espacio, tiempo y cultura (3ra. ed.). La Paz, Bolivia: Ediciones Pumapunku.

Ravines, R. (2004). Enciclopedia de la HISTORIA GENERAL DEL PERÚ. T. 2 Las culturas preincas. (2da. ed.). Lima, Perú.

HUACA: Mucho más que un LUGAR SAGRADO

HUACA: Mucho más que un LUGAR SAGRADO

La palabra huaca o guaca o waka pequeño en letras, pero gigantesco en significado, acoge diversos sentidos. Es un vocablo de índole religiosa y predominante durante todo el incanato. De uso continuo para designar numerosos conceptos en lo tocante a lugares u objetos sagrados. Es un puente sagrado entre lo humano y lo divino.

Después de la conquista y virreinato hasta nuestros días, la percepción y concepto se extendió hasta incluir como una huaca a las vetustas edificaciones indígenas. La interpretación moderna nos hace pensar que se ha tergiversado su verdadera expresión.

Es común entender que la huaca es el lugar donde entierran al indígena. Pero, el concepto es más amplio de lo que imaginamos. Es una gran estructura religiosa contenida en una palabra. Tiene otras acepciones que en este post ampliamos.

Índice

1. Significado de Huaca

El Diccionario de la Real Academia Española (D.R.A.E.) considera como una huaca o guaca a los sepulcros indígenas (en Bolivia y Perú) donde se hallan objetos de valor: un tesoro escondido o enterrado; una vasija de barro cocido en cuyo interior depositaron joyas y objetos artísticos como ofrenda para los dioses.

El Diccionario de la Academia Mayor de Lengua Quechua o (A.M.L.Q) dice que waka en Arqueología es un santuario y necrópolis preincas situados en la costa y sierra del Perú. En Etnohistoria es un adoratorio, objeto sagrado inca. También es parte del espacio sagrado del Cuzco donde los incas situaron más de 350 huacas.  Hasta aquí, todo parece claro… pero el problema aparece cuando el glosario añade que los elementos deificados de los tres universos incaicos (Hanan Pacha, Kay Pacha y Ukhu Pacha) eran objeto de culto y estaban simbolizados en huacas u objetos sagrados.

¿Tres universos? Esa idea proviene de Garcilaso de la Vega, quien en sus Comentarios Reales inventó —con una elegante pluma y un fondo teológico cristiano— una estructura tripartita que ningún otro cronista del siglo XVI o XVII menciona. Por lo tanto, es una creación literaria, no forma parte del pensamiento religioso incaico original.

El Vocabulario de la Lengva General de todo el Perv llamada Lengva Qquichua o del Inca de Diego Gonçález Holguín reconoce un extenso valor conceptual, registra como huacca a los:

“Ídolos, figurillas de hombres y animales que traían consigo. Lugar de ídolos, adoratorio. La plata, escondida debajo de la tierra. Tesoro. Carnero o cualquier bestia monstruosa, que tiene más, o menos miembros, o fealdad natural. Cuando tiene seis dedos en manos y pies como león. Paso peligroso o espantable”. Gonçález Holguín, D. (1608: 126).

En el Perú republicano nombran como huaca a los restos arqueológicos de las edificaciones pre hispánicas que forman parte del patrimonio histórico del Perú. Las arquitecturas se distribuyen por diversos distritos limeños. El Ministerio de Cultura creó el programa denominado: Lima, la ciudad de las huacas con el apoyo de UNESCO a fin de protegerlas y promover su preservación. Se trata de complejos arqueológicos de la cultura Ichma que han convertido a Lima en una ciudad con atractivo turístico.

2. Huaca según Garcilaso de la Vega

Garcilaso nos ofrece una descripción particularmente reveladora de la voz huaca y de su complejidad. Según explica, los Incas no concebían las huacas simplemente como deidades ni las adoraban como dioses; les rendían veneración y respeto, reconociendo en ellas una manifestación de lo sagrado.

El pensamiento incaico designa como huaca a cualquier elemento u objeto de la naturaleza que por su forma, colorido o enormidad se presenta como una entidad superior que destaca al compararla con sus similares.

