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Cuando creíamos haber llegado al límite de la complejidad en las descripciones virreinales de Viracocha, el Manuscrito de Huarochirí introduce una leyenda que cambia por completo el escenario.
Huarochirí, en la sierra de Lima, conserva uno de los testimonios indígenas más extraordinarios del siglo XVII. Escrito originalmente en quechua, el manuscrito reúne mitos, divinidades y antiguas tradiciones religiosas de sus habitantes, ofreciendo una visión excepcional de un universo espiritual distinto del que encontramos en las fuentes cuzqueñas.
Y aquí ocurre algo inesperado.
En Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí ya no estamos en el Cuzco ni en los relatos vinculados al origen del Tawantinsuyo. Nos desplazamos hacia las quebradas y montañas de Huarochirí, donde aparece Cuniraya Viracocha, una deidad desconcertante: se presenta como un indígena pobre, vestido como mendigo, que recorre los caminos y participa directamente en los acontecimientos narrados.
Pero entonces surge la pregunta inevitable:
¿Qué relación tiene este Cuniraya Viracocha con el Viracocha que hemos encontrado en los cronistas del Cuzco?

Índice

1. ¿Quién es Cuniraya Viracocha?

El Manuscrito de Huarochirí presenta un Viracocha completamente diferente de los que hemos analizado hasta ahora.
Aquí no aparece la gran deidad creadora que ordena el mundo, ni el dios venerado por los incas como principio de la creación. Cuniraya Viracocha se presenta bajo la apariencia de un pobre mendigo que recorre las montañas de Huarochirí. Es un dios que se disfraza, engaña, seduce y participa directamente en los asuntos humanos.

Su historia gira alrededor de Cavillaca, una hermosa huaca-doncella indígena de quien se enamora. A partir de ella se desarrolla uno de los relatos más desconcertantes asociados al nombre de Viracocha.
Pero antes de entrar en su historia, conviene detenernos en el significado de ambos nombres.

1.1. Significado etimológico

En Topónimos Quechuas del Perú, Manuel Espinoza Galarza señala que tanto Cavillaca como Cuniraya habrían sufrido modificaciones en su escritura a través del tiempo.
Cavillaca correspondería originalmente a Cawillaca. Según Espinoza Galarza, el término estaría compuesto por cawi, nombre de una variedad pequeña de oca, y llaca, elemento que indica diminutivo. Su traducción sería, por tanto, “oca enanita”.
Respecto de Cuniraya, el autor propone la forma quechua Cconirayac, compuesta por cconi, “calor”, y rayac, término que indica pertenencia. El sentido sería, aproximadamente, “que pertenece al calor”.
Este significado resulta particularmente interesante porque el calor aparece asociado a una de las características que el relato atribuye a esta figura.
Pero, más allá de su etimología, lo verdaderamente sorprendente está en la personalidad que el manuscrito atribuye a Cuniraya Viracocha.
¿Quién es realmente este personaje?
¿Un dios disfrazado de mendigo?

1.2. Un dios truhan y enamoradizo

Cuniraya Viracocha en el Manuscrito de Huarochirí, no se comporta como el solemne creador que encontramos en otras tradiciones. Es un personaje astuto, burlón y enamoradizo.
El relato cuenta que se enamoró de Cavillaca, una hermosa doncella-huaca. Pero, en lugar de acercarse a ella abiertamente, recurrió al engaño.
Tomando un hermoso fruto, dejó allí su semilla y lo puso en su camino. Cavillaca, sin saber lo ocurrido, lo recogió y se lo comió.

De esta manera quedó embarazada sin conocer quién era el padre de su hijo.

El tiempo pasó y, cuando el niño tuvo aproximadamente tres años, Cavillaca decidió descubrir quién era su verdadero padre. Para ello reunió a los principales curacas de la región y colocó al niño entre ellos, esperando que por instinto reconociera a su progenitor.
Entre aquellos señores se encontraba Cuniraya Viracocha.
Pero no ocupaba un lugar de honor. Estaba sentado entre ellos bajo la apariencia de un hombre miserable, vestido como un mendigo.
Entonces ocurrió algo revelador.
El niño, sin que nadie lo guiara, se dirigió directamente hacia Cuniraya y trepó a sus brazos.

El padre había sido descubierto.

1.3. Un desenlace trágico

Cuando Cavillaca comprendió que aquel hombre harapiento era el padre de su hijo, no aceptó la situación.
La revelación no produjo reconocimiento ni reconciliación. Por el contrario, Cavillaca se sintió engañada y huyó hacia el mar llevando consigo al niño.
Cuniraya la siguió, pero no consiguió detenerla.
El relato termina frente al océano Pacífico. Cavillaca, llevando a su hijo en brazos, se arroja al mar y ambos quedan convertidos en dos peñones: uno grande y otro pequeño, que la tradición situaba frente al templo de Pachacámac.

Así termina la historia de Cuniraya Viracocha.
No con la creación de un mundo, ni con una orden divina, ni con una manifestación majestuosa de poder.
Termina en un hecho funesto frente al mar, su anhelo convertido en memoria pétrea de una historia de engaño, deseo y rechazo.
¡Qué descripción tan distinta para un dios llamado Viracocha!

