Con Guamán Poma de Ayala, esta vez, Viracocha es sustituido. Ya no es el sacerdote de Cieza, ni el demonio de Sarmiento, ni el fantasma de Garcilaso, ni el óvalo de Pachacuti. Ahora adquiere el nombre y rostro de un apóstol.
¡Guamán Poma de Ayala! El «Cronista y Príncipe», como él mismo se autodenomina. Cristiano fervoroso, convencido de la verdad del Evangelio y decidido a incorporar al indígena dentro del nuevo orden cristiano.
Pero cuando su pluma se ocupa de Viracocha, ocurre algo sorprendente. En su Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno nos presenta dos relatos y un dibujo en los que establece una estrecha relación entre el antiguo dios incaico y el apóstol San Bartolomé.
Y así, el Hacedor de los incas vuelve a cambiar de rostro. Esta vez, Viracocha parece acercarse al mundo cristiano hasta adquirir la figura de un apóstol.
Índice
1. La sustitución de Viracocha según Guamán Poma en 1615
En la sustitución de Viracocha según Guamán Poma de Ayala ya no encontramos a la misteriosa deidad de la tradición incaica. En su lugar aparece una figura completamente diferente: San Bartolomé, apóstol de Cristo, que llegó al Collasuyo mucho antes de la presencia española, recorrió sus tierras llevando la doctrina cristiana y dejó como testimonio de su paso la célebre cruz de Carabuco.
Pero esta sustitución plantea un problema que no puede pasar inadvertido.
¿Qué relación puede existir entre San Bartolomé y el antiguo dios Viracocha?
¿Estamos ante dos figuras completamente distintas o ante una transformación de la antigua tradición religiosa dentro de la interpretación cristiana de Guamán Poma?
La respuesta exige detenernos en su relato y observar qué lugar ocupa Viracocha —y qué lugar ocupa San Bartolomé— dentro de la particular visión de la historia del mundo que construye el cronista.
1.1. Viracocha sustituido por San Bartolomé en Cacha
Para comprender cómo Guamán Poma transforma la figura de Viracocha, debemos examinar los dos episodios que nos refiere.
En el primero, acompañado de uno de sus célebres dibujos, Guamán Poma nos ofrece una auténtica parábola cristiana, una narración que bien podría llamarse «el exorcismo del mito de Viracocha».
Porque lo que realiza no parece ser una simple reinterpretación, sino una verdadera sustitución. Allí donde la tradición incaica recordaba la presencia de Viracocha en Cacha, Guamán Poma introduce a un nuevo protagonista: el apóstol San Bartolomé.
Relata que, en tiempos antiquísimos, Dios obró un milagro por intermedio de su santo en el pueblo de Cacha. Los habitantes del lugar, incitados por el demonio, rechazaron al apóstol, lo expulsaron y llegaron incluso a amenazarlo con lapidarlo. Entonces ocurrió el prodigio: una lluvia de fuego descendió del cielo y devastó la región.
La transformación resulta evidente. Donde antes aparecía el fuego asociado al prodigio de Viracocha en la tradición incaica, ahora irrumpe el castigo del Dios cristiano. Donde antes caminaba el antiguo Hacedor del mundo, ahora aparece un apóstol.
Cacha, antiguo escenario de una manifestación de Viracocha, se convierte así en el escenario de una narración cristiana de pecado, castigo y conversión. El antiguo mito queda absorbido dentro de un nuevo relato religioso.
Y aquí aparece una cuestión fundamental: ¿Por qué Guamán Poma transforma la descripción de Viracocha?
Cuando escribe, han transcurrido aproximadamente ochenta años desde la conquista y la antigua religión de los incas ha sido profundamente erosionada por la evangelización. Guamán Poma contempla el pasado desde un horizonte cristiano y, desde esa perspectiva, reconstruye aquello que recuerda.
