El autor
¿Quién soy?
Soy un investigador independiente de la historia, la religión, las manifestaciones culturales y la lingüística histórica del antiguo Perú.
Mi interés no nació de la noche a la mañana, sino mucho antes: forma parte de mi propia historia.
Nací en la Provincia Constitucional del Callao y, desde niño conviví con nombres de lugares cuyo significado despertaba mi curiosidad. Los viajes familiares por el valle del Rímac me llevaron por Ate, Ñaña, Chaclacayo y Chosica, voces de lugares cuyo origen y significado ignoraba. Años después, mis viajes por el Perú volvieron a ponerme frente a nombres quechuas que avivaron la misma inquietud: Huamán, Amaru, Antay, Cusi, Chuquipoma, Mallqui, Willca… ¿Qué significaban realmente?
Con el tiempo comprendí que aquellas palabras no eran simples nombres.
Una palabra puede conservar una parte de la historia de quienes la pronunciaron.
Puede revelar una forma de entender el mundo, una creencia, una relación con el territorio o incluso una manera de organizar la sociedad.
Esa curiosidad terminó convirtiéndose en investigación.
Algunos de esos nombres están ligados directamente a mi familia. Chongoyape, en Lambayeque, tiene para mí un significado especial: allí nacieron mis padres. El interés por conocer el verdadero origen de este topónimo me llevó a investigarlo y llegué a la conclusión de que su forma actual habría sido deformada con el paso del tiempo. Pronto descubrí que no era un caso aislado. La transformación de los antiguos nombres se había extendido hasta ocultar, en muchos casos, incluso la lengua de la que procedían.
Así nació una inquietud que todavía me acompaña: ¿Cuántas palabras pronunciamos día a día sin conocer el significado que alguna vez tuvieron? Comprendí entonces que, detrás de esas voces olvidadas, también se estaba perdiendo parte de nuestra memoria incaica. Recuperarlas se convirtió en una obsesión, en una forma de recuperar nuestra identidad.
¿Qué investigo?
Desde entonces, mi búsqueda me llevó hacia la historia del Perú antiguo, la lengua, la religión y la cultura incaica. Me interesaron especialmente las palabras que designan un lugar, ya sea un país, un pueblo, un tambo, un río, una montaña o cualquier otro accidente geográfico. También me interesaron los nombres propios de sus reyes y personajes: identificar su origen, su significado y la historia que ocultan. Los nombres de sus deidades, objetos sagrados, instituciones, mitos y leyendas del imperio incaico cuyo significado se perdió, deformó o se interpretó de manera errada.
Porque comprender el pasado incaico no consiste solamente en leer las antiguas crónicas. También hay que investigarlas: preguntarse quién las escribió, desde dónde la escribió, qué lengua estaba detrás de sus palabras y, sobre todo, qué significaban esas voces para quienes las pronunciaron originalmente.
En esa búsqueda encontré que, detrás de un nombre aparentemente conocido, se esconde una historia que nadie nos contó. Y es precisamente allí donde comienza mi investigación: en volver sobre lo que creemos conocer para descubrir qué pudo haber quedado oculto.
Por eso mi investigación recurre a fuentes muy diversas: las crónicas de los siglos XVI y XVII, los antiguos vocabularios quechuas y aimaras, los estudios lingüísticos modernos, las investigaciones históricas y antropológicas, la toponimia, los mitos y leyendas, la religión y el pensamiento incaico, así como la iconografía y el arte.
También me interesó investigar los enigmas de la religión incaica. Resulta sorprendente que, después de tantos siglos de investigación, todavía no hayan sido resueltos. Por eso investigo los nombres de los dioses incaicos, de los lugares sagrados, de los monarcas, de sus títulos y epítetos y de las entidades sagradas que veneraron. Detrás de cada uno puede existir una información que el tiempo, las traducciones o las interpretaciones posteriores fueron ocultando.