1.4. Contraste entre los dos dioses

El contraste con el Viracocha de las tradiciones cuzqueñas difícilmente podría ser mayor.
El Viracocha que hemos encontrado en los relatos anteriores aparece asociado a la creación, al orden del mundo y a una dimensión sagrada que trasciende la vida cotidiana. Cuniraya Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí, en cambio, aparece como una figura harapienta, astuta y seductora, capaz de recurrir al engaño para satisfacer su deseo.
Uno pertenece a los grandes relatos de origen vinculados al Cuzco; el otro aparece en las antiguas tradiciones religiosas de Huarochirí.
Uno se encuentra asociado al ordenamiento del mundo; el otro interviene directamente en los conflictos, deseos y pasiones de los seres humanos.

El contraste es tan grande que resulta inevitable preguntarnos si ambos relatos están hablando realmente de la misma divinidad.
Pero quizá el problema esté precisamente en pretender que el nombre Viracocha tuvo siempre un único significado.
El relato de Huarochirí parece mostrarnos otra posibilidad: que una misma denominación pudiera adquirir características diferentes al incorporarse a tradiciones religiosas, territorios y memorias locales distintas.
Cuniraya Viracocha permanece, así como el dios de otra historia y de otra geografía. Su rostro poco se parece al del gran Viracocha de las tradiciones cuzqueñas, pero precisamente por eso resulta tan importante para comprender la complejidad que encierra este nombre.
Porque, después de recorrer tantas descripciones, una pregunta vuelve a aparecer con más fuerza que nunca:
¿Estamos ante un mismo Viracocha transformado por distintas tradiciones, o ante divinidades diferentes que terminaron compartiendo un mismo nombre?

2. Reflexiones finales

Junto con el Viracocha de Pachacuti Yamqui, Cuniraya Viracocha según el Manuscrito de Huarochirí es uno de los casos más desconcertantes de toda esta serie.
La diferencia con las descripciones anteriores es radical. La figura que lleva el nombre de Viracocha ya no aparece como el Hacedor solemne, invisible y distante que encontramos en otras fuentes. Aquí, la divinidad abandona la distancia del creador y se introduce directamente en el mundo de los hombres.
Cuniraya aparece como un indígena pobre, vestido como mendigo. Pero su apariencia es un disfraz. Se oculta deliberadamente detrás de la pobreza y consigue que quienes lo rodean sean incapaces de reconocer su verdadera naturaleza.
Y no se limita a ocultarse.
Es un dios astuto, embaucador y capaz de transformar las situaciones en beneficio propio. Engaña, seduce y utiliza su astucia para alcanzar aquello que desea. Cuando se enamora de Cavillaca, aparece además una dimensión que no habíamos encontrado de esta manera en los relatos anteriores: Viracocha es presentado como amante, seductor y sexualmente activo.
Ya no estamos ante una divinidad que permanece separada de su creación.
Cuniraya participa de ella.
Este cambio resulta fundamental. Nos obliga a preguntarnos si estamos ante una transformación de la figura de Viracocha, producida por una tradición local, o ante una concepción religiosa diferente en la que el nombre Viracocha fue incorporado a una divinidad propia de Huarochirí.
La pregunta no es menor.
El Manuscrito de Huarochirí fue escrito en quechua y conserva tradiciones religiosas vinculadas a una población concreta de la sierra de Lima. No estamos ante una historia general del Tawantinsuyo elaborada por un cronista europeo, sino ante un testimonio de otra tradición religiosa y de otro territorio.
Eso modifica sustancialmente las condiciones de lectura.
Cuniraya Viracocha puede ser entendido, entonces, como un importante contrapunto frente a las representaciones de Viracocha que encontramos en los cronistas. Allí donde algunas de esas fuentes presentan una figura cada vez más cercana a la idea de un creador supremo y trascendente, Huarochirí nos muestra una divinidad que se disfraza, camina entre los hombres, desea, engaña y actúa dentro del mundo.
La diferencia es extraordinaria.
Y quizá sea precisamente esa diferencia la que convierte a Cuniraya Viracocha en una pieza fundamental para comprender el problema que atraviesa toda esta serie.
Después de recorrer las distintas descripciones de Viracocha, descubrimos que el nombre no conduce necesariamente a una imagen única. Puede aparecer como creador, ordenador del mundo, principio sagrado, figura abstracta o, como en Huarochirí, como una divinidad que se oculta bajo la apariencia de un mendigo y participa directamente de la vida humana.
Por eso, más que cerrar el misterio de Viracocha, Cuniraya lo vuelve todavía más profundo.
¿Estamos ante un mismo Viracocha interpretado de maneras diferentes, o ante distintas divinidades que terminaron compartiendo un mismo nombre?
El Manuscrito de Huarochirí no resuelve la pregunta.
Pero nos obliga a formularla de una manera que ninguno de los relatos anteriores había hecho con tanta claridad.

3. Referencias

Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.

Tomás. (2008). Ritos y Tradiciones de Huarochirí. (1ra. ed.).