Los relatos de Juan de Betanzos sobre el dios Viracocha son tempranos. Es uno de los primeros cronistas que escribió sobre el dios Hacedor incaico. El Viracocha de Betanzos aparece ante nosotros como una figura enigmática, cuya descripción combina elementos de la tradición indígena con conceptos propios de la mentalidad cristiana del siglo XVI. Su crónica, concluida en 1551 y titulada Suma y narración de los Incas, fue solicitada por el virrey Antonio de Mendoza y Pacheco.
Después de la conquista y tras la muerte de Francisco Pizarro, se casó con Cuxirimay Ocllo, nieta de Pachacútec y pariente de Atahuallpa. Su condición era la de una ñusta incaica o princesa real. Ya bautizada con el nombre de Angelina Yupanqui, decidió residir en el Cuzco junto a Betanzos.
El matrimonio le permitió perfeccionarse en el idioma quechua y gracias a ella pudo recoger mitos y leyendas incaicos y acercarse a la memoria de la nobleza incaica todavía cercana del mundo incaico y acceder a la voz de las panacas o dinastías reales.
Según Sánchez, L. A. (1973: T. 1, 258-261), quizá fue natural de Galicia, España, y llegó al Perú en compañía de Hernando Pizarro. Sus antecedentes indican que fue soldado.
Índice
1. Descripción del Viracocha de Betanzos en 1551
1.1. El nombre de Viracocha
Narra Betanzos que, en tiempos remotos, el territorio donde más tarde surgiría la cultura de Tiahuanaco permanecía sumido en la noche.
De pronto, desde una laguna situada en la provincia del Collasuyo, surgió un Señor. Y no apareció solo: salió acompañado de un número de gentes cuyo número, con el paso del tiempo, ya nadie recordaba.
Cuenta Betanzos que a aquel Señor lo conocían con el nombre de Con Tici Viracocha Pachayachachic, expresión que él traduce como «Dios Hacedor del Mundo».
Aquí aparece un primer problema.
El cronista introduce en su relato la palabra dios, un término perteneciente al lenguaje religioso cristiano y ajeno al vocabulario original quechua. Es posible que esta traducción respondiera a la necesidad de explicar una divinidad incaica mediante conceptos comprensibles para un lector europeo del siglo XVI.
Pero la cuestión se vuelve todavía más interesante cuando Betanzos pregunta por la apariencia de aquel personaje.
1.2. ¿Cómo era el Viracocha de Betanzos?
Con toda solemnidad, el cronista (1999: cap. 2) pregunta a los indígenas qué imagen tenía aquel Con Tici Viracocha. La respuesta nos deja una imagen sorprendente de la deidad:
Era un hombre alto de cuerpo.
Tenía una vestidura blanca que le llegaba hasta los pies y ceñida al cuerpo.
Tenía el cabello corto y una corona en la cabeza como de sacerdote.
Andaba con la cabeza descubierta.
En las manos cargaba un breviario que los sacerdotes llevan en las manos.
¿Un breviario?
¿Un dios incaico… con un libro litúrgico europeo?
¡Absurdo! ¡Absurdo sagrado!
¿Describe Betanzos a un dios incaico o a un sacerdote, o a un apóstol o a alguna figura familiar para la mentalidad cristiana de su tiempo?
La pregunta resulta inevitable:
¿Viracocha, creador del mundo, porta un libro que no existía en su tiempo, ni en su cosmos ni en el pensamiento incaico?
Aquí es donde la imagen del Viracocha de Betanzos adquiere especial interés.
Más que ofrecernos una descripción directa del dios incaico, el cronista parece reinterpretarlo desde la perspectiva religiosa e intelectual de su época. La figura de Viracocha aparece revestida de elementos familiares para un europeo del siglo XVI.
El Viracocha que emerge de su relato se aleja de aquella imagen del dios que, según otras tradiciones, había realizado su creación en las orillas del lago Titicaca: allí creó el Sol, la Luna y las estrellas y también las etnias andinas.