Investigar la palabra quechua es mucho más que una expresión lingüística: es una puerta de entrada a la historia. Una puerta que permite volver sobre lo conocido, cuestionarlo y, quizá, descubrir lo que durante siglos permaneció oculto.
¿Por qué investigo?
Investigo porque una traducción aparentemente sencilla puede cambiar el sentido de un acontecimiento histórico. Porque la historia de los incas ha sido interpretada muchas veces desde un quechua asumido como única lengua de referencia, sin considerar los préstamos de otros idiomas. Y porque tengo la convicción de que nos han contado una historia deformada, borrosa e inconclusa.
Una misma palabra pudo ser transcrita de manera diferente por un cronista, adaptada a la escritura española o interpretada desde una lengua distinta de aquella en la que originalmente tuvo sentido.
El problema se vuelve aún más complejo al estudiar una sociedad cuya tradición se transmitió principalmente de forma oral.
Por eso considero indispensable confrontar fuentes de naturaleza diversa y evitar depender de una sola interpretación.
Para comprender estos problemas he tenido que ampliar constantemente mi mirada: volver una y otra vez a las crónicas, estudiar los antiguos vocabularios, acercarme a la lingüística histórica, conocer la religión incaica, interpretar sus mitos y leyendas y, aprender a observar directamente el arte, la cerámica y los lugares arqueológicos.
Con el tiempo comprendí que investigar el pasado también significa aprender a mirarlo de otra manera. No llegué a esta investigación por un solo camino. Mi formación y, sobre todo, las experiencias acumuladas a lo largo de los años terminaron encontrándose con una curiosidad que nunca dejó de crecer.
Durante muchos años me dediqué a la auditoría y consultoría de empresas y posteriormente me especialicé en finanzas y marketing. Aunque esas actividades pertenecían a un mundo muy distinto del que hoy investigo, terminaron siendo herramientas valiosas. La auditoría me enseñó a examinar la información con cuidado, contrastar datos, buscar evidencias y, sobre todo, a no aceptar una afirmación simplemente porque haya sido repetida muchas veces.
Pero mi aprendizaje no estuvo solamente en mi trabajo. También estuvo en los libros. Durante años fui formando dos bibliotecas: una física, construida poco a poco, y otra digital, donde reúno libros, investigaciones, revistas, documentos e informes relacionados principalmente con el mundo incaico.
A la lectura se sumaron los viajes. He recorrido gran parte del Perú visitando sitios arqueológicos, huacas, museos, ferias artesanales y talleres. Cada lugar me permitió observar de cerca aspectos que difícilmente pueden comprenderse del todo a través de un libro. También fui reuniendo, durante años, dibujos y registros de la iconografía prehispánica.
Pero hubo una experiencia que terminó siendo especialmente importante para mi manera de entender el pasado:
Aprendí a fabricar cerámica.
Quería comprender mejor los ceramios prehispánicos y pronto comprendí que observarlos en una vitrina no era suficiente. Si quería hablar de una pieza, necesitaba conocer también lo que había detrás de ella: la materia, las formas, las técnicas de elaboración, la cocción, la construcción de los hornos y los límites y posibilidades que ofrece cada procedimiento. Nuestros antepasados indígenas sabían más de cerámica de lo que hoy conocemos.
Investigar y aprender a hacer cerámica me obligó a mirar los objetos de otra manera. Ya no eran solamente piezas que podía observar; eran el resultado de un conocimiento, de una técnica y de decisiones tomadas por quien las había fabricado. Era la huella digital del indígena ceramista impresa en su obra. Era plasmar en cerámica el mundo natural, ritual y sagrado en que vivía.
De aquella experiencia surgieron cinco libros sobre cerámica peruana, todavía inéditos.
Viracocha: una investigación que cambió mi rumbo
En algún momento de este recorrido ocurrió algo que no esperaba. Una imagen llamó mi atención y terminó cambiando el rumbo de mi investigación.