La memoria de Viracocha llega hasta él debilitada y transformada. El antiguo Hacedor ya no aparece con la identidad que encontramos en otras tradiciones, sino mediante nuevas imágenes: un apóstol ocupa su lugar, el milagro cristiano se superpone a la antigua manifestación divina y el castigo de Dios sustituye al prodigio asociado a Viracocha.
Así, la figura del antiguo dios comienza a perder su identidad original y queda incorporada a un nuevo horizonte religioso.
1.2. «Anti Viracocha»: Viracocha se convierte en un nombre
En el segundo episodio, la transformación alcanza un punto todavía más sorprendente.
San Bartolomé aparece peregrinando por las tierras del Collao. El frío de la altiplanicie lo obliga a buscar refugio en una cueva. Pero aquella no es una cueva cualquiera. Allí habita Anti, un hechicero indígena, representante de un mundo religioso que, en el relato de Guamán Poma, se encuentra en proceso de desaparición.
En el interior de la gruta, Anti dialoga con un ídolo demoniaco, último baluarte de una antigua fe. Entonces irrumpe el santo.
San Bartolomé penetra en la cueva y, en ese preciso instante, el ídolo enmudece. El oráculo deja de responder. El demonio huye.
Sobrecogido por el repentino silencio de aquello que había venerado, Anti abandona la caverna. Durante el sueño recibe una revelación: el propio demonio le confiesa la causa de su derrota: la presencia del santo puso fin a su poder.
Anti busca entonces a San Bartolomé. El apóstol le ordena regresar a la cueva y allí ocurre el desenlace: el ídolo reconoce la superioridad del santo y confiesa la pérdida de su poder.
Convencido de la derrota de sus antiguas creencias, Anti decide convertirse y solicita el bautismo.
Y aquí aparece una paradoja extraordinaria.
San Bartolomé lo bautiza y le impone el nombre de «Anti Viracocha».
¡Qué transformación tan singular!
El nombre del antiguo dios incaico aparece ahora asociado a un indígena convertido al cristianismo. El mismo Viracocha que en otras tradiciones era el Hacedor del mundo queda reducido a formar parte del nombre de un neófito hechicero.
Viracocha no desaparece completamente. Permanece, pero bajo una forma completamente diferente.
Ya no representa aquí al antiguo Hacedor del Mundo Alto y Mundo Bajo incaico. Su nombre sobrevive dentro de una narración de conversión, subordinado al nuevo orden religioso.
Y precisamente por eso «Anti Viracocha» resulta tan revelador. El nombre del antiguo dios continúa existiendo, pero su significado ha sido desplazado. Viracocha sobrevive en la memoria, aunque incorporado a una nueva realidad religiosa.
1.3. Viracocha desplazado por la cruz
Todo ello queda plasmado también en un dibujo.
La cruz de Carabuco preside la escena y establece visualmente el nuevo orden religioso. Ya no estamos ante el espacio sagrado de la antigua religión incaica, sino ante un mundo en el que la cruz, el santo y el milagro cristiano ocupan el centro.
La imagen completa lo que el relato ya había establecido.
Guamán Poma dibuja, pero no necesariamente aquello que fue. Dibuja aquello que su sensibilidad cristiana le permite recordar y representar. Por eso, frente a sus ojos, Viracocha aparece cada vez más desplazado entre santos, cruces y milagros.
La transformación no ocurre únicamente en las palabras. Ocurre también en la imagen.
La antigua religión es reinterpretada mediante el relato, el dibujo y el nuevo horizonte cristiano. La memoria de Viracocha no desaparece, pero queda sometida a una nueva forma de entender el mundo.
Y aquí encontramos nuevamente una constante de esta serie.
Cada cronista parece ofrecernos un Viracocha diferente.
Cieza encuentra al sacerdote. Sarmiento presenta al demonio. Garcilaso deja aparecer al fantasma. Pachacuti Yamqui representa el óvalo. Y Guamán Poma introduce al apóstol.