1.3. La escultura de Viracocha en Cacha
Pero, en otro pasaje, Betanzos añade un dato revelador:
«Y preguntéles cómo se llamaba aquella persona en cuyo lugar aquella piedra era puesta, y dijéronme que se llama Con Tici Viracocha Pachayachachic, que quiere decir en su lengua: Dios Hacedor del Mundo». (Betanzos, 1999, cap. 2).
Sin embargo, Betanzos no explica qué representa exactamente «aquella piedra». Tampoco señala que se trataba de la estatua de Viracocha erigida en Cacha, uno de los principales lugares rituales asociados a la tradición sobre la caminata del dios Hacedor después de abandonar el lago Titicaca.
El cronista tampoco profundiza en el sentido religioso de la imagen dentro de la espiritualidad incaica. Su interés parece concentrarse en consignar el nombre de la deidad y traducirlo como «Dios Hacedor del Mundo».
El contexto religioso y ceremonial del templo y de la estatua queda, en cambio, relegado a un segundo plano.
Como ocurre en otros pasajes de las crónicas virreinales, el testimonio de Betanzos se expresa mediante referencias y conceptos cristianos, mientras buena parte del significado original queda apenas insinuado o, simplemente, silenciado.
1.4. ¿Qué ocurrió con el relato de Betanzos?
Betanzos no parece limitarse a describir al dios incaico. Lo interpreta desde las categorías religiosas e intelectuales de su tiempo.
Al presentar a Viracocha con rasgos familiares para un europeo del siglo XVI, la deidad pierde parte de su identidad original y adquiere otra apariencia, más comprensible dentro del imaginario cristiano.
Más que mostrarnos a la deidad original, el Viracocha de Betanzos nos entrega una imagen filtrada por el pensamiento de su época.
Una imagen que conserva parte del mito, pero que también refleja la visión de la administración virreinal y de la religión católica con las que se intentaba comprender el mundo incaico.
Y, al final, el cronista se distancia de cualquier responsabilidad sobre lo que ha narrado:
«Esta es la razón que yo desto tuve, según que los indios me dijeron».
Es una frase breve, pero significativa. Betanzos nos recuerda que su relato procede de lo que le dijeron sus informantes. Pero también nos obliga a preguntarnos cuánto de aquella antigua tradición consiguió conservarse y cuánto fue transformado al pasar por la mirada del cronista.
2. Reflexiones finales
Betanzos presenta a Viracocha como un ser creador y ordenador que se manifiesta bajo una forma humana.
Su descripción física —un hombre alto, vestido de blanco, con el cabello corto, coronado y con un libro en las manos— procede de la tradición indígena que el cronista recoge, especialmente en el poblado de Cacha. Sin embargo, aparece matizada por elementos cristianos, como el «breviario», que pertenece al lenguaje interpretativo de la época y plantea serias dudas sobre su correspondencia con el significado original de la figura de Viracocha.
Pero existe una pista todavía más extraordinaria.
El propio Betanzos deja constancia de que sus informantes le habían comunicado «otras muchas cosas» sobre Viracocha. Sin embargo, decidió no escribirlas para evitar la prolijidad y las «idolatrías».
Esto significa que lo que conocemos del Viracocha de Betanzos no representa necesariamente todo lo que sus informantes le contaron.
Hay, por tanto, una pregunta que permanece abierta:
¿Qué parte del Viracocha que conocieron los antiguos incas quedó fuera de la crónica de Betanzos?
Quizá en aquello que decidió callar se encuentre una parte del misterio que todavía rodea a esta antigua divinidad.
Nos vemos en el siguiente post, donde conoceremos la descripción de Viracocha según Pedro Cieza de León.
2. Referencias
Betanzos, J. D. (1880). Suma y narración de los Incas. Madrid, España.
Betanzos, J. D. (1999). Suma y narración de los Incas. Cuzco, Perú: Fondo Editorial de la Universidad San Antonio de Abad.
Sáenz, O. (2021). El mito de Viracocha. (1ra. ed.) Lima, Perú.
Sánchez, L. A. (1973). La Literatura Peruana – Derrotero para una Historia Cultural (4ta. ed., Vol. 1). Lima, Perú: P. L. Villanueva.