Las tumbas indígenas en los campos, también se consideraban huacas, algunos enterraban a sus deudos en los alrededores de la casa, incluso al interior. Cuenta el Inca escritor que los indígenas sentían una tribulación inmensa cuando los españoles profanaban sus tumbas a la búsqueda de oro y plata, les rogaban no desperdigar los huesos de sus antepasados porque estos debían estar juntos y completos para poder retornar a una nueva vida.

Es huaca a todo lo perteneciente a los históricos reinos de la naturaleza, en especial los animales, vegetales o minerales que por su belleza y perfección superaban a los de su especie, por ejemplo: una flor, una fruta, un árbol que destaca sobre los de su género. 

Huaca quiere decir ídolo, también es cualquier objeto que por su relevancia se le considera como una cosa sagrada, la amplitud del concepto permite diversidad de sentidos que a continuación analizamos:

3. La paqarina ¿Es una huaca?

Las paqarinas (ver significado aqui) o el lugar de origen del antepasado primigenio de una etnia o cultura indígena, eran valoradas como lugares sagrados. Los sitios podían ser diversos, por ejemplo: peñas, ríos, manantiales, lagos, nevados, cerros, cordilleras, árboles, cuevas, etcétera. Un ejemplo de lugar de origen es la cueva Cápac T´tocco del cerro Tampu T´tocco, lugar por donde surgieron los hermanos Ayar (los incas).

El sagrado y mítico Titicaca, fue la paqarina por donde se originó el dios Viracocha. El lago Choclococha, fue el lugar por donde apareció la etnia chanca.

Garcilaso dice:

“Que no se tiene por honrado el indio que no desciende de fuente, río o lago, aunque sea de la mar […]”. Ibid. (1985: 34).

Huaca es la ofrenda que el sacerdote inmola en sus festividades principales a Viracocha y el Sol, por ejemplo: las figurillas de hombres, aves, animales y otros fraguados en oro, plata o moldeados en cerámica o tallados en madera etcétera. El pensar incaico los considera objetos sagrados porque sus únicos dueños son los dioses.

4. El templo ¿Es una huaca?

En efecto, son huacas, podía ser un templo grande o pequeño, por ejemplo, el templo Coricancha o Recinto de Oro, estimada como la huaca principal, pues en uno de sus aposentos residía el dios Inti o Sol.

En el Cusco, Pachacútec construyó diversos templos: el Quishuarcancha en honor a Viracocha, el templo a la Killa o Luna, el templo a Illapa o el rayo, relámpago y trueno. Tiempo atrás, Viracocha Inca (padre de Pachacútec) edificó un hermoso templo en honor a Viracocha en Rakchi, antiguamente conocido como Cacha. Dice la narración mítica que el dios Viracocha erupcionó y apago el volcán Quimsachata de esa localidad.

Otro caso son los templos al Sol ubicados en: Pachacámac; en la isla del Sol en el lago Titicaca; en Tumibamba (Ecuador). Antes de que aparecieran los incas se erigió el templo Chavín de Huántar ubicado en la sierra central de Áncash. Todos los templos tienen por su naturaleza sagrada, la cualidad de ser huacas.

5. Saramama ¿Una huaca familiar?

En época incaica cada familia tenía su propia huaca protectora del maíz cosechado cuyo nombre fue Saramama. Según Valcárcel, L. (1964: T. 1, 61-62) el pensar incaico acepta la concepción religiosa de las madres de las cosas, por ejemplo: Saramama es la Madre del Maíz; Cocamama es la Madre de la Coca; la Madre Tierra es la Pachamama; la Cochamama es la Madre de los Manantiales. Todas son huacas.

Cuando los incas terminaban de cosechar el maíz de las chacras destinadas a los templos y huacas, seguidamente tocaba el turno al pueblo, entonces cada familia se dirigía a sus parcelas para cosechar el maíz.

Dice Murúa, F. M. (2001) que cada agricultor celebraba un culto a la Madre del Maíz, se oficiaba al término de la cosecha. Conforme recogían las mazorcas y poco antes de pelarlas y desgranarlas, buscaban, escogían y separaban la mejor; para la elección optaban por ciertos atributos como: tamaño, robustez, cantidad y calidad de grano.