La voz de Guamán Poma no se limita a recordar a Viracocha: lo vuelve a escribir.
El dios incaico aparece transformado por la tinta virreinal. Ya no es el dios del óvalo ni únicamente el antiguo Hacedor que caminaba por el mundo. Ahora aparece rodeado de santos, cruces y milagros cristianos.
Incluso su nombre sobrevive de una manera paradójica en «Anti Viracocha», como testimonio de que la memoria del antiguo dios continúa existiendo, aunque bajo nuevos significados.
Por eso, más que una descripción de Viracocha, lo que encontramos en Guamán Poma es el testimonio de una sustitución.
El antiguo dios no desaparece de las crónicas. Cambia constantemente de rostro.
2. Reflexiones finales
Viracocha prácticamente desaparece como figura divina incaica.
En los cronistas tempranos todavía podemos seguir el rastro de una deidad llamada Viracocha. En Guamán Poma, sin embargo, la figura que ocupa su lugar ya tiene un nombre cristiano: San Bartolomé.
Guamán Poma lo identifica directamente con un apóstol cristiano. Y el indígena hechicero de Carabuco, llamado Anti, después de su conversión y bautismo pasa a llamarse Anti Viracocha.
Esto produce una inversión fascinante.
Viracocha ya no es el evangelizador. Viracocha es ahora el nombre del indígena convertido.
El nombre que anteriormente designaba a una figura creadora y sagrada pasa a formar parte de la identidad de un indígena que abandona la antigua religión y acepta la doctrina cristiana.
Pero hay algo todavía más revelador.
En la estructura del relato, San Bartolomé recorre las tierras del Collao, llega a Cacha, enfrenta fuerzas sobrenaturales, vence al demonio, realiza milagros, convierte a un indígena, deja una cruz y queda asociado a lugares sagrados del territorio.
Esto recuerda inevitablemente el itinerario de otros relatos sobre Viracocha.
Y aquí encontramos una transformación narrativa de enorme importancia: la función del Hacedor como caminante permanece, pero cambia su identidad.
Guamán Poma construye así una historia en la que los Andes ya habían recibido el conocimiento de Dios antes de la llegada de los españoles. San Bartolomé habría llegado a estas tierras antes de la conquista española.
La cruz tampoco aparece simplemente como un objeto religioso. Dentro del relato de Guamán Poma, se convierte en la prueba material de la presencia anterior del apóstol en estas tierras.
Con ello, Guamán Poma lleva a un punto culminante la cristianización narrativa de Viracocha.
Las funciones religiosas que anteriormente pertenecían al Hacedor pasan a ser desempeñadas por un apóstol cristiano. El caminante continúa caminando. El hacedor de milagros continúa obrando prodigios. El evangelizador continúa transmitiendo el conocimiento de Dios.
Lo que cambia es quién desempeña esas funciones.
Y entonces ocurre algo verdaderamente revelador: el antiguo nombre no desaparece; cambia de dueño.
Viracocha no solamente cambia de aspecto. Cambia de naturaleza.
En Guamán Poma, ya no parece necesario representar al antiguo Hacedor porque su lugar dentro del relato ha sido ocupado por San Bartolomé. El nombre Viracocha sobrevive, pero subordinado a una nueva historia cristiana de los Andes.
Después de recorrer a tantos cronistas, volvemos a encontrar la misma pregunta: ¿Qué ocurrió con Viracocha?
Cada cronista parece darle un rostro diferente. Pero en Guamán Poma sucede algo más profundo: Viracocha deja de ser el protagonista y sus funciones pasan a otro.
El dios permanece solamente en el nombre.
Nos vemos en el siguiente post, dedicado a Bernabé Cobo en 1653.
3. Referencias
Guamán Poma, P. (2011). Nueva Crónica y Buen Gobierno. (1ra ed.). Lima: Ediciones Ebisa.
Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.