El cronista collagua Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua dibujó en uno de los folios de su crónica un retablo en el que aparece representado Viracocha. Recuerdo que aquel dibujo despertó en mí una pregunta que ya no pude dejar de lado: ¿Quién era realmente Viracocha? ¿Por qué lo representa como un óvalo?
Quise saber cómo lo habían descrito otros cronistas, qué significaba para la religión incaica y, sobre todo, cuánto de lo que hoy creemos saber sobre él correspondía realmente a las antiguas tradiciones.
Lo que comenzó como una curiosidad terminó convirtiéndose en una investigación que me acompañaría durante años. Viracocha pasó a ocupar un lugar central en mi trabajo y se convirtió, para mí, en uno de los grandes enigmas de la religión incaica.
De esa investigación surgieron tres libros:
El mito de Viracocha
Viracocha, el sol de soles
La historia de Viracocha
Pero la historia no terminó con esos libros. La investigación continúa. Todavía quedan preguntas por responder, textos que volver a leer y, quizá, aspectos de Viracocha que aún no hemos aprendido a mirar.
¿Qué encontrarás en Palabra Quechua?
Encontrarás la respuesta a muchas de las preguntas que me han acompañado durante años y las investigaciones que surgieron de ellas.
Encontrarás mis críticas a los cronistas del Perú, el origen y significado de los nombres de lugares y de los personajes de la historia incaica. Comprenderás su religión, sus mitos y leyendas, sus deidades, el significado de sus títulos y epítetos. Hallarás las lenguas que estuvieron en contacto con el quechua y su aporte. En definitiva, comprenderás mejor la sociedad incaica a partir de sus propias palabras, sus relatos y las huellas que dejó.
No todo lo que encuentres aquí pretende ser una conclusión definitiva. Algunas de mis propuestas pueden resultar discutibles y, precisamente por eso, quiero ponerlas sobre la mesa. Prefiero que sean discutidas, contrastadas y, si es necesario, cuestionadas, antes que aceptadas simplemente porque forman parte de lo que siempre se ha dicho.
No pretendo presentar una verdad intocable.
Quizá algunas de mis respuestas sean acertadas y otras no. Pero estoy convencido de que solo al atrevernos a mirar el pasado desde otra perspectiva podemos descubrir aquello que durante mucho tiempo permaneció oculto.
¿Por qué debería interesarte este blog?
Porque muchas de las historias que hemos aprendido han llegado hasta nosotros transformadas, incompletas y difíciles de comprender. Y, sin embargo, detrás de ellas se esconde una historia que todavía desconocemos.
Porque aprenderás el significado que se oculta en el nombre de una persona, en nombre de un pueblo o un cerro o el de una huaca o en un título o en una divinidad o en una palabra que repetimos desde hace generaciones sin detenernos a preguntar qué significa.
Porque aprenderás que detrás de cada nombre, de cada deidad, de cada mito y de cada imagen puede haber una huella del pasado. Y esas huellas no pertenecen solamente a los investigadores. Nos pertenecen a todos, porque proceden de quienes habitaron este territorio antes que nosotros y dejaron en sus palabras el testimonio de su existencia.
Por eso nació Palabra Quechua.
Para volver sobre esas huellas, estudiarlas, hacer nuevas preguntas y ponerlas nuevamente al alcance de quienes quieran conocerlas.
Una última curiosidad…
Podría decirse que nací en una paqarinawasi, un lugar de origen: la Provincia Constitucional del Callao.
Soy escorpiano.
Y después de tantos años buscando el origen oculto de topónimos, mitos, leyendas, nombres y palabras; tratando de descubrir qué quisieron decir los cronistas y qué dejaron de revelar, quizá no resulte tan extraño que todavía siga haciéndome la misma pregunta:
¿Qué historia se esconde detrás de una palabra que todos creemos conocer?
Tal vez esa pregunta sea, en el fondo, la que me ha traído hasta aquí.
Si quieres descubrirlo conmigo:
Ponte a leer Palabra Quechua.