Obtenida retornaban a sus hogares donde confeccionaban una huaca con la mazorca elegida y la bautizaban como Saramama, apartaban una pequeña cantidad de granos para situarlos en un troje pequeño o pirua. Veneraban los granos, por provenir de la Madre del Maíz y por proteger el maíz sin pudrirse durante todo el año.

Previo al ritual consultaban con los sacerdotes la suerte del maíz, éstos le preguntaban a la mazorca:

“[…] si tenía fuerza y vigor para el año que viene, y si el maíz respondía que no le tenía, le llevaban a la mesma chácara, a quemarlo con la mayor solemnidad que cada uno podía”. (438 Ibid.).

Si ocurría lo anterior, repetían de nuevo la selección, hasta que la mazorca respondía que poseía dicha fuerza. La respuesta positiva originaba la algarabía de la familia y derivaba en festejos.

6. Huacas humanas y del mundo natural

En contraste a lo anterior, nombran como huaca a las cosas grotescas o anti estéticas o fieras, tal es el caso de las boas de la selva. El criterio alcanzaba a los animales y las aves, es el caso de los auquénidos que paren dos críos, los huevos de aves con dos yemas. En la costa o yunga antigua estiman a las ballenas por su colosal tamaño, la creían como la madre de los peces.

También incluían a los ríos caudalosos, a las piedras con extraños tallados naturales o con diversos colores. La cordillera de los Andes fue estimada como una huaca, también cuando un cerro se mostraba dominante sobre los otros, por ejemplo: el nevado Pariacaca ubicado en la serranía limeña de Huarochiri, el cerro Huanacauri (ver significado aquí) en el Cusco, ambas huacas fueron objeto de veneración y culto. El culto a Huanacauri ocurrió desde Manco Cápac, es decir, desde épocas primordiales y duró hasta la conquista y virreinato.

En caso de seres humanos, lo asumen como huaca por hechos anormales cuyo entendimiento no hallan explicación, como, por ejemplo: una mujer que alumbra mellizos, en algunos pueblos lo asociaban con la fertilidad y lo celebraban con fiestas y bebidas, con cantos y bailes, pero en otros lo consideraban como signo de mal agüero, lloraban compungidos esperando algún castigo por algún delito cometido. 

También son huacas, los niños nacidos con taras como: pies doblados, o con seis dedos, los jorobados o con defectos en la cara o en el cuerpo.

7. El oráculo ¿Es una huaca?

Huaca es el lugar donde el indígena consulta sus temores, solicita la aceptación de la ofrenda a sus dioses, pide por la buena marcha de sus festividades, busca la causa de alguna desdicha, indaga el triunfo o fracaso en la guerra, analiza la sucesión del trono, investiga la causa de alguna enfermedad o muerte, solicita paz, prosperidad para todo el pueblo y los augures del destino les dan sus respuestas en los oráculos.

Las consultas también las hacían los incas, los testimonios de los cronistas son elocuentes. José de la Riva Agüero refiere que:

“La fundación de la ciudad del Cusco fue un suceso muy memorable, rodeado de ritos y ceremonias religiosas consultando a los agüeros y mirando las estrellas…”. (Citado en Busto, J.A. 1981:26).

Según Guamán Poma, P. (2011: 52), Mama Ocllo era oficiante de ritos escabrosos, solía conversar con piedras, peñas, maderos, cerros, lagunas y éstas respondían sus consultas, además la soberana creó el culto a las huacas y willkas esta última voz en quechua significa sagrado, en aimara refiere al Sol.

Después de diversas conquistas por la costa norteña del antiguo Perú, Túpac Inca Yupanqui decidió retornar al Cuzco, pero antes enrumbó con dirección al oráculo de Pachacámac para consultar su futuro. Los augurios para su gobierno y sus conquistas fueron favorables.

Las premoniciones y consultas de Huayna Cápac son evidentes, se enteró de la caída del Tawantinsuyo con anterioridad. Poco antes de morir nombró como posibles herederos del reino a dos de sus hijos: Ninan Cuyochi y Huáscar, previo solicitó consultar al oráculo mediante la calpa o lectura del corazón y pulmones de un auquénido. La respuesta fue negativa para ambos hermanos.

8. La huaca en los conflictos bélicos

Otra forma de huaca se presenta en la guerra entre dos bandos, cada uno solía llevar sus huacas como ídolo protector. Cuando los incas iban a guerrear cargaban con una momia de sus reyes como huaca protectora para asegurar el triunfo.

Los incas tenían por costumbre apoderarse de las huacas del pueblo conquistado, las remitían al Cusco y colocaban en un lugar destinado para su culto, a la muerte del rey las huacas eran incluidas como parte del ajuar mortuorio.

Cuando Pachacútec derrotó a la etnia chanca, previo capturó a sus dos huacas: Mucho tiempo después el licenciado Polo de Ondegardo descubrió varias momias incas, entre ellas halló la de Pachacútec, el ajuar mortuorio incluía las huacas de los chancas.

Huáscar realizó consultas antes de iniciar la guerra contra su hermano Atahuallpa, a la vez Atahuallpa hizo lo mismo. En ambos casos los augurios fueron nefastos.

9. El ceque incaico ¿Es una huaca?

El ceque no es una huaca, es una voz que significa raya, hilera, línea. Del templo Coricancha tomado como centro, se originaban unas líneas imaginarias o ceques (líneas) que iban en dirección a las cuatro regiones del Tawantinsuyo. Las huacas se hallaban repartidas en cada línea una tras otra, como indica Rostworowski, M. (2014: 141) cada huaca se enlazaba al ceque como el nudo de un quipu. Ceques y huacas formarían un inmenso quipo alrededor del templo Coricancha. Cada ceque era mantenido por una dinastía real, cuyo encargo era asegurar su mantenimiento.

La disposición por cada región era así:

1) Camino al Chinchaysuyo se originaban nueve líneas o ceques con ochenta y cinco huacas.

2) Hacia el Antisuyo se generaban nueve ceques con setenta y ocho huacas.

3) Rumbo al Collasuyo asomaban nueve ceques con ochenta y cinco huacas.

4) Con dirección al Contisuyo había catorce ceques con ochenta huacas.

Entre todos suman 41 ceques y 328 huacas, faltaría añadir el templo Coricancha y cuatro huacas adicionales no incluidas en los ceques, con lo cual sumarían 333 huacas. Tenían un radio de acción comprendido dentro de cuatro leguas de los alrededores del Cusco. Las numerosas huacas alrededor del Cusco le conferían un carácter de capital sagrada.

El primer informante de la existencia de ceques en el Cusco fue Polo de Ondegardo (1571). Después Bernabé Cobo (1653) los detalla y describe, contenido que hallamos en Valcárcel, L.E. (1964: 435-468).

Queda pendiente el estudio del significado de cada huaca, es una investigación que involucra los nombres quechuas y aimaras de cada una de ellas, labor que, tal como lo dice Rodolfo Cerrón-Palomino en La onomástica de los ceques: cuestiones etimológicas, es una tarea muy ardua y especializada.

10. Conclusiones

1) La diversidad de conceptos y características asociadas a la huaca permiten comprender cuan extenso fue el pensamiento religioso de los incas.

2) Las huacas no representan a los dioses, por lo tanto, no les corresponde adoración, pero sí veneración y respeto.

3) La proliferación de huacas tanto locales como de las naciones conquistadas revela una tolerancia religiosa de los incas a cultos distintos a su religión.

4) La construcción de diversos templos al Sol en lugares importantes y alejados del Cusco demuestra la expansión religiosa de los incas.

5) Diversas expresiones culturales, como actos políticos, sociales, militares, agrícolas, lugares de origen del antepasado primigenio y otros están íntimamente ligados al concepto de huaca.

6) Los incas tenían gran fe en sus agoreros, confiaban sus consultas a los oráculos que consideraban como huacas.

7) Las ofrendas a los dioses eran consideradas objetos sagrados cuyo único propietario era el dios ofrendado.

8) Los ceques alrededor del Cusco le dan el carácter y calidad de ciudad sagrada, demuestra el espíritu religioso de los incas.

11. Referencias

Busto, J. A. (1981). Perú incaico. 3ra. ed. Librería Studium, Ed. Lima, Perú.

Cobo, B. (1964 [1653]). Historia del Nuevo Mundo. Obtenido de: https:// es. scribd.com/doc/50568547/COBO-Bernabe-1653-1964-Historia-del-Nuevo-Mundo#scribd.

Cerrón R (2005: 285-303). La onomástica de los ceques: cuestiones etimológicas. Lexis Revista de Lingüística y Literatura. Vol. 29, N.° 2 (2005). Obtenido de: file:///D:/Backup% 20c/Downloads/8392-Texto%20del%20art%C3%ADculo-33088-1-10-20140220%20(1). pdf.

Diccionario de la Real Academia Española (D. R.A.E.)

D.A.M.L.Q. (2005). Diccionario Quechua-Español-Quechua. Academia Mayor de la Lengua Quechua. (2da. ed.) Cusco Perú. Obtenido de:http://lengamer.org/admin/languag e_folders/quechuadecusco/user_uploaded_files/links/File/AML Quechua-Dic.pdf.

Garcilaso de la Vega, I. (1985). Comentarios reales de los incas. Lima, Perú: Fondo Editorial Banco de Crédito del Perú.

González Holguin, D. (1608). Vocavulario de la lengva general de todo el Perv llamada lengva qquichua o del Inca. Obtenido de: http://www.letras.ufmg.br/padrao_ cms/ documentos/profs/romulo/VocabvlarioQqichuaDeHolguin1607.pdf.

Guamán Poma, de. A. (2011). Nueva Crónica y Buen Gobierno (1ra. ed.). Lima, Perú: Ebisa Ediciones.

Rostworowski, M. (2014). Estructuras Andinas del Poder – Ideología Religiosa y Política. Lima, Perú: Instituto de Estudios Peruanos.

Murúa, F. M. (2001). Historia general del Perú (2da. ed.). España: Manuel Ballesteros Gaibrois.

Ondegardo, P. de. (1571). ONDEGARDO danos de no guaradar a los indios sus fueros. 

Valcárcel, L. (1964). Historia del Antiguo Perú (Vol. 3 volúmenes). Lima, Perú: Juan Mejía Baca.

El NOMBRE que le ARRANCARON el CORAZÓN

El NOMBRE que le ARRANCARON el CORAZÓN

Como sucedió con otros nombres quechuas que designan a los pueblos del Perú, el de Chongoyape sufrió una mutación en su estructura literal y dicción, perdiéndose su verdadero significado en el tiempo y la historia.

En este post indagamos las causas del origen del nombre tratando de descubrir sus raíces quechuas, para definir la verdadera estructura literal y proponer un posible significado. La ubicación del pueblo sugiere vínculos ligados con la cultura mochica.

Empecemos:

Índice

1. Ubicación de Chongoyape

Si nos hallamos en Chiclayo (costa norte del Perú) y deseamos visitar Chongoyape, podemos transportarnos mediante una vía de penetración a la sierra que atraviesa diversos poblados y añejas cooperativas como: Pomalca, Tumán, Pátapo, Pampa Grande, La Puntilla, Tablazos etcétera.

Antes de llegar al pueblo, hacia la mano izquierda se halla el reservorio mal llamado Tinajones, según Sáenz, W. (1988) debió ser bautizado con el nombre del pueblo chongoyapano. La pared de la represa es enorme, colinda con la carretera, la conocimos allá por los años 1965, hoy día, el muro de contención pasa inadvertido, como que se confunde con el paisaje y la vegetación adherida a sus paredes, se exhibe como una pequeña meseta involucrada con el entorno natural entre cerros y lomas.

Antes de ingresar al pueblo debemos transitar por un riachuelo de ramalillos dispersos un tanto ancho bautizado con el nombre de Juana Ríos.

Chongoyape está a 60 kilómetros de Lambayeque, entrando a la sierra, es la antesala para llegar a Chota y Cajamarca, tiene un clima templado, se ubica a una altitud de 248 m.s.n.m.

2. Los apus del pueblo de Chongoyape

Cuenta el historiador Walter Sáenz Lizarzaburu, ―rememorando a Antonio Raimondi― que, el pueblo se encuentra engarzado en medio de un semicírculo de cerros que absorben y reflejan la luz solar, causando que se eleve la temperatura y provocando un calor insoportable.

El pueblo cuenta con apus protectores: uno es el cerro Rakarumi, otro el cerro Mulato que destaca por su arte rupestre y el cerro Chaparrí, de estos últimos nace una antigua leyenda que en otro post comentaremos.

Chongoyape está emplazado en las faldas del cerro Rakarumi, voz compuesta por dos palabras quechuas: raka cuyo significado es rajado y rumi que es piedra, quiere decir: piedra rajada. Hace honor a su conformación pétrea: es un montículo enorme de piedras resquebrajadas.

3. Significado del nombre Chongoyape

Chongoyape es el nombre del pueblo donde nacieron nuestros padres. Siempre nos interesó saber ¿por qué el nombre comienza con la palabra chongo? Voz cuyo significado es antro o lugar de mala reputación, tal acepción nos causaba malestar.

Investigando el libro de Walter Sáenz L. titulado Racarrumi hallamos que, el nombre fue afectado con una mala traducción e interpretación por los españoles. Investigando sus fuentes, Sáenz halló en el libro Topónimos quechuas del Perú de Max Espinoza Galarza que el nombre fue Sonqollapij, deformado después como Chongoyape. Sonqo significa corazón y llapij quiere decir lo que estruja. Entonces, Sonqollapij significaría:

“El o lo que roba el corazón; que hace perder los estribos. Alude a la hermosura de sus mujeres. Es barbarismo decir Chongoyapi. Debe corregirse” (sic).

La explicación, sin embargo, no nos satisfizo. Los pueblos indígenas no nombraban lugares al azar ni por galantería poética: los topónimos respondían a la geografía, a hechos históricos, o a acontecimientos mítico-rituales que marcaban el territorio y lo individualizaban. Un nombre es una cicatriz del pasado, no un cumplido.

La duda persistió hasta que la memoria visual habló. Recordamos ciertas imágenes de huacos mochicas: ceramios donde los artistas representaron una escena brutal y sagrada a la vez. Un chamán o sacerdote enmascarado abre el pecho de un prisionero y extrae su corazón, aún palpitante. No es metáfora. Es rito. Es poder. Es ofrenda.

Chongoyape queda cerca del lugar donde descubrieron las tumbas del Señor de Sipan y también del complejo arqueológico Batan Grande (o Sican) capital política y religiosa de la cultura mochica, lugar donde realizaban ritos y ceremonias religiosas. En dicho territorio se ubican templos y pirámides, también hallaron enterrados más de cincuenta hornos para fabricar cerámica.

Con el dibujo supusimos que, en el pueblo de chongoyapano sacrificaban humanos arrebatando el corazón de los prisioneros, tal puede ser el verdadero significado del pueblo natal de nuestros padres.

4. Información adicional

 

Si requieres información adicional acerca de Chongoyape la hallarás con Walter Sáenz Lizarzaburu hijo ilustre del pueblo, escribió dos libros en vida y le quedaron otros en el tintero: uno, titulado Racarrumi que narra la historia del pueblo chongoyapano y el otro, La fundación de Chiclayo, donde expone la hipótesis de que la ciudad nunca fue fundada, se asentó por la conglomeración de comerciantes de diversas zonas aledañas. Aquel que quiera rebatir tal hipótesis tendrá que presentar el acta de fundación. A la fecha no ha aparecido el documento persistiendo la hipótesis en el tiempo.

5. Conclusión

La transformación de Sonqollapij a Chongoyape no debe extrañarnos, la gran mayoría de antropónimos y topónimos del Perú ha sufrido una fuerte erosión que modifica su esencia sintáctica y deforma las reglas correctas de pronunciación y escritura. Esta realidad, lejos de asustarnos, nos alienta a investigar la historia del Perú antiguo a partir del verdadero significado de las palabras quechuas. Es un trabajo arduo pero necesario si queremos comprender el pensamiento andino a partir del idioma madre y otros idiomas nativos.

6. Referencia

Sáenz, W. (1988). Racarrumi. 2da. Edición. Lima, Perú.